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Cuando las
tablas cuentan un país
Laura Gentile
El público
colmó las salas. Los teatristas se expresaron
arriba y abajo del escenario. Y hubo polémica:
el decreto de autarquía del Instituto
Nacional de Teatro no conformó a muchos
de los involucrados.
El teatro de un país
es el mejor o es todo el que se hace? Postales
festivaleras desde Mendoza. Un elenco de desenfadados
actores tucumanos de 18 años eligió
un texto escrito por una mujer criada en los
años 50 para hablar de la represión
en la educación. El resultado: Mujercitas
eran las de antes, un grito liberador frente
a normas caducas. El sojuzgamiento femenino
fue tema recurrente en las obras presentadas.
Aunque, en ocasiones, de un modo que hace pensar
que todo sucede |
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en antiguos feudos del 1900. En
los debates, la mayoría de los elencos confluyó
en una queja: estar lejos de las vidrieras porteñas.
Otra queja: que sus públicos condicionan su hacer:
"¿Hablar de la Iglesia en Catamarca?; difícil".
La 18° edición de la Fiesta
Nacional del Teatro que terminó el domingo
en Mendoza mostró grandes contrastes entre
trabajos interesantes con búsquedas personales
y obras más propias de una estudiantina, del
teatro de la calle Corrientes o de programas de humor
en televisión. Entre los primeros ejemplos
se puede nombrar el extrañísimo y bello
La fritche, del grupo cordobés Fra Noi, Un
mundo raro (con altibajos) del correntino Thierry
Calderón de la Barca, Perras de los porteños
Claudio Martínez Bel y Néstor Caniglia
o Cachafaz, también de Capital Federal, dirigido
por Miguel Pittier.
No abundó la mirada original,
ni la huella de esa persona que creció frente
a un lago entre montañas, que la diferencia
de aquella otra habituada a ver el blanco de las salinas
de su tierra. Si abundó un público ávido
de teatro que llenó las salas en todas las
presentaciones.
Los contrastes no se limitan a las
obras en sí. Mientras en una provincia como
Mendoza el teatro se dicta a nivel universitario,
en Ushuaia, por ejemplo, no existe una escuela de
teatro y su historia teatral se remonta apenas a 20
años atrás. En esa zona austral de una
población de 50.000 habitantes, el público
que se acerca a una sala suma apenas unas 1.000 personas.
La temporada de una obra se limita a 15 funciones.
¿Cómo es hacer teatro
lejos del centro cultural del país?, ¿cuáles
son los principales obstáculos? Una actriz
jujeña, Flavia Molina, una directora tucumana,
Patricia García (creadoras de Jamuychis, el
grito), un dramaturgo fueguino, Eduardo Bonafede (Banderita
mía) y un autor de Corrientes, Thierry Calderón
de la Barca (Un mundo raro) dan algunas respuestas.
¿Por qué creen
que algunos elencos aún eligen obras porteñas?
Thierry Calderón de la Barca:
En mi región hay mucha gente que hace teatro
del colonialismo, todavía siguen haciendo Alejandro
Casona o Las de Barranco. Corrientes es un feudo que
preserva códigos de hace 400 años y
hay miedo a cambiar esos códigos.
Eduardo Bonafede: En Tierra del Fuego
no existió teatro hasta la década del
80, porque prácticamente ha sido una isla militar
donde la gente estaba de paso. Recién ahora
se está generando una búsqueda cultural
de identidad. En los 80 comenzamos a trabajar con
textos de Buenos Aires, pero después, con mi
grupo, sentimos la necesidad de empezar a contar cosas
que identificaran a la gente.
Patricia García: Creo que hay
toda una tradición de repetir esquemas y formatos
pero también hay gente que hace sus propias
búsquedas, y eso pasa tanto en el interior
como en Buenos Aires.
¿Ese miedo a romper
estructuras se profundiza en las provincias?
Patricia: No en Tucumán, que
tiene un perfil particular dentro del NOA. Quizás
pasa eso en Catamarca, Jujuy o Santiago del Estero;
pero hay intentos de romper.
Thierry: Cuando hago el planteo estético
no me olvido del público. Nosotros tenemos
un camino en Corrientes, comenzado hace diez años.
No podés, en la primera puesta, exacerbar la
estética porque a vos te gusta; hay tiempos
para cada cosa. Si yo los apuro quiebro el proceso.
¿Resulta más
difícil hacer teatro para gente que no ve mucho
teatro?
Thierry: Creo que se condujo el gusto
de la gente para ciertos objetivos. Vos la querés
llevar al teatro donde le vas a movilizar las emociones
en serio y a la gente le produce miedo. Pelear contra
eso es dificilísimo.
Eduardo: El teatro que escribo es
prácticamente tragedia y he tenido inconvenientes
con el público. Generalmente la gente quiere
ver otra cosa, quiere divertirse, le molesta ver algo
que profundice otro tipo de problemática. Pero
creo que uno tiene que ser fiel a sí mismo.
¿Cuáles serían
los principales obstáculos que enfrentan para
realizar sus obras?
Eduardo: En este momento no hay salas
teatrales, no tenemos dónde trabajar. El único
lugar que existía, la Sala de la Cultura de
la Municipalidad, está cerrado por problemas
técnicos. Los gobiernos de turno le ponen énfasis
a arreglar un polideportivo y el teatro queda para
lo último.
Thierry: Un gran problema es la escasa
o nula respuesta de los organismos oficiales. Cuando
fui a la Subsecretaría de Cultura a pedir ayuda
para los pasajes para venir, no me recibieron. Cómo
nos van a atender en la Legislatura si están
peleando por sus dietas.
Patricia: Todo el interior padece
el clientelismo, pero creo que uno tiene que superar
esas historias. En Tucumán la gente cambió
la cabeza, ya no esperan nada. Con o sin la Secretaría,
vamos a seguir haciendo teatro. Y lo que veo es cada
vez somos más, a pesar de los problemas.
Thierry: Si estamos organizados, sí
podemos hacer un frente. Nos van a respetar cuando
seamos un poder, porque el poder sólo respeta
al poder.
¿El objetivo final
es mostrar en Buenos Aires?
Patricia: Nosotros estamos en un momento
en el que necesitamos que nos vean. Nunca hablamos
de ir a Buenos Aires; no nos interesa. Tampoco sé
si nosotros le interesaremos a Buenos Aires. Más
bien pensamos en las regiones, tener un ida y vuelta.
Lo que más me gustó del encuentro de
Mendoza es que hay un verdadero encuentro. Si uno
sale sólo para mostrar no se produce el encuentro
y uno sigue hermético, no hay un ida y vuelta
y no te sirve de nada.
En las charlas, muchos elencos
se quejaron del aislamiento con respecto a Buenos
Aires y a los festivales internacionales
Patricia: Es cierto que faltan redes
de comunicación que permitan el acceso a la
información. Es difícil que las personas
que toman decisiones te conozcan y les puedas llevar
tu material. Y que, al menos, te digan: "¿Sabés
qué?, lo que pasa es que a vos te faltan años
luz".¨Porque está bien que te lo digan.
Flavia Molina: Un artista joven necesita
continua formación y a veces debe tirar solo,
porque determinados grupos que han tenido acceso a
información o contactos, no lo comparten y
no lo van a compartir. Hay mucho egoísmo y
eso nos aísla.
Otra queja recurrente es que
los grupos que participan en festivales internaciones
son siempre los mismos ¿Cómo se vive
eso?
Patricia: Como una gran injusticia,
lógicamente. Pero hay cosas que te superan,
son macroestructuras. Si todos los días tenés
hambre podés disimular, decís bueno
canto una canción pero a la noche, cuando te
vas a dormir, siempre te acordás que tenés
hambre. Yo creo que también uno se acuerda
que esto no está funcionando como tiene que
funcionar pero no hay que lamentarse nada más.
Creo que nosotros también deberíamos
tocar las puertas y decir: Señores, están
funcionando mal.
¿Y eso se hace?
Patricia: No, y es una falla nuestra.
Fuente:
elclarin.com
Abril
2003
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