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Gustavo
Tambascio
“Los nuevos actores van a quitarle la caspa al teatro”
por Liz PERALES
Gustavo
Tambascio estrena el 24 de julio en Almagro El burgués
gentilhombre, “uno de los precedentes históricos
más antiguos del musical” en el que Molière
satiriza sobre la burguesía incipiente que
aspira a los privilegios de la nobleza. Para el director,
el protagonista sería comparable en nuestros
días al nuevo rico que quiere ir de “fisno”.
Tambascio (Buenos Aires, 1948) llegó a España
hace catorce años tras un periplo internacional
que le llevó por Venezuela, Canadá y
Estados Unidos huyendo, como muchos de sus compatriotas,
de la Dictadura Militar. En nuestro país es
conocido como un director que domina sobre todo la
ópera y el teatro musical.
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–¿Cómo
cree que Molière retrataría hoy a los burgueses
que aspiran a ser “gentiles”?
– El concepto de burguesía ha cambiado radicalmente,
hoy las categorías sociológicas clásicas
carecen de validez. En tal caso, hablaríamos de un
nuevo rico que quiere hacerse el “fisno”, un
mal muy extendido en nuestra sociedad moderna y particularmente
en la española, donde desde hace 25 años se
intenta esconder la boina o la muleta de torero, detrás
de Versace, Armani, el diseño catalán. Yo
he colocado a Jourdain (el burgués) en una perspectiva
totalmente historicista. Él aspira a una indefinible
belleza que en la época tiene un signo indeleble
de clase. Creo que Jourdain es mucho más genuino
que cualquier empresario hortera que desea fotografiarse
con los Reyes.
El
lugar secundario del teatro
– ¿En qué debe ser versado hoy un rico
que pretenda situarse socialmente?
–Tiene que hablar inglés. Tener un abono del
Real: no hay nada más fino para un hortera que la
ópera, especialmente si no entiende. Un palco en
el Bernabeu tampoco está mal. El teatro ocupa un
rango secundario, salvo para la muy culta y honrosa burguesía
catalana. Está en crisis su prestigio, los nuevos
ricos ya no quieren las diversiones de la “derechona”.
El valor más en alza –“mea culpa”,
en parte (dirigió El Hombre de la Mancha)–
es el musical, pero atañe más a la pequeña
burguesía de provincias que viene a Madrid a ver
a la San Basilio. Un rico jamás pisaría el
Festival de Sitges o el de Aviñón.
–Repite
con Trinidad Iglesias, con Paco Maestre... ¿se puede
decir que tiene una compañía privada más
o menos estable?
–Maestre, Trinidad, Merino, Dueñas y otros
que aquí no pueden estar son para mí actores
fetiches. Ojalá tuviera una compañía
estable. Esta es una producción privada de un clásico
que supone un esfuerzo gigantesco. Hay 20 personas incluídos
músicos, cantantes y bailarines. Impensable para
ciertos productores.
–¿Ha
mejorado la formación de nuestros actores del género
musical?
–El vuelco es radical. He hecho hace poco La Traviata
de la Escuela Superior de Canto y son actores excelentes,
carentes de prejuicios, dispuestos a todo. Lo mismo pasa
en la zarzuela, donde la nueva generación está
decidida a arrancarle la caspa que ha cubierto ese maravilloso
género durante tantos años. ¡Qué
diferencia con la vieja escuela, la del teatro de tresillo,
de los actores de texto aprendido como loros!
Coreografías
barrocas
–Esta comedia–ballet tiene música del
compositor favorito de Luis XIV, Luly.¿Cómo
mezclan la solemnidad de Luly con la sátira de Molière?
–El burgués gentilhombre es un precedente histórico,
uno de los más antiguos, del teatro musical. Me permite
probar ciertas duplicidades: los actores cantan y bailan,
los músicos actúan. Pero, sobre todo, la dimensión
del barroco, que se olvida en Molière: el teatro
en el teatro, el juego de espejos, el burgués frente
a la corte y las apariencias del barroco. He pedido el concurso
de los mayores especialistas españoles para que las
coreografías sean exactamente las de Beauchamp o
Pecour, contemporáneos de Molière. Y la responsable
músical, Alicia Lázaro, es en sí misma
el barroco.
–Al
comienzo de la obra dos personajes distinguen entre actuar
ante un público inteligente o “darse a conocer
a necios”, ¿tanto se nota el aplauso de unos
y otros?
–Creo que el elitismo en cuanto al público
es nefasto. Yo siempre trato de llegar a las mayorías,
sin renunciar a ciertos principios.
Fuente:
El Cultural
Noviembre 2002
Teatro en Miami
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