–En los tiempos de hoy ¿no hay forma de escenificar
un texto si no se lo produce uno mismo?
–Ernesto Caballero: No queda más remedio. El
sector público carece de espacios de producción
y exhibición para el teatro español contemporáneo;
y el teatro comercial ha apostado por los éxitos
de hace treinta años, o por ocupar los espacios teatrales
con cuentachistes y varietés por el estilo. En cualquier
caso, mi compañía no se ha creado tanto para
montar mis propias obras como para apostar colectivamente
por un proyecto teatral de mayor alcance.
–Jesús Campos: Es cierto que muchos de los
autores que estrenamos con regularidad lo hacemos porque
nos implicamos en la producción; ¿la causa?
Producir conlleva riesgos, y los productores, en el intento
de aminorarlos, prefieren apostar por textos que ya han
sido probados en otro tiempo o en otros lugares. Y como
se subvenciona igual, cuando no más, el teatro de
repertorio que la nueva creación, en lógica
económica, el empresario apuesta por la importación
o la reposición del éxito.
–¿Puede
enumerar los pasos que ha dado para llevar a escena esta
obra y los principales obstáculos que ha encontrado?
–J.C: Hacer teatro es una actividad de alto riesgo.
Te puede pasar de todo. Y esto es común a todo tipo
de teatro, si bien la creación de nueva planta suele
tener dificultades añadidas. En el caso que nos ocupa,
el estreno de Patético jinete del rock and roll,
ha sido un problema de reparto lo que ha impedido presentarlo
en Alicante.
–E.C: Primero es la financiación. Para ello
uno confía en la distribución. Los distribuidores
no garantizan funciones si antes no ven el espectáculo.
Este no puede ser exhibido si no existen unas garantías
de distribución. Es la pescadilla que se muerde la
cola. El distribuidor te sugiere que tal vez no necesita
ver el resultado final si en el reparto figura algún
famoso de la tele. Sin embargo los famosos de la tele ganan
muchos más dinero y, ay, prestigio social, no quieren
hacer teatro. Finalmente, uno solicita créditos y
subvenciones y a duras penas consigue estrenar en algún
inopinado lugar. Si los programadores asisten a esa representación
y les gusta, deciden programarla para seis meses después.
Para entonces la compañía ya está disuelta.
Inexplicable
entusiasmo
–Si tantas son las dificultades, ¿qué
le anima a seguir en ésto? ¿De qué
vive un dramaturgo español?
–J. C: Supongo que lo hago porque me gusta jugar.
¿De qué se vive? Se vive de ser productor,
director, escenógrafo; no de ser autor.
–E.C: Vivo de mis clases en la RESAD. Los alumnos
me insuflan el estímulo para perseverar. De todos
modos, soy el primer sorprendido por no haber perdido el
entusiasmo al cabo del tiempo.
–¿Hay
alguna forma de recuperar al autor para nuestro teatro?
–E.C: Soy bastante pesismista: la figura del dramaturgo
está asociada a la idea de público; ésta,
a su vez, a la de sociedad civil. Este esquema se está
desmoronado. Ahora no existe tanto un público como
un conjunto de consumidores de ocio y cultura. En este panorama
el dramaturgo no pinta nada. Apelaría al sentido
común. El provincianismo que ha generado el Estado
de las Autonomías en materia cultural es un auténtico
disparate. Sería necesario un gran pacto, pero no
se va a producir.
–J.C: Hace años se nos negaba la existencia.
Hoy ya se nos reconoce; incluso se repite hasta la saciedad
que es necesario ayudar a la autoría española.
El próximo paso será cuando los que lo dicen,
además lo hagan. Es inaplazable una decisión
política por parte de los poderes públicos,
como poco, equivalente a la política que durante
más de cincuenta años impidió representar
nuestra dramaturgia.
Escribir
a partir de la práctica
– ¿Influye a la hora de escribir ser también
director? ¿Qué teatro le gusta?
–J.C: Siempre vi ambos oficios como la subdivisión
de uno solo: hacer teatro. Yo, para expresarme necesito
palabras, imágenes, tiempos... el universo escénico.
Es lo que me gusta y es lo que persigo: un teatro que conmueva.
–E.C: Concibo el hecho teatral de manera global. Me
resulta muy difícil esa disociación. Literalmente,
mi mesa de escritorio es el escenario. No sé escribir
si no es a partir de la práctica. Necesito a los
actores para escribir por, para y desde ellos. Es un procedimiento
que también emplea mi admirado Boadella con Joglars.
Hay otros que hacen muy buen teatro en España: algunos
actores como Flotats que logran trascender la interpretación
“naturalosa”; excelentes directores como Pasqual,
Mario Gas o Miguel Narros (lamentablemente insensibles al
autor español); muchos dramaturgos desde Nieva a
Belbell; y también públicos receptivos como
los de Murcia o el País Vasco.
–¿Qué
ha inspirado esta obra?
–E.C: La especulación del suelo es el telón
de fondo de una trama policíaca. De ahí las
alusiones a Crónicas de un pueblo, aquella serie
del tardo franquismo. He querido, treinta años más
tarde, hacer la crónica de un pueblo. Y con ello
hablar de alguna que otra cosa que nos afecta directamente,suponiendo
que todavía sigan afectándonos.
–J.C: Patético jinete del rock and roll surge
de imaginar la convivencia de un padre y un hijo cuando
la edad los ha igualado en la vejez. Puestos a ello, la
obra se decanta por las adicciones.
Fuente:
El Cultural
Noviembre 2002