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Josep
Maria Flotats
“Hago adrede una obra que será minoritaria”
por
PERALES, Liz
| París
1940 se augura como la obra de la temporada, aunque
Josep Maria Flotats diga que es un espectáculo
de corta vida. A un mes de su estreno, el artista ensaya
estos días en el teatro Bellas Artes de Madrid
el montaje con el que pretende “hacer pedagogía
teatral con el público”, desvelarnos cómo
es su oficio por dentro y contrarrestar esas ideas televisivas
sobre el éxito fácil e inmediato. Para
ello Flotats da vida al artista Louis Jouvet, pero no
se limita a subirse al escenario, además dirige,
produce y firma la escenografía y la versión
de la obra. |
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Colarse
en un ensayo y presenciar la íntima ceremonia que
actores y director mantienen es uno de los privilegios más
grandes que puede deparar el teatro. Ver qué miedos
y dudas atemorizan a los intérpretes, qué
consejos da el director, qué método interpretativo
les guía... Pero no es fácil, muchos directores
preservan su territorio y Josep Maria Flotats es uno de
ellos. Así que hasta que dé por terminado
el ensayo de hoy no hay nada como matar el tiempo de espera
echando un vistazo a las excelentes fotografías de
Gyenes que cuelgan de las paredes del vestíbulo del
teatro Bellas Artes de Madrid. Son imágenes de las
obras que desde mediados de los 50 se han representado aquí,
en su mayoría dirigidas por José Tamayo: Madre
Coraje, Calígula, varios títulos de Casona,
El Tragaluz de Buero y cómo olvidar Luces de bohemia
con Rodero.
Este
ambiente es muy propicio para lo que prepara Flotats. La
obra se titula París 1940 y va a satisfacer ese deseo
frustrado de ver cómo el gran artista “cocina”
una obra. En ella, Flotats es el actor y director francés
Louis Jouvet dispuesto a impartir una clase a su alumna
Claudia (Mercè Pons) en torno al personaje de Doña
Inés, del Don Juan de Molière. Así
que según explica el propio director, “la obra
permitirá ver el interior de un actor, cómo
va construyendo un personaje y, en definitiva, la dificultad
del oficio. Y al mismo tiempo es una serie de lecciones
magistrales sobre el humanismo de Louis Jouvet, su concepción
del teatro y el compromiso del artista con la sociedad y
con el teatro de calidad”.
La
pieza fue escrita por Brigitte Jaques y está basada
en Molière y la comedie classique (Ed. Gallimard),
reflexiones de Jouvet que su secretaria transcribió
tras asistir a las últimas clases que el actor impartió
antes de morir, en 1951. Interpretada primero por la propia
Jaques, en 1987 Flotats la estrenó en Barcelona en
catalán con el título Tots assajant Don Juan
(Ensayando Don Juan) y ahora la retoma con una nueva dramaturgia.
Un texto que atrajo también a Giorgio Strehler, quién
lo representó en una de sus pocas actuaciones.
En
el París ocupado
Todo ocurre en el París ocupado de la Segunda Guerra
Mundial, mientras Jouvet da sus últimas lecciones
en el Conservatorio antes de exiliarse voluntariamente en
Suramérica, donde hizo una gira de cuatro años
con su compañía y donde su huella todavía
persiste. Todo esto Flotats lo cuenta de forma apasionada,
casi con precipitación: “Jouvet es un hombre
que hizo la Primera Guerra Mundial, estuvo en las trincheras
con 19 años, así que la segunda guerra le
coge mayor, con 53 años. Un hombre contemporáneo
de Dullin, de Copeau, apasionado de los clásicos,
director, actor, escenógrafo, ensayista y pedagogo.
Una gran estrella de cine pero con compañía
de teatro, que defendía un teatro sustentado en el
texto, que cambió el estilo interpretativo y cuya
influencia en Francia fue decisiva durante medio siglo”.
–¿Por
qué a Jouvet le obsesionaba tanto Don Juan, de Molière?
–Decía que era dificilísima, estuvo
algo así como 30 años incubándola,
desde la guerra del 14, cuando la leía en las trincheras.
Eso me recuerda también a Strehler, que idolatraba
a Jouvet y al que llamaba le patron. Una vez le dije ‘¿cómo
es posible que no hayas montado todavía Hamlet?’
y me dijo: ‘estoy dándole vueltas’. Pues
a Jouvet le sucedió algo parecido con Don Juan.
–¿Y usted, a qué le da vueltas?
–Bueno, yo ya abandoné a Hamlet y cuando lo
monte será como director, no como actor.
Paralelismos
entre artistas
–Como Jouvet, usted también emigró de
su país; y también comparte oficios: es director,
actor, escenógrafo; y ambos defienden un teatro de
autor.
–Siento que tengo una afinidad. Mis primeros maestros
en la Escuela Nacional de Arte Dramático de Estrasburgo
me hablaban mucho de él, aparte del método
Stanislavski. Y los primeros libros que leí fueron
Le comédian desincarné (El actor desencarnado)
y Ecoute mon amie (Escucha, amigo mío), que siguen
siendo mis libros de cabecera cuando tengo interrogantes
o problemas angustiosos sobre el oficio. Jouvet siempre
responde a esas preguntas con cosas extraordinarias.
–Jouvet
sostenía que para él dirigir era vivir con
terror, deleitarse con angustia. ¿Le ocurre lo mismo?
–Participo de eso. La gente me dice que hay que hacer
las cosas con alegría, con pasión, bueno...
La pasión devora, así que al mismo tiempo
es fabuloso y aterrador. Jouvet lo dice: un oficio es una
opción de vida y en ella nos realizamos. Y continuamente
dice que un personaje construido con comodidad es falso.
La construcción de un personaje siempre exige un
esfuerzo, es incluso algo doloroso, y sin ese esfuerzo no
hay comunicación con el público. La ligereza,
el confort, es contrario a la creación artística.
–Usted
explicaba el éxito de Arte porque era una obra para
muchos públicos. Pero a Jouvet no lo conoce casi
nadie en nuestro país.
–Lo que es apasionante en estas clases de teatro es
que podríamos pensar que son para entendidos de teatro
o para un público muy elitista, pero lo que se cuenta
puede interesar perfectamente a un pintor, a un profesor
o a un mecánico, a cualquier persona que intenta
hacer bien su oficio. Jouvet tenía un sentido muy
artesano del teatro, valoraba el esfuerzo y el aprendizaje
por encima de la genialidad y el talento.
Mostrar
el abc del teatro
–¿Entonces no le preocupa que no arrastre a
tanto público como Arte?
–En Arte tuvimos una suerte fantástica y, creo
que es gracias a Yasmina Reza. Arte tiene esa cualidad de
reunir diversión con provocación y debate.
Es una comedia de ideas, un género bastante desaparecido
hoy. Eso generó un público muy amplio y creo
que cuando hemos tenido esa suerte no hay que ir a buscar
algo semejante para mantener un mercado, es una idea que
está lejos de mí. Hago adrede un espectáculo
que estoy casi seguro que será minoritario, pero
no porque el espectáculo lo sea, ya digo que puede
interesar a mucha gente, sino porque no es una comedia para
reírse. Confío en que gente que fue a ver
Arte vaya a vernos, y verá otra cara del teatro:
el abc del teatro. Desde ese punto de vista, me interesa
hacer pedagogía teatral con el público. Mostrar
que el teatro no es tan fácil como parece y propongo
abrirles la puerta para que asistan a un trabajo al que
nunca tienen la posibilidad de ir.
–Creo
que tenía tres proyectos pensados para su vuelta
y, finalmente, se inclinó por éste. ¿Qué
le induce a escoger una obra?
–Hay que luchar contra la tentación de la facilidad,
no me apetece hacer algo que quizá consiga una mayor
difusión de mi persona pero ¿al servicio de
qué? ¿para que haya una cuenta corriente con
algún cero más? Además, yo nunca he
pensado espectáculos en clave comercial, otra cosa
es que luego haya llenado. Esta obra también la hago
por otra razón: recupero momentos de memoria y de
honor de nuestro oficio. Y creo que ahora, teatralmente,
vivimos una época triste en nuestro país.
El nivel ha bajado, tenemos grandes actores y directores
pero coges la cartelera y no resplandece. Hablo de teatro
de texto, que lo encuentro amuermado. Dicen que no hay público
para este teatro, no lo creo porque si hay una obra bien
escrita, bien dirigida y bien interpretada, habrá
público. Así que otra razón por la
que hago esta obra es para homenajear a mi oficio, el oficio
de actor. Mostrar al público que la televisión
está divulgando una imagen de éxito inmediato,
de que el triunfo es fácil, que no coincide con lo
que es el teatro. En el teatro nunca se da un éxito
inmediato, no creemos en la facilidad.
–
Volviendo a la cartelera ¿por qué no se montan
textos de ahora? ¿No los hay?
– Sí que los hay, yo no los tengo en la mano,
pero los hay. Creo que es una cuestión de encuentros.
Jouvet conoce a Giradoux tras coincidir antes con Baty,
Dullin y Pitoëf en el Cartel des Quatre... En un director
tiene que haber un enamoramiento del texto. Me he encontrado
con textos que considero interesantes pero que pienso que
no son para mí, no me siento implicado en ellos.
Eso no indica que el texto sea malo.
Dos
directores y un actor
–Otra vez director, actor, productor, adaptador y
escenógrafo. ¿cómo puede integrar tantas
labores?
–Sí, aquí hago de director que, a su
vez, hace de director dirigiendo a una actriz. Es decir,
de Flotats haciendo de Jouvet, que dirige a Claudia. Y ocurre
que Mercè esta mañana me ha preguntado en
el ensayo: ‘¿pero eso que me dices está
en el texto o me lo dices tú. Es de Jouvet o de Flotats?’.
Y me he dicho, ‘ahora vamos por el buen camino’.
Cuando Strehler hizo esta pieza, no hacía de Jouvet,
sino de sí mismo. Pero a mí no me interesa
hacerlo así, me sentiría ... pedante. Y no
lo digo por Strehler, a quien considero un maestro de maestros.
–Pero,
¿cómo se autodirige? ¿se graba en video?
–No, esta vez no. A veces lo hago para examinar la
puesta en escena. Pero en este caso y una vez que tengo
decidida lo que llamo la coreografía, hacemos la
obra a la italiana (de corrido). Luego, actúo para
los actores, después ellos para mí, más
tarde hago sólo de Jouvet... en fin. Pero bueno,
yo he sido educado en esta escuela. Cuando trabajé
en la escuela de Estrasburgo, su director también
lo era de teatro y los primeros ejercicios que hicimos fueron
con él de actor. Luego, en París, trabajé
con George Wilson, con el que hice Rey Lear, en el que interpretaba
a Edgar y él dirigía y hacía de Lear,
además de dirigir la compañía. Más
tarde, en el Théâtre de la Ville repetí
esta experiencia. Es la tradición de les chefs de
troupe. Así era Molière, Shakespeare, y en
este siglo Barrault, Wilson, con los que he trabajado.
–Uno
de las labores que no comparte de Jouvet es la docencia
–Sí, me lo han propuesto pero compaginarla
con la interpretación es muy duro y yo he tenido
la suerte de actuar todos los días durante 40 años
y en papeles protagonistas.
El
Cultural
Noviembre 2002
Teatro en Miami
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