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Una propuesta
cautivante
Alejandro Cruz
"La belle captive", ópera
experimental de John King basada en textos de Alain
Robbe-Grillet. Actriz: Analía Couceyro. Soprano:
Carla Filipcic. Video: Benton Bainbridge. Dirección
de arte: Minou Maguna. Diseño de luces: Betina
Robles y Maguna. Recopilación de textos: María
Inés Aldaburu. Música, idea y dirección
general: John King. En el Centro Exprimental de Teatro
Colón (Viamonte 1185). Funciones desde hoy
hasta el sábado, a las 20.30.
Nuestra opinión: muy bueno
El Centro de Experimentación del Teatro Colón
abrió su temporada con "La belle captive",
un inquietante trabajo a cargo del músico y
guitarrista norteamericano John King. Esta especie
de rompecabezas escénico aporta fragmentos
en los cuales los planos sonoro, visual, interpretativo
y dramatúrgico conforman un bloque disparador
de una particular riqueza expresiva.
Sin jerarquías
En primera instancia (o última, porque en el
trabajo de este artista de la vanguardia neoyorquina
no hay intención de priorizar niveles), el
texto está basado en obras del escritor y cineasta
francés Alain Robbe-Grillet, a las que se sumaron
relatos de mujeres cautivas durante la última
dictadura militar que hubo en la Argentina. En la
cajita que King inventa en el sótano del Colón,
la actriz Analía Couceyro desgrana esos textos
jugando con distintas maneras de decir sus parlamentos.
Junto a ella, en un rico contrapunto, la soprano Carla
Filipcic pone su voz y su cuerpo para dar vida a esta
mujer cautiva histórica, que es una y todas
a la vez.
Proyectadas, las imágenes del videasta Benton
Bainbridge aportan su propia luz a este material.
El rompecabezas de "La belle captiva" se
completa con la batuta de King que, sampler y mouse
en mano, da entrada a su música que -como las
imágenes, como la misma actuación, como
la misma acción- se repite, se deforma, se
sucede en esta serie de fragmentos yuxtapuestos.
Durante buena parte del trabajo, King demuestra una
casi obsesiva necesidad de romper con todo crecimiento
dramático. Cuando uno de los estímulos
comienza a crecer o complementarse con el otro, lo
quiebra una y otra vez. Cuando uno siente que puede
seguir uno de los niveles de relato, provoca un estímulo
más intenso que inevitablemente ganará
protagonismo, que inexorablemente desviará
la atención. En ese aspecto radica una de las
virtudes de este trabajo de experimentación.
Una virtud que seguramente no conmoverá a aquellos
espectadores que estén acostumbrados a las
historias lineales.
Para el entramado de los diferentes lenguajes la sala
no ayuda demasiado. La distancia entre la cajita escénica
y la platea es tan pequeña que -inevitablemente-
las imágenes de video, muchas de ellas casi
psicodélicas, impiden apreciar las otras capas
que componen este mosaico de ricas conexiones internas
azarosas y premeditadas.
Para armar y desarmar
A lo largo del trabajo, King apenas se dedica a presentar
las piezas sonoras y visuales ahí, vivas. Allí
está la mujer cautiva en medio de una ópera.
Allí está Buenos Aires o una piedra
suspendida. Allí está esa mujer (u otra)
rotando levemente su hombro. Allí se escribe
la palabra "construcción". Allí
se escucha una voz cautiva de lo azaroso o un mundo
roto en mil pedazos. Allí cada una de las partes
extiende un ritual de citas, de movimientos, de reiteraciones...
En las partes se afirma la lógica de este trabajo.
La búsqueda cautiva y la belleza intrínseca
de este espectáculo armado en la distancia
(vale recordar que el director llegó para el
armado final apenas 10 días antes del estreno).
Sin embargo, cada una de las capas (desde la dramaturgia
hasta la iluminación pasando por el arte integral)
crea un entramado de una contundente riqueza plástica
y expresiva. Constituyen la esencia y el todo.
Fuente:lanacionline
Abril
2003
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