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Carles
Alfaro
“Quiero que el público aprenda lo que
es pinteriano”
Liz PERALES
Carles
Alfaro es un devoto de Harold Pinter. Por eso, para
celebrar los 20 años de la compañía
Moma, no le ha importado programar casi toda la temporada
del Espai Moma de Valencia con obras del autor inglés.
Entre ellas, cuatro que él mismo ha dirigido
y que estrena el 11 de diciembre en Salamanca, en el
teatro Bretón.
Carles Alfaro es de los que piensa que el teatro pasa
por uno de sus peores momentos. Algunos habrá
que digan que se trata de la vieja cantinela de la crisis
teatral, pero esta opinión se escucha hoy con
insistencia en ciertos ambientes faranduleros que viven
con inquietud los modos de producción que se
siguen, las escasas oportunidades de que algo nuevo
brote ...: |

Carles Alfaro |
“Los
profesionales están adormecidos, tienen una falta
tremenda de compromiso, de interés, y luego hay una
búsqueda desesperada de público sin importar
las fórmulas que se empleen para ello. Hacía
tiempo que no se veía una cartelera tan pobre, da
vergüenza ver lo que se exhibe en las ciudades españolas
y hay muy pocos teatros públicos que están
haciendo algo para corregir esta situación. La idea
de que satisfacen a las audiencias porque es lo que piden
no me la creo. Algo bien hecho y bien promocionado, alimenta
el sentido crítico de la gente y eso es lo que echo
de menos: sentido crítico”, apunta este director
de escena de 42 años que, a pesar de los accidentados
caminos teatrales que describe, ha conseguido guiar a su
compañía Moma durante los últimos veinte
años.
Alfaro
cree además que el teatro está empleando hoy
fórmulas más propias del cine o de los medios
de comunicación de masas para atraer espectadores
cuando, en su opinión, no puede competir ni con esos
medios ni con las mismas armas: “El teatro es un arte
muy personalizado, establece una comunicación única
entre el artista y el espectador y la respuesta debe darse
teniendo en cuenta esta especifidad”.
En
este contexto, nadie está libre de dejarse llevar
por el ambiente y puede que los peor parados sean los autores:
“Es muy difícil que los autores de hoy evolucionen.
Nadie les lleva a escena, así que no pueden contrastar
lo que escriben, no pueden superarse. El teatro exige riesgo,
requiere equivocarse y corregir, esa es su mecánica
pero el momento actual es muy difícil, todo es ambiguo”.
Diagnóstico
tan pesimista contrasta con los momentos de celebración
que vive Alfaro. Su compañía, Moma, celebra
su 20 aniversario el próximo día 17 y para
ello ha decidido darse el lujo de programar en el Espai
Moma de Valencia una temporada dedicada casi exclusivamente
a Harold Pinter, por el que siente gran devoción.
Pero antes, del 11 al 14 de diciembre, cerrará en
Salamanca el ciclo Travesía Escénica por la
dramaturgia del siglo XX con cuatro piezas cortas de Harold
Pinter: Estación Victoria, La penúltima copa,
Una Alaska particular y Celebración.
Unir
lo lúcido con lo lúdico
– ¿No le parece es excesivo dedi car casi toda
la programación del Espai Moma a Pinter?.
–Tengo una debilidad enorme por este autor, soy un
devoto. Creo que es el autor vivo más importante
de los que existen y nadie hay comparable a él. Desde
1957, que escribe su primera obra, ha estrenado constantemente
en todo el mundo y los directores se dan bofetadas por hacerlo,
es un autor de largo recorrido. Y permanece en escena con
obras poco habituales, su repertorio es principalmente de
piezas cortas con la excepción de cinco o seis. Une
lo lúdico con lo lúcido con una inteligencia
y compromiso extraordinario. Es una vergüenza que sea
prácticamente desconocido en nuestro país,
circunscrito únicamente a las salas alternativas.
–¿Por
qué ha tardado tanto tiempo en decidir los títulos
que componen la programación que va a presentar en
Salamanca?
–He querido ofrecer un espectáculo muy poliédrico
y hay tantas piezas de él que me gustan que me ha
resultado muy difícil la selección. El gran
peligro de Pinter es que sus textos resultan más
interesantes leídos que vistos, uno se los imagina
muy bien y, claro, su escenificación es muy difícil.
Por eso creo que la radio es ideal para él y por
eso hemos programado también en el Espai un ciclo
del teatro que él escribió para la BBC radio.
En el caso de las piezas que estrenaremos en Salamanca y
que luego irán a Valencia me interesa que el público
salga del espectáculo habiendo aprendido un adjetivo
nuevo: “pinteriano”, que existe en la Enciclopedia
Británica,. Un adjetivo que se reconoce en una forma
que trasciende, que indica cómo para cada visión
del mundo hay una forma de contarlo.
Pinter
es su último trabajo antes de enfrentarse en solitario
a La escuela de mujeres, de Molière, que le ha encargado
el Teatro Nacional de Cataluña. Allí estrenó
la temporada pasada un monólogo, La caída,
de Camus, que fue muy bien acogido por la crítica
consiguiendo numerosos galardones. Clásicos y contemporáneos
han convivido en el repetorio de Alfaro con naturalidad:
Büchner (El caso Woyzeck), Paco Sanguino (Metro), Ionesco
(Las sillas), Voltaire (Cándido), Sichorovsky (Nacidos
culpables), Gonzalo Suárez (Palabras en penumbra).
Sin
actores
–¿Cómo fue lo de fundar Moma en la Valencia
de hace 20 años?
–Tuve claro que si no me movilizaba, no habría
posibilidad de llevar a cabo ciertos proyectos. Pertenezco
a una generación que vivió el paréntesis
que va de los últimos coletazos del teatro independiente
a la década que le sucedió, en la que parecía
que el teatro había dejado de existir, donde la intervención
institucional era prácticamente nula. Por no haber
no había ni actores.
–¿Qué
se propuso con Moma?
–Quisimos desde el principio hacer del teatro algo
cotidiano, estar en contacto con el público. Veíamos
que era necesario una constante exploración y por
eso, desde el principio, nos propusimos contar con una sala,
un lugar de trabajo. En 1997 creamos Espai Moma.
–Usted
colabora hoy con las compañías y artistas
de la Comunidad Valenciana pero, ¿cuál era
el ambiente artístico de laValencia de entonces?
– Bueno, yo vine de Londres, donde me diplomé
en dirección de escena precisamente con un trabajo
sobre Pinter. Había participado como actor en la
compañía de José Luis Gómez,
y luego hice seminarios y cursos por Europa, en el Odin
Teatret de Dinamarca, en el Roy Hart Theatre, en Francia.
Valencia era un páramo.
–¿Cuando
creó la compañía formuló algunos
principios por las que guiarla?
–No, y además creo que cualquier metodología
férrea redunda en una afectación, que cualquier
exceso de entrenamiento o formación muy específica
lleva a una falta de naturalidad, de espontaneidad en el
actor. Siempre he pensado que fuera nuestra propia trayectoria
la que nos marcara el paso. Quizá un objetivo que
la compañía sí se planteó fue
la de perseguir personalizar los proyectos, crear unas dramaturgias
propias y también huir de fórmulas ya experimentadas.
Nuestro denominador común ha sido unir contenido
y lenguaje y que todo tuviera un carácter de búsqueda.
–Quizá
sería mejor llamar a Moma productora que compañía,
si tomamos el término en el sentido tradicional.
–No. La compañía la fundé yo
en solitario con la finalidad de reunir a una serie de personas
cómplices y, sobre todo, teniendo muy claro el sentido
de taller. Luego fue necesario estabilizar el colectivo
artístico en un colectivo empresarial que nos permitiera
riesgo, exploración con la seguridad y la estabilidad
necesaria. Pero Moma no ha sido una productora. Tiene una
clara vocación de teatro público aunque sea
de gestión privada y constantemente ha habido personas
que, como el Guadiana, han ido colaborando y evolucionando
aquí. Siempre hemos intentado ser extremadamente
coherentes, de forma que los intereses mercantilistas no
nos impusieran la línea de trabajo, que parece ser
la fórmula que impera actualmente en el teatro.
–Moma
colabora con La Abadía de Madrid, donde suele exhibir
sus espectáculos cada temporada ¿qué
tiene en común con este espacio?
–En España hay pequeños focos como La
Abadía donde se ha normalizado un teatro que prima
la creación por encima de otros intereses, que entiende
el teatro como servicio público y que pretende provocar
nuevas inquietudes y conectar con el mundo que nos rodea.
Es el teatro que defiendo.
Fuente:
El Cultural
Diciembre 2002
Teatro en Miami
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