Las
manos fue un fenómeno teatral que demostró,
entre otras cosas, la frescura y la solidez de un trabajo
escénico que era la punta del iceberg alternativo.
Con este 24/7 (Veinticuatrohorasaldíasietedíasalasemana)
sus creadores dan un paso adelante en su particular lenguaje
teatral, más arriesgado y fragmentado que los anteriores.
–¿Se
han planteado este trabajo como la última oportunidad
para tratar temas que quedaron en el aire en las otras obras?
–Javier García Yagüe: Cuando nos planteamos
hacer Las manos nuestro objetivo era entender el mundo en
el que vivíamos actualmente y comprender a los jóvenes
de los que por fin vamos a hablar en 24/7. Pero para eso
era necesario hablar de sus abuelos (Las manos) y sus padres
(Imagina). Con esta obra hemos llegado a estos jóvenes
de ahora sobre los que se tiene la idea de que pasan de
todo.
–José Ramón Fernández: Este paseo
por la memoria nos ha servido para entender el presente
y a su gente, una generación de veintitantos que
a nosotros nos coge en medio.
–¿Quiénes
son esos jóvenes que han retratado en 24/7?
–J. G. Yagüe: Son una generación que vive
en un mundo muy complejo donde es difícil tomar decisiones.
Antes las cosas estaban más claras, ahora la realidad
es más compleja. Sus problemas surgen cuando tienen
resuelto aquello por lo que luchaban sus padres: por unas
condiciones de vida digna.
–J. R. Fernández: Eso nos llevaba a otro conflicto
distinto. Su problema es que los empleos que se les ofrecen
son precarios. Es gente letrada pero esos conocimientos
no son valorados. Se les menosprecia. La opinión
general cree que son inmaduros, pero se equivoca.
–¿Por
qué eligieron la juventud como metáfora en
las tres obras?
–J. G. Yagüe: Es una excusa para plantear interrogantes.
Además es un concepto cargado de significados: es
un reclamo publicitario, objeto de envidias, etc...
–J.R. Fernández: Nos sirve como referencia
del hombre porque está llena de conflictos interiores.
–¿No
tienen miedo de ser juzgados por los mismos de los que están
hablando aquí?
–J. R. Fernández: Seguramente a esta obra acudirán
aquellos que se vieron reflejados en Las manos e Imagina
para ver qué se cuenta de la gente joven. Y los jóvenes
que nos han seguido tendrán curiosidad por ver cómo
se les ha retratado. La crítica no nos asusta. Queremos
que se susciete conversación con el público.
–J. G. Yagüe: Yo me pregunto qué podemos
hacer en esta época en la que las cosas no están
para ser muy optimista. La sobredosis de información
que se tiene ahora provoca la parálisis. Además,
nos creemos que la juventud es mucho peor que la que había
antes, debido a un pensamiento conservador.
–J.R. Fernández: Antes, el que trabajaba en
el campo veía el resultado de sus esfuerzos. Ahora,
el que trabaja no sabe muy bien para qué, y eso provoca
cambios de actitud. Los jóvenes de hoy en día
ven cómo sus ilusiones se volatilizan. En este texto
hemos indagado en la sensación de que no se construye
nada. Y eso es producto de unos tiempos actuales de vértigo.
Lucha
individualizada
–J. G. Yagüe: Hay una idea de desmovilización
generalizada. Antes se luchaba contra muchas cosas, ahora
se hace sobre objetivos concretos.
–Yolanda Pallín: Existe una enorme variedad
de actitudes entre la juventud. Hay muchos que tienen esperanzas,
gente que a pesar de ser conscientes de cómo está
el mundo lo quieren cambiar.
–J. G. Yagüe: En Imagina y Las manos el enemigo
estaba claro, era el marqués o el dueño de
la fábrica. Pero ahora ya no sabes quién es
tu jefe, al que mandan también le echan, etc. ¿Cómo
vas a enfrentarte a la Bolsa? La realidad es como el monzón:
viene, azota y se va.
–¿Han
averiguado qué mueve a los jóvenes de hoy
en día?
–J. R. Fernández: No son necesidades materiales
sino afectivas. A estos protagonistas les mueve ser alguien
en un mundo en el que todo va deprisa.
–¿Es
una obra pesimista?
–J. G. Yagüe: Es realista. El optimismo de los
años 70 no tiene sentido ahora. Esa generación
llegó al poder y es la responsable de cómo
es el mundo. Me interesaba romper muchos prejuicios en torno
a la juventud. La gente no se mueve porque es muy difícil
moverse. Sí, quizás esta obra sea más
pesimista.
–¿No
tienen miedo de caer en cierta parcialidad?
–J. R. Fernández: Es inevitable. No es una
visión universal, porque hemos ido a gente concreta
con unos problemas concretos que son representativos de
la generalidad.
–Hablar
de una generación cercana, ¿facilita o dificulta
el trabajo?
–Y. Pallín: Lo dificulta porque ese tiempo
no está pasado por el tamiz literario, y te ves obligado
a crear un punto de vista. Pero no podemos caer en un Al
salir de clase.
–J. G. Yagüe: Discernir qué marca la época
que vivimos es una tarea difícil. Por eso Imagina
fue más polémica que Las manos.
–J.R. Fernández: Nos la hemos jugado al evitar
hacer una crónica.
–Con
Imagina tenían miedo de repetir fórmula. ¿Cuál
ha sido la propuesta textual y escénica de esta obra?
–J. G. Yagüe: Para bien o para mal esta obra
es muy distinta a las anteriores. 24/7 es más desconcertante,
algunos pueden pensar que está en el límite
entre lo interesante y lo ridículo. Nos hemos permitido
el lujo de hacer cosas que antes no nos atrevimos, experimentando
con el espacio escénico, la tecnología, el
tratamiento de los personajes. Las manos giraba en torno
a la narración oral, en Imagina trabajamos sobre
la música y aquí sobre la imagen. Nos hemos
arriesgado con la estructura y la escritura.
–Y. Pallín: El texto es muy expresionista.
Hemos ido más allá, trabajando con la parodia,
los sueños, y rompiendo con el realismo.
–¿El
proceso de creación colectiva ha sido el mismo que
anteriormente?
–J.R.Fernández: Sí, nos reuníamos
periódicamente y cada uno aportaba ideas.
–Y. Pallín: Hemos hecho muchas entrevistas
a jóvenes, y ese material de primera mano ha sido
muy valioso.
–Del
espacio abierto de Las manos se pasó al ámbito
cerrado de un barrio industrial en Imagina. ¿Cómo
es el espacio de 24/7?
–J. G. Yagüe: Queríamos que fuera metafórico,
por eso es un espacio circular que hace referencia a la
mezcla del ámbito privado y el público que
se da tanto en nuestros días. Predomina el blanco
como metáfora de la asepsia actual.
–J.R. Fernández: Desde la escritura nos permitimos
ciertas disgresiones poéticas debido a este nivel
cultural que creemos que tienen los jóvenes. Hoy
en día un chaval de 20 años te puede citar
a Plinio el Viejo porque lo ha leído en una web de
fútbol. También hemos evitado la jerga porque
caduca enseguida.
–¿Cómo
ha condicionado ese espacio cerrado a la dramaturgia?
–J. G. Yagüe: De forma muy directa. De hecho
sus seis protagonistas no se conocen entre ellos, a diferencia
de Las manos, donde estaban interrelacionados.
–La
acción transcurre en el 2004 ó 2005. ¿Por
qué?
–J. G. Yagüe: No queríamos hacer una crónica
del día a día porque ya tenemos la prensa
y la televisión. Nos parecía una forma más
sugerente de demostrar ciertos temas que siguen preocupándonos.
–¿Cómo
han evolucionado como creadores desde Las manos?
–J. G. Yagüe: Creo que antes éramos muy
ingenuos, de hecho Las manos rebosa una ingenuidad que echamos
de menos. En 24/7 todo tiene más dobleces, nos cuesta
expresar lo que nos pasa, la violencia se manifiesta de
otra forma, en el fútbol o en la úlcera de
estómago.
–J. R. Fernández: Había una cierta vocación
de cerrar, y eso da coherencia a esta trilogía a
pesar de que son obras independientes. El éxito de
las otras partes me ha hecho reflexionar sobre el público.
Cuando escribes tienes la responsabilidad de estar cerca
de la gente.
El final
de una etapa
–J. G. Yagüe: Después de todo este tiempo
estoy agotado, me hace falta un respiro y tomar distancia
del teatro. Necesito saber si tengo algo de qué hablar
o si es hora de parar.
–¿En
qué momento artístico se encuentran?
–J. G. Yagüe: Para mí se cierra un ciclo.
–J.R. Fernández: Para mí también.
A no ser que Javier me llame y me diga que necesita una
página más yo ahora mismo cierro mi etapa
como autor.
–Y. Pallín: Yo estoy llena de energía,
quizá debido a que he tenido una niña. Por
este motivo voy a parar un poco. Además alumbrar
las tres obras ha sido un procesos creativo muy intenso.
–¿Qué
tiene que cambiar en el panorama teatral para que obras
como Las manos o Imagina no se extingan en el circuito alternativo?
–J. G. Yagüe: Yo nunca he tenido aspiraciones
de estar en un teatro nacional, y ahora mucho menos, porque
me apetece realizar un trabajo de laboratorio, de búsqueda.
–J.R. Fernández: Creo que no es tan importante
el sitio sino que ese hecho artístico sea posible.
Hoy por hoy estos proyectos sólo son posibles desde
el ámbito alternativo, y van a tener que cambiar
mucho las cosas para que sea de otra forma.
Fuente
El Cultural
Octubre 2002