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Harold
Pinter: “Sobrevivir es mi principal objetivo”
El gran dramaturgo británico, enfermo de cáncer,
habla de la guerra y saca a la luz su poema Células
cancerígenas
Ramona
KOVAL
Harold
Pinter (Londres, 1931), el autor más destacado
de la generación de los Jóvenes Airados
y uno de los dramaturgos más brillantes del siglo
XX, rompe su silencio por primera vez después
de sufrir una operación en la que le ha sido
extirpado un tumor. En esta primera entrevista Pinter
habla de la guerra y de cómo la cercanía
de la muerte ha cambiado su concepción del mundo,
aunque se mantiene tan combativo como siempre: “un
ataque a Irak sería un asesinato premeditado”,
dice. Además saca a la luz uno de sus últimos
poemas, escrito a raíz de su experiencia con
el cáncer.
–Su poema, Células Cancerígenas,
se publicó en The Guardian. Fue en realidad una
llamada a las armas contra su tumor, ¿verdad?
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– Sí, lo escribí cuando me estaba sometiendo
a la quimioterapia, y en quimioterapia tú te sientas
y una enfermera te pone una cosa en el brazo –la quimio–,
una enfermera en particular me dijo: “Las células
cancerígenas son las que han olvidado cómo morir”.
Me impresionó tanto lo que dijo que cuando salí
escribí el poema. No sabía si iba a morir o
no, y ese poema, pienso, representa precisamente lo que sentía
en ese momento. No tenía idea de lo que iba a suceder
y, de hecho, ha pasado todo un año desde entonces,
pero tengo que decir que, como dice uno de los versos, “tengo
que ver muerto mi tumor, un tumor que olvida morir pero tiene
intención de matarme a cambio”. De hecho, me
alegra decir que he visto morir a mi tumor. Así que,
en referencia a esa experiencia, quiero quitarme el sombrero
ante el cirujano que lo hizo, un hombre extraordinario como
son, por supuesto, estos cirujanos.
Uno
necesita dos cosas para sobrevivir cuando tiene una enfermedad
como ésta. La primera es un cirujano brillante, y
la otra es una mujer brillante, y yo tuve la suerte de tener
las dos. Así que para mí todo se ha convertido
en una especie de mal sueño. Ha sido como estar en
un bosque bastante impenetrable, en el que literalmente
los árboles impiden ver el bosque. En otras palabras,
la mitad del tiempo no tenía ni idea de lo que pasaba,
durante la operación y al salir de ella. Antes nunca
había estado enfermo así que fue bastante
extraordinario, a los 71 años, encontrarme de repente
en el hospital enfrentado a un cáncer muy grave y
a una operación importante. Fue algo que ni me había
planteado.
En
un océano sin saber nadar
–Usted ha sido un luchador toda su vida, pero esta
amenaza era interna en lugar de externa.
–Era ambas cosas. Externa en el sentido de que el
cirujano tuvo que abrirme el cuerpo. No me di cuenta de
lo que iba a hacer hasta después, cuando vi las cicatrices,
ya sabe. No sabía su extensión. Y creo que
mi estómago está en otro lugar en este momento.
Pero era también interna, tiene usted razón,
en el sentido de que me encontraba en un mundo muy oscuro
que era imposible de interpretar. No conseguía entenderlo.
Así que durante dos o tres semanas estuve en otro
lugar, estuve completamente en otro sitio, no muy agradable,
debo decir. Es como si te lanzaran a un océano en
el que no puedes nadar. No tienes ni idea de cómo
salir y simplemente flotas de un lado a otro, te inclinas
de un lado a otro mientras unas olas tremendas te golpean.
Es todo muy oscuro. El caso es que aquí estoy.
–Cuando
uno pasa por la experiencia que usted ha vivido piensa a
menudo en el tiempo, en la urgencia y en las prioridades.
Incluso con su afamada energía, ¿existe algún
trabajo que prefiera hacer más que otro, la política
o escribir, o…?
–Ahora mismo el principal objetivo de mi vida es simplemente
sobrevivir, seguir aquí. Ésa ha sido mi principal
preocupación. Y eso se reduce a hechos sencillos,
me refiero a cómo usas tu energía, conforme
va aumentando la energía, cómo dispones de
ella, y también la dieta y esas cosas. Mi mujer presta
mucha atención a eso. Así que ésa es,
en realidad, mi principal preocupación. He escrito
un poema, por cierto. Las palabras en la página...,
todavía me encanta hacer eso como lo he hecho durante
60 años. Esa excitación se mantuvo cuando
miré la página. De repente, empecé
a escribir una obra muy corta, pero una obra corta significa
tanto para mí como una larga. Así que no sé…
Espero que el próximo año sea más pleno
y mejor, porque me sienta más fuerte.
–¿Cree
que está usted cambiando debido a esta experiencia?
¿El Harold Pinter esencial ha cambiado?
–Soy más consciente de la muerte. También,
durante muchos, muchos años he estado muy metido
en política, y con bastante pasión. Ahora
me dedico a ella con la misma pasión, pero he salido
de esta experiencia con una actitud más imparcial.
Veo el mundo de manera más objetiva, en lugar de…
bueno, formo parte de él, pero también estoy
fuera y puedo ser testigo de varias cosas que siguen siendo
tan importantes como siempre, pero soy un testigo en lugar
de estar directamente en la vorágine.
Pasión
por el lenguaje
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–Ha
hablado antes del placer que le produjo escribir ese
último poema. El lenguaje ha sido una pasión
suya de toda la vida, y sé que el abuso del lenguaje
y su significado es algo que le ha indignado a lo largo
de los años; expresiones como “intervención
humanitaria” y “mundo civilizado”
y “eje del mal” que se utilizaron el año
pasado, y la que acabamos de empezar a oír recientemente,
“cambio de régimen”. –Mi
favorita es la de “pueblos amantes de la libertad”.
Cuando oigo a Bush decir que “en nombre de todos
los pueblos amantes de la libertad vamos a seguir la
lucha contra el terrorismo” |
y demás, me pregunto cómo son “los pueblos
que odian la libertad”. Nunca he conocido a nadie
así, y ni siquiera me lo puedo imaginar.
En otras palabras, está diciendo estupideces. Ese
es el tipo de retórica al que usted se refiere, que
es realmente un lugar común en lo que llamamos el
mundo occidental. Pienso eso cuando miro a un hombre como
nuestro primer ministro –que, según creo, es
un cristiano muy sincero y serio– que, según
tenemos entendido en este momento, está planteándose
el volver a bombardear Irak, lo cual sería un acto
de asesinato premeditado porque si bombardean Irak, no se
van a limitar a matar a Sadam Hussein. De hecho, eso no
lo van a hacer en ningún caso; Sadam tiene sus recursos.
Lo que harán, como siempre, es matar a miles de personas
completamente inocentes. Algo que se me escapa por completo
es cómo Tony Blair puede resolver eso moralmente.
Desearía que decidiese si es cristiano o no. Si dices,
“voy a bombardear a estos malditos y me importa un
bledo”, pues los bombardeas, pero esa no es una actitud
cristiana en mi opinión. Si uno adopta una postura
cristiana, no puede decir eso. Así que pienso que
respecto a lo que estamos hablando hay una hipocresía
extraordinaria y una distorsión del lenguaje en general,
lo cual es, en sí mismo, extremadamente destructivo,
porque el lenguaje nos dirige a todos, ¿no es cierto?
Políticamente nos dirige en todo tipo de campos.
Pero lo que encuentro realmente peligroso y desagradable
es el tipo de lenguaje que escuchamos recientemente: “intervención
humanitaria”, y no olvidemos “libertad”
y “democracia” y todo lo demás. En realidad
es justificar un acto simplemente autoritario para controlar
y mantener el poder. Y la cuestión de destruir seres
humanos mientras eso sucede parece ser irrelevante. Hay
una pequeña anécdota que tengo que contarle.
Durante el bombardeo de Serbia, hace dos años, había
un mercado en una aldea llamada Nis. Yo he sido testigo
presencial de este hecho. Una mujer estaba sentada con su
hijo de cinco años en un banco del mercado, comiéndose
un bocadillo. Y de la nada, empezaron a caer bombas, bombas
estadounidenses. El mercado se convirtió en un caos.
Unas 40 ó 50 personas murieron. Esta mujer buscó
a su hija que había salido disparada de sus brazos.
Encontró la cabeza de la niña en la alcantarilla.
Criminales
de guerra
”Pero el primer ministro Blair y el expresidente Clinton
nunca reconocerían la cabeza de esa niña.
De hecho, la muerte y el que se le hubiese arrancado la
cabeza a la niña sería totalmente irrelevante
para esa gente. Sostengo, y realmente lo creo, que Clinton
y Blair deberían ser procesados por crímenes
de guerra. Porque no sólo lo hicieron ilegal, ilegítimamente
–en mi opinión, inmoralmente– sino que
lo justificaron como “intervención humanitaria”.
Y ya hemos tenido bastante de esas sandeces.
–He
leído que una vez que fue evacuado de niño…
hablaba usted de las bombas y de que se había llevado
su bate de críquet. Y esto me lleva a su amor por
el críquet y su devoción por el juego. ¿Cómo
encajan el críquet, el teatro y la política?
–Mire, la vida de uno tiene muchos compartimentos
y me parece que el críquet es un acto de guerra maravillosamente
civilizado. También lo encuentro estéticamente
muy agradable. Me encanta el campo inglés, y el críquet
se juega normalmente en un campo de hierba, con una especie
de cielo azul y árboles. Lo encuentro extremadamente
satisfactorio. Me fascinan los detalles del juego. Antes
jugaba mucho. De hecho, fui capitán de mi club unos
cinco años. Casi me mata.
–¿No
es el críquet un juego con muchísimas reglas?
–Sí, definitivamente sí.
–Me
confunde que una especie de quebrantador de normas o alguien
que toda su vida ha luchado contra el sistema juegue al
críquet.
–Nunca me habían preguntado eso antes. Me gustan
las reglas que redundan en beneficio de la humanidad. Pienso
que hay normas buenas y otras que son fatales, y pienso
que las reglas del críquet son totalmente respetables.
–Ha
aceptado recientemente el título de Compañero
de Honor, pero rechazó la oferta de Major de convertirlo
en sir. ¿Por qué ha aceptado lo uno y no lo
otro?
–Me parecieron dos cosas completamente distintas.
La oferta del título de sir me pareció algo
imposible de aceptar. No porque viniese de un gobierno conservador,
como fue en su momento, sino de cualquier gobierno, el título
de sir me parece sórdido. Me habría parecido
bastante ridículo que me llamasen “sir”,
pero lo principal era que me parecía que un galardón
así era un galardón del gobierno. Mientras
que el título de Compañero de Honor me parece
fuera de tales consideraciones. Lo interpreté como
un premio del país, por así decirlo. Al fin
y al cabo, por muy crítico que haya podido ser respecto
a este país y a lo que pasa aquí, y a Tony
Blair, etcétera, y a nuestra relación con
Estados Unidos, etc, sin embargo: a) me gusta el críquet;
y b) vivo en este país. Llevo viviendo y trabajando
aquí casi sesenta años, así que tengo
una relación muy estrecha. Debo decir también
que recibí la carta del nombramiento dos días
después de salir del hospital, y me sentía
bastante mal, así que me animó.
Células cancerígenas
“Las células cancerígenas son aquellas
que han olvidado cómo morir”, enfermera del
hospital Royal Marsden
Han
olvidado cómo morir
y de ese modo prolongan su vida asesina.
Mi
tumor y yo luchamos con todas nuestra fuerzas.
Una doble muerte está, espero, descartada.
Necesito
ver la muerte de mi tumor
Un tumor que ha olvidado la forma de morir
y planea sustituir su muerte por la mía.
Pero
yo sí recuerdo cómo se muere
Aunque todos mis testigos estén muertos.
Y recuerdo que hablaban
De tumores que les volvían
Tan ciegos y tan mudos como habían estado
Antes de que apareciese la enfermedad
Que trajo al tumor.
Es
posible que las células negras se sequen y mueran
o tal vez canten alegremente y se salgan con la suya.
Se reproducen tan silenciosamente, día y noche,
que no reparas en ellas, nunca te avisan.
©
Harold Pinter, marzo de 2002
Tomado
de elcultural.es
Octubre 2002
website: Harold Pinter
Teatro en Miami
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