|
Teatro
en Madrid
“LA CAÍDA”, DE ALBERT CAMUS,
EN LA ABADÍA
Salvador Enríquez
“La caída”,
de Albert Camus, se estrenó en pasado
20 de marzo en el Teatro de La Abadía
(Fernández de los Ríos, 42 - Madrid)
y estará en cartel hasta el 13 de abril,
en funciones de miércoles a sábado
a las 21,30; martes y domingos a las 20,00.
Se trata de una producción de “Moma
Teatre” y Teatre Nacional de Catalunya
que interpreta Francesc Orella y dirige Carles
Alfaro quien, a un tiempo, se ha ocupado de
la dramaturgia; la traducción y adaptación
teatral es de Rodolf Sirera.
Aunque quedan pocas fechas para
que esta función sea retirada de cartel
por necesidades de programación, es posible
que algún lector esté a tiempo
de no perderse este excelente montaje. Es conocida
la calidad de los montajes de este teatro, dirigido
por José Luis Gómez, así
como de las compañías invitadas
como es el caso de “Moma Teatre”. |
 |
“La caída” es
la confesión pública de un hombre que
reconoce que no podemos condenar a los otros sin juzgarnos
a nosotros mismos. Una historia contada en primera
persona desde el éxito, desde la cima, hasta
el abismo y el infierno de la culpa. El hombre un
día es testigo pasivo de un drama en el río
Sena, en París, y el hecho le traspone de tal
manera que desencadena en él una profunda revisión
a su vida. En un bar de Ámsterdam este hombre
de éxito, abogado culto que triunfa con las
mujeres, las amistades y las virtudes fáciles,
revela su vida pasada iniciando una mortificadora
reflexión ética sobre su comportamiento
en el pasado.
 |
Hay que aplaudir
a gran actor que es Francesc Orella que, a lo
largo de las dos horas que dura el monólogo,
consigue tener interesado al público tanto
por lo que dice como por cómo lo dice.
Su gesto, expresión, pausas... son tan
precisas y ajustadas al personaje que la interpretación
resulta una delicia para los buenos aficionados
al teatro de texto. Un papel importantísimo
juega la escenografía, austera e imaginativa,
que fácilmente nos lleva desde el interior
de un bar a los canales de Ámsterdam; y
no menos las luces, mágicas, capaces de
ampliar el espacio escénico hasta el infinito
o de hacernos sentir la humedad de una noche lluviosa.
¿Cómo si no podríamos entender
que lo que el personaje parece decir desde el
principio a otra persona se lo está diciendo
a sí mismo? Esta escena resulta |
sublime: el hombre, tumbado en un
camastro, dialoga con su propia imagen reflejada en
el agua que hay en el suelo y es que la disposición
de la sala, el espacio escénico a bajo nivel
respecto al público, consigue que éste
tenga una perspectiva general de la acción.
Cuando uno ve un espectáculo
como este de “La caída”, sale convencido
de que el teatro es algo que se crea cada día
sobre las tablas, ajeno a la influencia de otros medios
audiovisuales que, lamentablemente para mi gusto,
tanto abundan en nuestros días.
Salvador
Enríquez
senriquez@worldonline.es
Colaboración desde Madrid (España)
para http://www.teatroenmiami.com/
|