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PEDRO MONGE RAFULS:
HABLANDO DE UN “ENCUENTRO” EN EL PASADO
por Ernesto García

En Miami, comenzó un hervidero a inicios de la pasada semana cuando el periódico Granma publicará un artículo titulado “Viaje al Punto de Partida”. Rara es la ocasión en que los noticieros televisivos locales prestan alguna atención al teatro y esta vez tornaron su mirada al proyecto que el director Alberto Sarraín realiza en Cuba, proyecto este que propicia el “intercambio”, “acercamiento” o al menos la puesta en escena de una obra del dramaturgo cubano Abelardo Estorino titulada “Parece Blanca”. Los noticieros no buscaban hablar de teatro o arte, sino el lado “político” de este proyecto.

Por lo atípico que resulta un proyecto como este, antes de la partida hacia Cuba de Sarraín y algunos actores de Miami, hicimos una entrevista concentrándonos en los detalles, en la importancia y en la historia de este suceso; en aquella entrevista me enteré que fue en la década del 90 cuando había comenzado.

Pedro Monge Rafuls
Pedro Monge Rafuls, nació en el Central Zaza,Cuba, en 1943  y asumió el exilio en 1961. Fundador y director del OLLANTAY Center for the Arts y de la revista teatral del mismo nombre. Su comedia Noche de ronda obtuvo el Very Special Arts Award que concede el Kennedy Center, de Washington.
Pedro Monge Rafuls aparecía como uno de los pilares principales de aquellos primeros intentos de “encuentro”, por lo que www.teatroenmiami.com a diferencia de otros medios, en busca de profundizar en los detalles históricos y en la creencia de que hacemos algún aporte a la cultura teatral, entrevistó a Monge Rafuls para que nos relatara parte de sus vivencias.

www.teatroenmiami.com: ¿Qué te llevó a iniciar un proyecto de "intercambio cultural"?

Pedro Monge Rafuls: La convicción de que sólo existe una sola cultura y un sólo arte cubano que no tiene nada que ver con el gobierno de turno, sea o no una dictadura. Cultura y arte de la que formo parte. Yo nací en Cuba, allí viví mis primeros dieciocho años; allí está enterrada mi madre. Me interesa saber todo lo que sucede en la Isla y deseo viajar allí. Por otro lado, influyó en mi la experiencia tenida cuando fui a visitar la tumba de mi madre a finales de 1990 y me dí cuenta de cómo todos vivían y compartían a pesar de sus diferencias. Creí comprender que debíamos perdonarnos -sin olvidarnos- todos los “problemas” del pasado y superarlos, como cubanos, mas allá de la posición política de cada uno...  Siempre he pensado que no es ni fácil ni siempre entendido.

www.teatroenmiami.com: ¿Cómo se organizó ese fallido “intercambio cultural?”

Pedro Monge Rafuls: Bueno, te estas refiriendo al encuentro que menciona Sarrain en tu entrevista... y deseo recalcar que encuentro  es una definición que me parece mas adecuada que el de intercambio, para aquel proyecto. Es una historia bastante larga que yo  percibo  como un asunto más complejo que lo que cuenta Sarraín que no intervino directamente en el mismo.

Todo comenzó cuando la Escuela Latinoamericana de Teatro, que se autodenominaba “independiente” y que dirigía Osvaldo  Dragún invitó a Lilian Manzor-Coats a dictar una conferencia en un encuentro de aquel año. Lilian que estaba en contacto frecuente conmigo me lo comunicó y me preguntó sobre qué me parecía la idea de ofrecerle a Dragún un encuentro.  Un encuentro de teatristas del exilio y de la Isla que un día, soñábamos, sería un intercambio constante y mutuo. La idea era descabelladísima, pero nos  ilusionó. Para sorpresa nuestra, Dragún aceptó el proyecto con mucho entusiasmo... Recuerdo la alegría de Lilian y mía, cuando esta me llamó para comunicármelo... Comenzamos a barajar nombres de personas que conocíamos y que pudieran estar interesadas en un contacto, en el ámbito personal, con gente de la Isla... Ya Rine Leal había publicado su famoso artículo que menciona Sarraín y, ya también, Núñez Rodríguez había publicado su reaccionaria respuesta, de la que, años después, Rine me dio detalles en Caracas; sobre todo me habló de la no-sorpresa que le causó aquel artículo y la táctica que había detrás de que fuera Núñez Rodríguez el que le contestara, pero eso es tema para otra ocasión...          

Cuando este proyecto de encuentro comenzó, ya José Corrales y yo, habíamos preparado una respuesta a la oferta de una polémica con que Rine terminaba su artículo. Claro que él se refería a una polémica interna y nunca pensó que iba a tener una respuesta del exilio. Respuesta que si fue una sorpresa para él y la cual, me contó, siempre en Venezuela, que lo tuvo sin dormir varias noches, por la alegría de que su artículo podía ser el comienzo de un dialogo. Le decíamos a Rine que estábamos dispuesto al intercambio de ideas, obras, proyectos, etc., como él sugería. Una vez terminada, se la enviamos a muchos teatristas para si deseaban firmarla. Solo un pequeño grupo la firmó. Muchos de los que trabajan por “el puente” y le sacan provecho a eso, se negaron a firmarla y eso no incluye a Sarraín que si la firmó.

Como ya dije; yo había ido a Cuba en 1990, antes de este asunto del artículo de Rine y nuestra respuesta. Mi único viaje y  por motivos personales, invitado por nadie, -de ahí salió mi obra Nadie se va del todo - y venía con planes concretos de encuentros entre escritores de la Isla y del exilio en 1991. También, al acercármele, a varios de los que hoy trabajan por el intercambio cultural, para que se unieran al encuentro, salieron huyendo en estampida. El encuentro no se realizó  ni nunca se ha efectuado puesto que lo de Estocolmo fue algo no solo limitado sino manejado por la oficialidad de la Isla. Que conste que aquel proyecto de 1991 estaba confuso porque había menos contacto entre los escritores del que existe hoy y no nos conocíamos en absoluto y, entonces, aún el castrismo no tenía claro su intención de acercamiento que surge mucho después del llamado de Rine y más bien cuando el, por todos conocido, período especial apretó  los estómagos y obligo a que la presencia---que nunca han dicho importancia---de la literatura y las artes exiliadas se hiciera visible.

Queda claro, que con esos ideales de unión y solidaridad entre las dos orillas y de que había una mayoría de escritores y artistas en Cuba que deseaban el intercambio. En eso me encontraba cuando sucede el contacto entre Manzor-Coats y Dragún.

Lillian no podía usar su fax en la universidad y toda la comunicación la hacíamos por mi fax, en Nueva York. El sistema en aquella época era hacerlo a través de Canadá. Tú lo enviabas a Canadá, ellos a La Habana. Oye, pero no pienses que aquello era fácil. Además de un dinero exagerado consumía tiempo y creaba una tensión el envío y recibo de las cartas a través del casi nuevo sistema de fax. ¡Como ha cambiado la tecnología, pero la comunicación con Cuba continua siendo difícil!

Ya Dragún se había comunicado con Rine y ambos estaban planeando el asunto en La Habana, con la asistencia de Ileana Diegues que trabajaba en la mencionada escuela, con Dragún. Rine había pedido que fuéramos discretos al hablar del encuentro, como le llamábamos, y, además, no deseaba que se le involucrará a él, pues según me dijo por teléfono, era más fácil que Dragún consiguiera cosas si él no aparecía involucrado directamente. El propósito de los que estábamos en el proyecto-encuentro era hacerlo no llevarnos laureles. Un día Dragún envía un fax diciendo que proponía que en lugar de una mesa, medio escondida, como parte de la actividad de la Escuela Internacional a donde habían invitado a Lillian originalmente, y a donde se iba a realizar el encuentro, que ellos proponían hacerlo como parte del Festival Internacional de La Habana y tener lecturas de obras de los autores exiliados con actores de La Habana y además, presentaciones de videos de obras de aquí... Rápidamente llamé a Lillian, con la que repito que estaba no solo en contacto diario sino que constante porque la comunicación a través del fax era irregular y llegaban a cualquier hora y nosotros estábamos pendientes. La alegría de Lillian la entendí perfectamente porque al otro lado del teléfono yo estaba entusiasmadísimo.

A raíz de este proyecto comenzamos a trabajar en reunir el material y preparar el viaje; a través de mi fax se hicieron los envíos de datos para la visa de los que nos preparábamos a ir, a saber, además de Lillian y yo, estaban Alberto Sarraín que se encontraba en Venezuela y que no conocía a Lillian, como él dice en su entrevista; Laureano Corcés, académico; Carmelita Tropicana, actriz de Performance; posiblemente María Irene Fornés que entonces andaba envuelta en unas presentaciones y no sabía si podría ir.

Un día llegó el fax que realmente no esperábamos; Dragún decía que él encuentro estaba cancelado y que esperara su llamada. En la llamada me explicó que habían jugado con todos nosotros y que ese mismo día le habían dicho que el encuentro no podía llevarse a cabo. Estaba furioso.

www.teatroenmiami.com: Pero tú estabas en contacto con diplomáticos cubanos en Nueva York, ¿qué te dijeron?

Pedro Monge Rafuls: No. Yo nunca estuve en contacto con ningún diplomático cubano para este encuentro. Desconozco el  porque Sarraín hizo esa afirmación en su respuesta a tu entrevista. Parece que él ha confundido el asunto o no sé...  Sarraín había sido invitado a participar,  pero no estaba al tanto del proyecto; él estaba en Caracas y como dice, ni siquiera conocía a Lillian. Los contactos eran entre Dragún, Ileana Dieguez, Lillian y yo. Había quedado muy claro que era un encuentro independiente e incluso, Rine no deseaba que su nombre apareciera para que la oficialidad no se metiera. Dragún clamaba constantemente la independencia de su Escuela Internacional de Teatro; yo, al principio, había dejado claro que participaba si no era oficial y nunca, repito, estuve en contacto con nadie del oficialismo; por su lado, Lillian, que había comenzado la idea, estaba participando de forma independiente.

www.teatroenmiami.com: ¿Que recuerdo tiene Pedro Monge Rafuls de aquel intento?

Pedro Monge Rafuls: Desilusión porque la cosa no se quedó en la llamada de Dragún. Luego de todo este incidente, Dragún cayó en desgracia y le quitaron todos sus privilegios y lo relegaron a un tercer plano. Rine comprendió que tenía que salir de Cuba. En lo personal, a mi, nunca me han dejado entrar a Cuba, aunque lo he solicitado nueve veces.

En 1994, me encontré en el Festival de Cádiz, España, con Rosa Ileana Boudet, hoy viviendo en Los Angeles, pero que entonces participó en el proceso de solicitud de las visas. Tanto ella, como Eberto García Abreu, el director-títere del Festival de La Habana, me dijeron, por separado, que el error de Dragún había sido creerse muy importante y no haber canalizado ese proyecto por los organismos oficiales---otra prueba de la independencia del mismo---y comenzaron a echar lodo sobre Dragún e incluso cuestionaron su calidad como autor. También, sin saber que conservo un e-mail de ella donde decía que había recibido la solicitud de visas y me decía que esperaba conocerme personalmente, Boudet me dijo que nosotros tampoco habíamos pedido las visas como debíamos hacerlo.

Después, en Venezuela, me encontré con Rine Leal por primera vez. Fue un encuentro muy emocionante. Hablamos mucho y me contó que Dragún había dado un golpe sobre el escritorio de Roberto Fernández Retamar, el director de Casa las Américas, y que se había enfurecido con Rosa Ileana Boudet, también, por enredar las cosas y que, desde entonces, comenzó a caer en desgracia. Rine, considerado justamente como el investigador y crítico mas importante del teatro cubano, me confió su deseo de editar una antología del teatro del exilio para que completara el ciclo que había comenzado con el de la colonia. Así fue como surgió Teatro: 5 autores cubanos que la editorial OLLANTAY, que dirijo, publicó en 1995. Para Rine Leal fue la culminación de su trabajo y su gran preocupación era que Dragún hiciera un comentario sobre la antología y que se publicara en la misma. Dragún lo hizo, junto a otros autores latinoamericanos. Esta antología ha sido totalmente ignorada en La Habana, con la excepción de una nota en una revista cubana. Creo que su prologo es uno de los más interesantes sobre los dos teatros en que estamos divididos.

Hace algo mas de tres años fui el único cubano invitado a un encuentro de dramaturgos latinoamericanos como parte del Primer Festival de Teatro de Buenos Aires.  Después de la primera conferencia, un hombre se me acercó, me preguntó si yo era Pedro Monge Rafuls y entonces, se me abrazó, llorando. Era Dragún.  Fue nuestro único encuentro a solas. Que conste que él nunca habló, en público, mal del castrismo que defendió por años a través de la labor teatral. Son esas cosas que uno no entiende, pero a las que, como cubanos, estamos acostumbrados.

www.teatroenmiami.com: Desde tu perspectiva actual y luego de aquella experiencia, ¿crees que continua siendo importante intentar un nuevo intercambio teatral? ¿Por que?         

Pedro Monge Rafuls: Claro que es importante, pero ya la cosa es mas compleja; podríamos preguntarnos para que hace falta el intercambio si los teatristas cubanos están viniendo a Miami donde se presentan frecuentemente.  Para hacerlo tiene que ser un encuentro correcto, donde se respeten las creaciones y los creadores de ambos lados.  Hay cosas que tenemos que  decirnos para resolverlas y poder hacer ese intercambio cultural del que hablas, de cubano a cubano. Varias cosas hay que tener en cuenta. Yo creo que en el exilio conocemos más lo que sucede allá, aunque tampoco es que estemos al tanto de mucho, pero,  al contrario, creo que en general, los teatristas  isleños se interesan menos por lo que hacemos por acá. Te pongo un solo ejemplo de muchos que puedo mencionar. Manuel Martín contaba que una vez Héctor Quintero fue a su apartamento, de Nueva York, a visitarlo para ver si lo podía ayudar a colocar uno de sus musicales en algún teatro neoyorquino y Manuel se quejaba de que en ningún momento, ni por cortesía, le preguntó si él también escribía musicales...  No es que le tenía que gustar o no; es que al menos los leyera para comprobar que no le interesaban. Yo he tenido esa experiencia de la indiferencia total por conocer a otros autores y su trabajo con Abilio Estévez, Estorino, Fulleda León, y algunos más. Con otros, como Eugenio Hernández, no pude ni conocerlo a pesar de que lo traté de localizar cuando vino a Nueva York hace más o menos un año. Con algunos, como Alberto Pedro, he tenido experiencias muy desagradables. Este, en Cádiz, me ofreció co-escribir una obra y planeamos todo el proyecto bajo su dirección, que, luego, concretamos en el Festival del Occidente de Venezuela, con Carlos Arroyo,  el director del mismo. Este director venezolano de un festival iba a producir la obra que íbamos a escribir ambos y que Miriam, su esposa que le dirige todo, iba a dirigir el primer acto con actores de la Isla. Yo escribiría el segundo acto que introduciría  personajes que interpretarían actores del exilio y para el cual insinué a Sarraín para dirigirlo. Alberto Pedro, entonces, no conocía a Sarraín. Este se negó al proyecto porque, según dijo, no soportaba al venezolano director del festival, al que consideraba inepto. Me encontraba buscando a un director, cuando, según me contaron, Alberto Pedro se lo dijo a Rosa Ileana Boudet y la cosa se complicó. En el Festival de Caracas, cuando Pedro debía entregarme el primer acto, se escondió para no hablarme; y sinceramente, sentí tanta pena frente a esa pobre situación humana que no me molestó.

No obstante todo esto, sigo creyendo que un encuentro es necesario, pero basado en mi experiencia y en la de otros teatristas exiliados, pienso que para tenerlo debemos acercarnos sin intereses egoístas y ocultos. Así podremos examinar y discutir las semejanzas y diferencias de ambas dramaturgias. y luego, solo después, un verdadero intercambio de obras y de artistas. Por otro lado, se me hace lógico que frente a la frecuente presencia de teatristas cubanos en ciudades de los Estados Unidos e incluso, y sobre todo, en Miami, es a los de Cuba a los que les toca corresponder y  llevarse un par de  obras para leer y discutir en La Habana, o al menos llevársela de regalo a algún amigo interesado y, quizás, ¿por qué no? trabajar para que monten alguna de ellas en un teatro cubano. Ya eso sería intercambio.

www.teatroenmiami.com: Como una valoracion futurista: ¿Que beneficios podría traer para ambas partes, si finalmente "Parece Blanca" pasara de ser un proyecto para convertirse en una realidad?

Pedro Monge Rafuls: Por esas experiencias negativas que acabó de contar es que cuestiono esfuerzos como este.

Por lo que he oído de este proyecto no me interesa opinar mucho sobre él. Se que es uno largo rato acariciado por Sarrain que lo planeó primero con una obra de Abilio Estévez para montarse en Caracas-Miami-Nueva York. No veo mucho de positivo para ninguna de las dos partes en la que se ha dividido nuestro país. Yo creo que esa producción será importante para los que consideren que las artes isleñas son fabulosas y no se dan cuenta de la rica realidad, en este caso, teatral, que nos rodea en esta sociedad que seleccionamos para exiliarnos. Me imagino que algunos de allá creerán que descubrieron el Orinoco y algunos de acá, pues pensarán que ellos lo van a colonizar. Realmente no deseo meterme a comentar sobre ese tipo de actividad, porque, al final, a las llamadas dos orillas solo las separan intereses creados.

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Septiembre 2002

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