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Escenarios
sin fronteras
Laura Gentile.
ENVIADA ESPECIAL A MENDOZA.
Estuvo en la 18ª Fiesta Nacional
del Teatro en busca de la integración cultural
del Mercosur, en especial de los sectores excluidos.
El nombre del festival que dirige
se parece a un pájaro, Londrina. La brasileña
Nitis Jacon pasó por la 18° Fiesta Nacional
de Teatro (que se celebró en Mendoza), con
un objetivo claro: saber si el teatro argentino que
recorre el mundo (casi siempre los mismos nombres:
Bartís, Veronese, Federico León o Tantanian)
representa la cultura y el nivel de teatro que se
hace en el país o es una excepción.
"O se trata —explica Nitis—, de obras
basadas en estéticas más ajenas, que
en este momento están de moda en los festivales".
Londrina es una ciudad del Estado
de Paraná, que no nombra a un pájaro
sino que significa "pequeña Londres",
ya que fue una compañía colonizadora
londinense la que la fundó, aunque no haya
hoy iglesias protestantes. Creado en 1964 (el más
antiguo de Latinoamérica) el Festival Internacional
de Teatro de Londrina fue, con los años, redefiniendo
su concepto.
Desde hace un tiempo, además
de exhibir teatro, desde el festival comenzaron a
generarse proyectos con diferentes comunidades excluidas:
movimientos de los sin tierra, personas de la tercera
edad, niños de la calle, presos, ciegos y sordomudos.
El asentamiento de los sin tierra
Dorse lina Falador está ubicado en un municipio
vecino a Londrina, en una hacienda cedida por el gobierno.
Su relación con el festival surgió hace
4 años. Lo primero que hicieron fue un trabajo
en video con un equipo especializado del festival.
"Después ellos consiguieron cámaras
—recuerda Nitis— y registraron sus encuentros,
los rituales que tienen con la tierra". Los grabaron
para ellos y para mostrarlos en otros asentamientos.
Al año siguiente montaron una obra de teatro
de Bertolt Brecht y ahora proyectan armar una radio
comunitaria.
El objetivo es hacer del festival
una herramienta para la integración de los
grupos excluidos. "Una herramienta para que puedan
crear, capacitarse en la gestión cultural y
al final para que puedan circular con su trabajo en
su comunidad, luego en ciudades vecinas y quizás
afuera", proyecta Nitis. Por eso asegura para
ella resulta muy interesante venir aquí y ver
experiencias en ese sentido. "Yo vengo desprevenida,
no para buscar algo; vengo para ver y despertar".
Durante la conferencia de prensa que
Nitis brindó en Mendoza junto a los otros directores
de festivales invitados (el de Cádiz, el de
Miami, el de La Paz), se habló de la imposibilidad
de mostrar ciertas obras a determinado público
porque no "las entendería".
Nitis disiente. "Claro que la
cuestión económica es importante; nosotros
mismos tuvimos algunas de esas preocupaciones, hasta
comprender que tienes que llevar las cosas que te
atraviesan, lo que es de calidad humana, de calor
humano y de buena calidad".
No se trata de traducir o facilitar.
"No —enfatiza—, el público
puede ver cualquier cosa y le gusta y va a comprender,
incluso en otra lengua, porque el teatro va más
allá, pasa por todos los receptores que tenemos
los seres humanos. Están viendo, están
oyendo los sonidos, las imágenes, el sentimiento,
la emoción. Todo eso debe ser estimulado, no
hay que facilitar —insiste—, hay que dificultar
para que ellos empiecen a desarrollar instrumentos
para comprender lo que les gusta ver".
Nitis recuerda la primera vez que
la gente del asentamiento Dorselina Falador vio teatro.
Recuerda lo que le dijo un campesino: "Yo escuchaba
este violino y veía la hacienda, el verde;
cerraba los ojos y veía cosas con el violino".
"Tú ves —concluye Nitis—,
que uno recibe una obra por muchos canales".
Fuente:
ElClarin
Abril
2003
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