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Aplausos sin
reservas para `El salón de baile del vecindario'
ORLANDO TAQUECHEL
Especial para El Nuevo Herald
El Miami City
Ballet estrenó El salón de baile
del vecindario este fin de semana en el teatro
Jackie Gleason de Miami Beach. Un crowd pleaser
deslumbrante de casi tres horas de duración
--y tres intermedios-- que entusiasma como divertimento,
pero que deja indiferente como historia de un
''poeta'', sus mujeres y su musa.
Esta obra monumental dividida
en cuatro actos y un epílogo, es el tributo
de Edward Villela --autor del libreto, coreógrafo
y director de la puesta en escena-- a la trayectoria
del baile de salón en los Estados Unidos.
En el primer acto --titulado
El vals: nuestra señora del olvido--,
la acción transcurre a finales de la
Belle Epoque. El segundo se titula Quick-Step:
El jazz indecible debe irse! y ocurre en los
años 20. Le sigue El Fox-Trot: Bailando
en la oscuridad, con un toque del glamour del
Hollywood de la segunda guerra mundial. El último
acto, Mambo No. 2 a.m., es un festejo de los
ritmos latinos en los años cincuenta.
Acto tras acto, un poeta visitará el
salón y envejecerá ante nuestros
ojos.
El fragmento dedicado al fox-trot
se estrenó este viernes. El público
de Miami ya conocía los otros tres.
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Vistos nuevamente, Vals, Quick-Step
y Mambo han perdido individualidad debido a un diseño
escenográfico que nunca cambia y a unas luces
tan monótonas y desganadas que no parecen ser
de John Hall --aunque los créditos así
lo afirmen. En el Vals, por ejemplo, se echa de menos
la atmósfera sobrecogedora que tenía
en su estreno y la coreografía muestra ahora
las limitaciones antes disimuladas gracias a la penumbra.
La música de Francisco Rennó y su ejecución
al piano siguen siendo dos grandes aciertos.
Sin duda alguna, Quick-Step es el
mejor fragmento y Mambo se reafirma como una buena
selección para cierre de función. El
epílogo --¿homenaje al Sinatra Suite
de Twyla Tharp?-- es apenas un pretexto para reunir
a todas las mujeres que han acompañado al poeta
a lo largo de su vida. El poeta --un personaje cuya
presencia o ausencia no produce ningún efecto
en la progresión dramática de la obra--
quedará solo al final, abandonado incluso por
su musa.
El Fox-Trot tiene su logro más
impactante en el casting de Jennifer Kronenberg en
el papel de estrella de cine. Como Ava --¿Gardner?--
la Kronenberg es capaz de reclamar para sí
el título de ''animal más bello del
mundo'', proyectar la certeza de sentirse observada
siempre en close-up y hacer desaparecer el resto del
escenario. También hay que destacar la ejecución
brillante de Mikhail Ilyin como el amigo del piloto
con el cual ella tiene una cita y el atlético
Back Bay Shuffle de Luis Serrano, Renato Penteado
y Jeremy Cox --en la mejor tradición de los
Nicholas Brothers.
Sin embargo, el dueto romántico
de la Kronenberg y Trividic al compás de Dancing
in the Dark carece de fluidez y limpieza. Las comparaciones
son inevitables en un trabajo que trata de apelar
constantemente a la memoria colectiva del espectador
y en este sentido, usted no puede competir con el
recuerdo de Cyd Charisse y Fred Astaire si en su trazo
se olvida del Wonder of Why Were Here al que hace
referencia la canción, desaprovecha la melodía
y trastorna la esencia de su estilo elegante e íntimo.
Pero El salón de baile del
vecindario esta destinado a ser un gran éxito
de público para el Miami City Ballet gracias
a la energía y el arrojo de un elenco entregado
por entero al disfrute de la experiencia.
En el Vals, por ejemplo, Yann Trividic
convence por su capacidad para trasmitir la vulnerabilidad
de un poeta adolescente y la voluptuosa Michelle Merrell
cautiva por ser una presencia escénica absolutamente
creíble como objeto de deseo.
En Quick-Step, Mary Carmen Catoya
--extraordinaria, como siempre-- sobresale por su
caracterización de flapper divertida. Su Aint
She Sweet? junto a Luis Serrano es uno de los highlights
de Quick-Step, pero ella es igualmente efectiva en
los brazos de Trividic --en circunstancias de atrevido
virtuosismo. Por su parte, Iliana López y Franklin
Gamero consiguen un Yes Sir! Thats My Baby, excelente.
En Mambo, hay que señalar la
arrolladora cualidad de movimiento de Luis Serrano
y Tricia Albertson y el sentido del humor desplegado
por Iliana López como Rosalita, la estrella
del show de un club nocturno latino.
Resumiendo, El salón de baile
del vecindario tiene aún algunos problemas
por resolver --incluyendo demasiados intermedios--,
pero es un alarde de versatilidad tan desenfadado
que merece ser aplaudido sin reservas.
Foto:
PEDRO PORTAL
Fuente: El Nuevo Herald
Abril 2003
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