|
EL
PÚBLICO DE CARLOS DÍAZ
Miguel GerardoValdés Pérez|
La Habana
Desde la década de los noventa, Teatro
El Público ha motivado en los espectadores
un creciente interés ante cada una de sus puestas.
El pasado mes de septiembre, La Celestina celebró
en La Habana, a teatro lleno, su representación
número cien. Matanzas disfrutó del espectáculo
en los primeros días de noviembre y se proyectan
futuras representaciones en Pinar del Río.
Motivado por este acontecimiento de la actual escena
cubana quise entrevistar a Carlos Díaz, su
director . En la visión que él nos ofrece
acerca de la representación teatral y del espectador,
imprescindible componente del hecho, pudieran estar
las razones para el éxito de este colectivo.
–El Público,
¿compañía o grupo teatral?
–Realmente empezamos siendo
un proyecto eventual, después concebimos
la idea de convertimos en un proyecto permanente.
Con esos propósitos ya no se podía
evadir el sentido de grupo. Han pasado muchos
años desde ese primer intento, en 1989,
de reunirnos un grupo de actores jóvenes
–en aquel momento yo era bastante joven–,
con otros menos jóvenes, también
algunos pintores cubanos, músicos, diseñadores,
para crear un grupo de amigos que tuvo la oportunidad,
ya que existía esa posibilidad, de presentar
un proyecto. |
 |
Así fue que tuvimos la ocasión
de hacer lo que actualmente hacemos. Para no dilatar
tanto la historia, pudiera decirse entonces, que a partir
del año 1989 fuimos pasando de un proyecto eventual
a uno oficial, nos convertimos en grupo, y nos sentimos
como una compañía, en el sentido de que
han crecido los intereses iniciales. Hoy ya son muchos
los pintores, varios diseñadores, tanto de luces
como de vestuario, técnicos, y aunque las condiciones
no son propiamente las que debería tener una
compañía, nos sentimos como una compañía
. De hecho esta sede no es propia, estamos compartiendo
un albergue con la empresa de cine que nos brindó
la opción de compartirla. Una compañía
debe tener su espacio propio que le permita trabajar
de la mañana a la noche y aquí tenemos
el inconveniente de horarios muy restringidos, de nueve
de la mañana a tres de la tarde, pues las funciones
del cine comienzan a las cuatro. Hemos logrado que nuestras
funciones sean viernes, sábado y domingo. Anteriormente,
solamente podíamos hacerlas los fines de semana.
De manera que nos sentimos compañía en
el sentido de que compartimos mucho, somos un gran colectivo
de compañeros que sobre todo, amamos profundamente
al teatro, lo hemos estudiado y valorado desde sus orígenes.
Cada vez que algo falla hacemos lo que dice Stanislavsky,
vamos a las raíces y revisamos todo desde el
inicio para poder ver dónde están los
problemas . A veces yo tiemblo al pensar que soy el
director de una compañía de teatro y tengo
que mantener el entusiasmo en un gran grupo de personas,
de actores.
Cuando llegué a este lugar,
concebí la idea de crear un centro cultural
como Teatro del Sol, que Ariane Mnouchkine tiene en
Cartoucherie, París. Siempre pensé en
hacer trabajos infantiles, también para jóvenes.
Aunque tengo alma de niño me ha gustado mucho
el teatro de adultos porque pienso que me va quedando
menos tiempo para hacer los títulos que deseo,
y esta carrera es como el deporte, en el que se puede
perder por no presentación, no basta el hecho
de tener o no talento. Creo que sí, que somos
una compañía que en este tiempo que
nos ha tocado existir estamos dando que hacer.
–Año 1989, ¿fundación
de la Compañía de teatro El Público?
–Hablar de fundación
es muy difícil. Pienso que fue en el año
1989, cuando Pedro Rentería me llamó
y me preguntó que si yo quería dirigir
y yo le dije que a mí me gustaría dirigir
Un tranvía llamado deseo, a lo que él
respondió, "una obra no, tres". Y
de ahí nació la trilogía de Tennessee
Williams. Yo pienso que la fundación fue ahí.
El proyecto se materializó en 1991 con Mónica
Guffanti , Jorge Perugorría y Carlos Acosta
, actores de la obra Las criadas de Jeam Genet. A
partir de ahí ya se empezó a pensar
en grande y surge la posibilidad de La niñita
querida.
–¿El Público siempre
como nombre para la compañía?
–Sí. Yo me siento muy
feliz de haber podido dirigir teatro y creo que la
oportunidad no me llegó tarde. Pienso que el
público es quien más sufre y más
se desespera en la vida del teatro. Estudié
teatrología y como público sufrí
mucho, tuve la oportunidad de ver obras de teatro
cubano muy importantes dirigidas por directores que
he admirado siempre. Después de graduado tuve
el privilegio de ser el asesor y el asistente de dirección
de Roberto Blanco. El público es quien se sienta
a observar desde una luneta, a dejar entrar en vivo
lo que una persona dice y expresa, frente a frente,
y esto marca las diferencias entre el teatro y la
televisión .
Siempre he admirado mucho la labor
del director de escena porque es como un criterio
escondido que a veces puede ser tracionado por el
mismo actor, por la imagen, por el juicio del espectador
o la crítica. Como dice Lorca en su obra El
Público, el director de escena es el culpable
de que un niño de dieciséis años
esté vestido de Julieta y el público
espantado, quiera matar al director. Esas imágenes
de la obra El Público me han acompañado
mucho; pero creo que el bautizo de la compañía
se debe al propio público antes que a la obra
de Federico. Yo veo las obras parado al fondo del
teatro, me gusta ver el movimiento del público.
Hay quien piensa que el público no se mueve
y no es así. Resulta impresionante escuchar
la respiración del público, ver cómo
ondula la cabeza , verlo desde atrás. Cuando
hice la obra El Público siempre quise hacer
una luneta de espaldas al público que estuviera
en la platea para analizar ese sentido del lunetario
y la comunicación que se establece, el sistema
de miradas Yo creo que en materia de comunicación
el teatro tiene una batería muy fuerte que
no la tienen los otros medios de comunicación
masiva. Yo puedo venir a ver hoy La vida es sueño
de Calderón de la Barca y verla nuevamente
mañana, y me resultará diferente y así
será cada vez que la vuelva a ver.
–¿Actores?
 |
–A mí
me gusta trabajar con buenos actores y en mis
comienzos tuve el privilegio de dirigir en Un
tranvía llamado deseo a esa primera actriz
que fue Lilian Llerena, o sea , que entré
al teatro con una personalidad que todavía
daba que hacer en momentos de oro del teatro cubano.
A medida que ha pasado el tiempo he querido constituir
una familia no del todo rígida, porque
ni la propia familia como célula es rígida.
Han pasado por aquí, y están por
pasar, actores de distintas escuelas, de distintas
trayectorias y creo que la composición
de todas esas piezas en un determinado lenguaje
ha permitido la posibilidad de una mejor comunicación.
Por eso, no hablo de plantillas rígidas,
porque no todo el mundo puede hacer una Julieta
y no siempre en una compañía está
una Julieta. Ese es el privilegio que tienen los
directores de cine y televisión que buscan
lo ideal. Yo trato de buscar lo ideal. Lo que
resulte ideal para mí, para el autor y
lo que pienso que puede ser ideal para el público.
Le tengo mucho miedo al criterio de que algo se
muere en el teatro, se podrán morir muchas
cosas alrededor de uno, pero lo que uno hace no
debe morir. |
–¿Su mayor éxito?
–La Celestina.
–¿Por qué?
–No tengo prejuicios al decir
que yo hice La Celestina y resultó no estar
en el canal de lo que yo quería hacer. La Celestina
se concibió para dos funciones, y es muy interesante
analizar cómo de pronto un título, en
el sentido de proyecto, pudo cambiar las claves para
la comunicación. Soy honesto, en la escuela
no leí La Celestina cuando había que
leerla, y tuve que hacerlo ahora para montarla. Creo
que muchas personas no se la han leído y mediante
la representación teatral tuvieron un conocimento
de ella. Lo mismo puede pasar con el Quijote, con
La Divina Comedia , con La Odisea o La Ilíada.
Y no es que uno tenga que cambiar el sentido de un
original para una generación, sencillamente
es como bajarle de Internet a una persona algo que
no conoce. Es como el sentido de la moda en un determinado
período, las cosas van dando vueltas, pero
un mismo diseño resiste el análisis
de diversas maneras de pensar, de distintos estilos.
Con La Celestina no hubo una pretensión epecífica,
fue un punto de vista para hablar de cómo dos
jóvenes se acercan y alguien se aprovecha de
esa relación para sacar dinero. Hoy en día
muchos tienen de Celestina, de Pármeno o de
Sempronio.
–¿Futuro de la compañía?
–Ayer veía en el Canal
Educativo el significado de la palabra salud. La salud
no es solamente no presentar enfermedades, también
entraña un significado social y preventivo.
Yo veo el futuro de El Público como en sus
comienzos en el año 1989. Esta compañía
ha hecho en cada momento lo que le ha correspondido
hacer. Yo creo que el teatro como medio de comunicación
debe partir de qué se le brinda al público,
quién es ese público y qué quiere.
Nos ha costado mucho personalizar
este espacio y lo hemos hecho nuestro. Para el futuro
tenemos El Jardín de los Cerezos, de Chejov,
es una obra violenta que narra cómo un mundo
se destruye para ser vendido, cómo alguien
puede destruir un viejo e histórico jardin
de cerezos, es la lucha entre el viejo jardín,
el nuevo punto de vista, el eterno estudiante, la
aparición de un capitalismo fuerte . El trabajo
y la salud de una compañía , la temperatura
de una compañía se mide por el día
a día por el boca a boca del público,
por la comunicación que establece con ese público
que reconoce el trabajo, que distingue a los actores,
a la obra; ese público que valora y opina.
Esto es algo que hacía tiempo no sucedía
en el teatro. El futuro de El Público, sobre
todo, estará en poder seguir unidos y existir.
Muchas gracias a usted por haber respondido
a mis preguntas.
Entrevista realizada el 9 de octubre
del 2002 en la sede de la Compañía de
Teatro El Público. Fotos, cortesía de
Franco Bozzo.
Carlos Díaz es egresado del
Instituto Superior de Arte, en la especialidad de
Teatrología y Dramaturgia
......................................................................................................
- Repertorio de El Público
- Zoológico de Cristal, Tennessee
Williams
- Un tranvía llamado deseo,
Tennessee Williams
- Té y Simpatía, Tennesse
Williams
- Las criadas, Jeam Genet
- La niñita querida, Virgilio
Pinera
- El Público (en tres versiones),
Federico García Lorca
- Calígula, Albert Camus
- Escuadra hacia la muerte, Alfonso
Sastre
- El Rey Lear, William Shakespeare
- Querido Diego, Senel Paz
- María Antonieta o la maldita
circunstancia del agua por todas partes (en dos
versiones), basada en textos de Virgilio Piñera
- Las brujas de Salem, Arthur Miller
- La Gaviota, Anton Chejov
- Así es si así os
parece, Luis Pirandello
- La Celestina, Fernando de Rojas
Fuente:
Lajiribilla
Abril 2003
|