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TABLAS DE
UN MISMO PUENTE
Tania Cordero | La Habana
El nuevo espacio para el encuentro que propicia
la revista de artes escénicas Tablas colocó
al centro de su día inaugural al destacado
actor y director de Teatro el Puente Jorge Ferrera.
En la complejidad
de las emociones y la entrega física
que rodean el difícil oficio del histrión,
me mantuve reflexionando los 40 minutos que
Jorge Ferrera disertó: “Desde San
Ignacio 166”. El nuevo espacio para el
encuentro que propicia la revista de artes escénicas
Tablas colocó al centro de su día
inaugural al destacado actor y director de Teatro
el Puente. La década del colectivo –
que desde hace dos años Ferrera prefiere
asumir en solitario, acudiendo a elencos diversos
en cada puesta- representó esta vez la
continuidad de un escenario que ha ido transitando
por nombres disímiles a lo largo de los
20 años de la publicación teatral,
y que en esta Tercera Época, como insisten
en delimitar sus hacedores, pretende reinstaurarse
atrayendo lo novedoso y de valor del arte escénico
entre nosotros.
Ferrera, integrante con Rigoberto
y Orlando de un trío de talentosos hermanos,
toma de la mano al espectador para develarle
los quehaceres del entrenamiento peculiar que
– como confesó- ya forma parte
de su propio cuerpo. A través de este
ejercicio el teatrista teje la atractiva historia
de Teatro el Puente desde su fundación
en 1992, inspirado en la bullente creatividad
de los años estudiantiles en el Instituto
Superior de Arte, la definición del proyecto
en tres principales vertientes (el entrenamiento
corporal, la creación espectacular y
la pedagogía), hasta su bifurcación
a partir de los intereses diversos de sus miembros. |
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“El teatro es un puente para
aprehender la vida”, afirma Jorge y lo demuestra
en los resultados que ha extraído de sus estudios
sobre el empleo de la energía o del ritmo por
civilizaciones antiguas mejicanas o indias. Pequeños
fragmentos de “Gulliver”, unipersonal
en el que resume gran parte de sus experimentaciones,
descubre en el montaje y desmontaje del artista; su
concepción y enriquecimiento. En ese juego
de develar misterios del arte teatral con base en
la teatralidad puede descansar en buena medida la
utilidad de “Desde San Ignacio 166” como
punto de intercambio para profesionales estudiantes
y público teatral.
Luego, la velada dejó un cálido
ambiente cuando llegó a las manos de los lectores
– espectadores el número 3/02 de Tablas.
La publicación, que dirige el teatrólogo
Omar Valiño, dedica esta edición a la
dramaturgia. Totalmente coherente con uno de los propósitos
que ha fomentado el equipo en estos tres años
de labor a favor de incentivar su existencia, las
páginas exhiben valiosos materiales del importante
crítico español y director de la revista
Primer Acto, José Monleón, y de su compatriota,
Nel Diago. Otra buena razón para celebrar esta
entrega es el arribo de la publicación 60 de
los libretos teatrales, toda una valiosa colección
de la dramaturgia insular de las últimas dos
décadas. La importante sección vio la
luz en 1984 con nada menos que “Morir del cuento”,
de Abelardo Estorino. Con el poema dramático
“Charlotte Corday”, de Nara Mansur, finalista
de la primera edición del premio de dramaturgia
innovadora 2002, los editores consiguen esa prioridad
que reclaman para “ inéditos, balanceando
autores consagrados con noveles, residentes o no en
la Isla, y buscando incentivar montajes sobre zonas
preteridas: títeres para adultos, teatro para
jóvenes, obras nacidas de la construcción
espectacular, textos con mayores potencialidades escénicas…”.
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El tema de la
dramaturgia aparece también desde su
urgente necesidad en la danza contemporánea.
Vale destacar la notable presencia de lo danzario,
con lo que el número no repite carencias
de anteriores, sin distinción de períodos
o etapas. Se señala la ausencia de una
concepción dramática como causa
fundamental de la actual crisis coreográfica.
Los apuntes de Alejandro Aguilar acerca del
estado actual de la danza contemporánea
exponen las razones que atentan contra la “salud
mental” de nuestro movimiento danzario.
Completan este panorama “Danzan Dos: hay
que desafiar el silencio del cuerpo”,
un artículo desde el que el crítico
Noel Bonilla compulsa a un cambio superior y
elogia los aciertos del concurso que Matanzas
organiza cada año. Más de danza
trae, bajo la sección Reportes, Agustina
Llumá, valorando la más reciente
edición del Festival Internacional de
Ballet de La Habana.
“Entre telones”,
con excelentes fotos de Jorge Luis Baños
a propósito del Festival Nacional de
Teatro Camagüey 2002, y “Oficio de
la Crítica”, cierran las coordenadas
principales de una publicación que reverdece.
Desde la portada en la que sonríe Pelusín,
el primer títere cubano invita y provoca
la lectura presagiando el fresco diseño
de Teresita Hernández y Marieta Fernández,
del que solo es de lamentar algunos blancos
injustificados. Por lo demás, aplaudamos
y adentrémonos en estas Tablas bien engarzadas
como puente para transitar el camino hacia la
comprensión y el disfrute de la magia
teatral.
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Fuente
y Fotos: La Jiribilla
Abril
2003
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