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Obras de Abelardo
Estorino
Comentarios
| El conflicto entre
lo nuevo y lo viejo va a aparecer en la dramaturgia
cubana por varias vías y desde fecha temprana.
Así, lo encontramos ya en El robo del cochino,
de Abelardo Estorino. (…) Entre las cuatro
paredes de una sala de estar, los personajes se
disputan actitudes vitales distintas. La madre
ha convertido el recuerdo de la hija muerta en
su única posibilidad de sobrevivir. El
supuesto realismo del padre parece instalarlo
en el presente; no sabe que, privado de futuro,
ese presente ya está muerto, condenado
por el avance de la insurrección popular.
Por razones personales, la imagen del encierro
provinciano persiste en la obra de Estorino. En
un contexto sugerido con precisión, los
muros parecían haberse derrumbado con El
robo del cochino. Volvemos a encontrarlo en La
casa vieja. Hecho desde la perspectiva de un intelectual,
el planteamiento es ahora exclusivamente moral.
Es cierto que prejuicios y convenciones sobreviven
a las circunstancias que les dieron origen y son
asimilados por quienes no tienen motivo histórico
alguno para hacerlo. Pero, los cimientos de la
casa se habían resquebrajado tiempo atrás,
y los términos de la contrapartida ya no
son los mismos. |
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Tuvo Abelardo Estorino la lucidez
necesaria para lograr a un tiempo, con El robo del
cochino, el esquema de la familia pequeño-burguesa,
llevarlo hasta sus últimas consecuencias y
abrir las perspectivas de su liquidación. A
este propósito responde el limpio desarrollo
de una línea dramática, en la cual lo
viejo se adentra progresivamente en la impotencia
y la ignominia, apoyado en una moral social que pasa
de la carencia de asideros reales a la negación
de los principios que aparentemente la habían
sustentado. Frente a ese derrumbe, lo nuevo comienza
por afirmarse en tanto que distanciamiento crítico,
hasta llegar al enfrentamiento y a la ruptura definitiva.
GRAZIELLA
POGOLOTTI
La casa vieja
La teatralidad de La casa vieja responde,
con crédito de absoluta nacionalidad, a una
peculiar mirada a la tradición dramatúrgica
de Occidente y del país. Toma de Chéjov
la precisión que desata un mecanismo de relojería
y sus atmósferas que se cargan paulatinamente,
así como del realismo sicologista norteamericano,
un veraz y equilibrado diseño de los personajes.
Esto, gracias a la originalidad de Estorino al recrear,
además, una calidad específica del lenguaje
popular cubano, le confiere una notable perfección
a la obra, lo cual explica su rango como el primer
gran hito del autor, amén de su éxito
con El robo del cochino.
OMAR
VALIÑO
La dolorosa historia
En La dolorosa historia del amor
secreto de Don José Jacinto Milanés
Estorino establece sugerentes y acertados vínculos
entre el desequilibrio mental del poeta y la dramática
realidad socio-política que le tocó
vivir. La obra recrea todo un momento de nuestro pasado
y para ello utiliza buena cantidad de personajes históricos,
con una decidida interpretación de posiciones
y hechos, pero lo que importa es el conjunto y en
esto la visión tiene fuerza y uno siente como
pocas veces lo que pudo ser aquel dantesco proceso
llamado de "La Escalera". El escenario es
un espacio libre, en el que luces, movimientos y objetos
van recreando una atmósfera poética
y eficaz. La funcionalidad preside el juego escénico,
como esos negros que colocan los muebles y la utilería.
Y así se vinculan, natural y complementariamente,
la dolorosa historia del amor secreto del poeta y
la aún más dramática vivencia
de aquel momento histórico.
SALVADOR
ARIAS
Estorino escribe La dolorosa historia…después
de un exhaustivo proceso de investigación documental.
La azarosa existencia del poeta, su brillante creación
artística, las limitaciones que le impuso una
familia numerosa y de escasos recursos, su temprana
y aún no esclarecida locura, el atormentado
amor imposible y el complejo contexto lleno de corrupción,
pragmatismo y crueldad en medio del mundo esclavista
que le tocó vivir, son aristas temáticas
que el dramaturgo eslabona con maestría, al
mezclar hechos reales fielmente extraídos de
fuentes documentales y escenas donde suelta las riendas
de su imaginación, para presentar su interpretación
personal de hechos y figuras a la luz del presente,
su propuesta contemporánea y polisémica
de diálogo con el lector-espectador. La palabra
juega un papel fundamental y es una fiel aliada a
los procedimientos de renovación que propone
la pieza. El autor confirma nuevamente su eficaz dominio
del diálogo y la sintaxis del lenguaje coloquial,
esta vez con la elaboración poética
y la distancia estilística que demandan los
personajes y la atmósfera de la época.
La dolorosa historia del amor secreto
de Don José Jacinto Milanés, desde su
compleja estructura y su profunda indagación
de autoctonía, en esa batalla interminable
de Abelardo Estorino por descubrir la verdad, consigue
resonancia universal y perdurable, tan cercana como
la última intervención del Mendigo cuando
recuerda que "los poetas no se entierran. Viven
cada vez que se abre un libro."
VIVIAN
MARTÍNEZ TABARES
Estorino ha compuesto su texto de
manera tal que este tema central --la búsqueda
por el hombre de un sentido, de su sentido-- se convierta
en su principio estructural, en la clave de su organización
formal más profunda. La dolorosa historia…
se nos presenta como el acto de "alguien"
que recuerda la vida de Milanés. El poeta y
el Mendigo obedecen a una voluntad exterior a ellos,
que trata de encontrar el "camino" de esta
existencia; para ello ese "alguien", auxiliado
del Mendigo, elige los actos claves que han de ser
representados. Por encima de la escenificación
naturalista, hay una representación distanciada,
que comenta, que cita, un discurso que reflexiona
sobre sí mismo. El discurso es un conjuro,
convoca diversas imágenes, juegos y ritos,
a cuyo través se propicia una revelación.
En esa búsqueda, Milanés es objeto y
sujeto. Él debe rememorar su calvario. Pero
sólo por instantes logra una distancia; la
fuerza de la evocación le arrebata la lucidez
y lo arroja, una y otra vez, a un doloroso acto de
reencarnación; esta dualidad objeto-sujeto,
distancia-identificación, reflexión-vivencia,
alcanza su apogeo en el monólogo del delirio
y en las escenas finales de la pasión y el
diálogo con Del Monte.
Estorino ha concebido una acción
en la que se imbrican con virtuosismo, pero sobre
todo, con inspiración, dos planos: historia
y existencia.
MAGALY
MUGUERCIA
Especialistas en la obra de Abelardo
Estorino suelen ubicar el cenit de la pasión
de nuestros escritores por lo poético en el
estreno de La dolorosa historia del amor secreto de
Don José Jacinto Milanés, publicada
en un tomo en 1984 y que subió a las tablas
un año después de la mano de Roberto
Blanco con Teatro Irrumpe. Opino que la relación
entre dramaturgia y poesía es una de las condicionantes
de la arrancada de este período y, a su vez,
lo recorre en buena medida. El primer argumento se
localiza en la trayectoria del formidable Estorino.
Un año después del estreno de La dolorosa…,
lleva a escena como director, con rotundo éxito,
La verdadera culpa de Juan Clemente Zenea. Algunos
sospechan que esta experiencia influyó en la
tenacidad con que Estorino continúa su laboreo
en la vida de Milanés y en la brillante síntesis
que logra ya en los noventa con Vagos rumores.
AMADO
DEL PINO
Morir del cuento
Estorino utiliza ampliamente los recursos
expresivos escénicos, usa el teatro dentro
del teatro, confunde expresamente el tiempo, entrega
planos diversos y hasta contradictorios de una misma
realidad, distancia al actor del personaje, rompe
la cuarta pared, emplea el espacio como escenografía,
dinamita la estructura dramática, atomiza la
fábula, no concluye argumentalmente la acción,
y sobre todo, supera el esquema cerrado de los conflictos
familiares pequeñoburgueses que lo emparentaban
con una línea de creación que inaugura
Ramos, perfecciona Piñera y lleva a una situación
límite Triana. Y como Estorino parece no interesarse
en la historia en sí (el qué) sino en
el modo de expresarla (el cómo) su obra (Morir
del cuento) gana una multiplicidad de significados
que enriquece notablemente su producción última.
Y sin embargo, a pesar de esta diversidad
de recursos, la semilla de su teatro permanece invariable
y continúa la indagación de la autenticidad
del hombre, de esa íntima visión ante
el espejo, de ese desnudar las máscaras para
concentrarse en un personaje que solo, en un escenario
desnudo, nos confiesa la verdad de su vida, su autorreconocimiento.
RINE
LEAL
Perfectamente imbricada al arco que
trazara su dramaturgia anterior, Morir del cuento
alcanza otro rango en el planteo del contenido y la
forma, resultado de una dialéctica y consecuente
evolución del dramaturgo. Estorino continúa,
amplía y enriquece el método realista
que ha caracterizado sus mejores piezas.
La estructura lineal con tres tiempos
(exposición, nudo y desenlace) que respetara
en El robo… y luego violentara en Ni un sí
ni un no, aquí es vuelta de derecho en revés
en un despiece cuya libertad descubre posibilidades
inusitadas. Vuelven a converger, en perfecta armonía,
el melodrama, el naturalismo, el humor, el simbolismo
y la influencia brechtiana.
La superposición de planos
de la realidad y el recuerdo no son un fin en sí
mismos, son el medio para revelar la esencia de los
caracteres y las relaciones sociales entre ellos.
El teatro dentro del teatro es un subterfugio que
permite al autor un despiece minucioso de actitudes
y modos de comportamiento de un conjunto de seres,
a profundidad tal que lo convierte en la disección
de la pequeña burguesía cubana. La historia
está narrada y representada a saltos, se adelanta
un indicio y se interrumpe otro; se vuelve muy atrás
o se avanza arbitrariamente, en apariencia. Al final
del primer acto ya sabemos bastante del crimen que
se relatará en el segundo, y en ése
vuelve a aparecer Tavito para representar otros hechos
que irán completando los eslabones de una cadena
perfectamente engranada pero desmembrada en mil pedazos.
Si la trama, contada de ese modo, no nos guarda grandes
sorpresas, las soluciones formales sí nos asombran
a cada momento. La acción se retarda, se superpone
y el final se prolonga en sucesos fragmentados. Obra
de experimentación y madurez, renovación
y maestría, Morir del cuento resume la dramaturgia
de un gran autor y constituye un momento cumbre en
la historia del teatro cubano contemporáneo.
VIVIAN
MARTÍNEZ TABARES
Morir del cuento es la obra precursora
de las formas abiertas en el teatro cubano contemporáneo,
escrita por el dramaturgo mayor, quien ha ensayado
todas las posibilidades de la escena realista y la
estructura aristotélica. Estorino, en el interior
de su propio recorrido autoral, muestra una admirable
coherencia entre las intenciones de sus primeras obras
y sus constantes temáticas.
Si en La casa vieja el conflicto se
interioriza, todavía son significativos los
hechos en términos de acción. Sin embargo,
en Morir del cuento lo importante es el cómo,
el proceso de deconstrucción del "suicidio"
de Tavito y los motivos del "crimen" a partir
de una noticia aparecida en la prensa de los años
30. Así, el juego teatral se establece con
la llegada de los personajes a un "extraño
lugar" (laberinto o vericueto, que es como una
iglesia sin altar) donde ocurrirá el juego
del teatro dentro del teatro, la ceremonia de recontar
la historia de cincuenta años de la familia
Valladares-López, fragmentaria, a saltos, imprecisa
y difuminada, porque el conflicto se desplaza a la
memoria que se constituye en el eje central.
Su texto, calificado como " novela
para representar" disloca tiempo y espacio, expone
diferentes planos narrativos y permanece como la obra
más atrevida de la década.
ROSA
ILEANA BOUDET
Las penas saben nadar
Estorino, una vez más, da una
lección de lo que es hacer buen teatro. Sobrio
y profundo, se adentra en la trama de Las penas saben
nadar con esa calma ajena a las estridencias formales,
pero que denotan el dominio de quien sabe aprovechar
del tema escogido la mejor arista, llegar donde pocos
y conmover al público. Aquí también
vamos a presenciar la miseria humana, esta vez de
la actriz que se debate entre sus posibilidades y
sus limitaciones y las del tiempo que le tocó
vivir, el nuestro. Todo resuelto en un brillante texto.
GERARDO
FULLEDA LEÓN
Vagos rumores
Vagos rumores no es el acomodo, para
una actriz y dos actores, de parlamentos que en Milanés…
aparecían repartidos en docenas de personajes,
ni es la reescritua de aquel texto excelente, y en
consecuencia actual. He podido hacer el cotejo de
los dos libretos, y lo que ha ocurrido es un acto
de síntesis y de reinterpretación en
personajes y situaciones. La primera consecuencia
es una ganancia en densidad poética e intensidad
dramática. ¿Qué más se
pudiera pedir? Y la segunda, es que los temas alcanzan
una hondura y claridad que harían entrar a
Vagos rumores en la clasificación de Obra Maestra.
REINALDO
MONTERO
En 1992, Vagos rumores, una reciente
versión de La dolorosa historia…, enfatiza
en la responsabilidad del individuo ante su realidad
social, y otra vez la mirada al pasado es un recurso
artístico para leer el presente; la historia
es un camino para llegar a la contemporaneidad y descubrir
claves que, a veces por inmediatas y cotidianas, se
escapan de una pretendida mirada objetiva.
La elevada exigencia ética
con que Abelardo Estorino asume la creación
teatral se articula con un tema recurrente en su obra:
el análisis del papel del artista en la sociedad
contemporánea, motivación que se refleja
de modo directo en La dolorosa historia… y mejor
aún en Vagos rumores, después de tímidos
enfoques metafóricos en el Esteban de La casa
vieja o el Ismael de Morir del cuento. No es casual
entonces que en muchos de sus textos el recurso del
teatro dentro del teatro sea consustancial a la estructura
misma, o que en las últimas obras aparezca
con insistencia el mundo de la escena por dentro.
En la composición interna,
Estorino organiza el texto de manera que se percibe
con claridad su papel activo detrás de la estructura
que mueve a los personajes. Ellos no se comportan
del modo habitual sino que la convencionalidad teatral
se evidencia para mostrar cómo alguien que
quiere confrontar las peripecias de la vida de Milanés
condiciona la aparición de esos recuerdos.
Esta perspectiva distanciadora permite
al autor una reflexión paralela al texto mismo,
a través de cada cita y de cada entrada y salida
de los personajes centrales en los personajes de la
evocación. Estorino se mueve con mayor libertad
en la caracterización a la hora de fundamentar
sus comportamientos, especula o da rienda suelta a
la imaginación, al desmitificar la leyenda
de sacrificios de Carlota (…) y no necesita
justificar cada reacción (como cuando Milanés
invoca a la hermana en una poesía de resonancias
amorosas y equívocas), sino que las presenta
dentro de un nivel de sugerencia y ambigüedad,
abiertas a una polifonía de lecturas e interpretaciones.
VIVIAN
MARTÍNEZ TABARES
Parece blanca
Hay que decirlo
enseguida, la versión de Abelardo Estorino
(Parece blanca)
nos habla en un presente palpable, hasta el
lenguaje de los personajes anda equidistante
entre la primera mitad del siglo XIX y el día
de hoy, pero el dramaturgo no se deja tentar
por el vicio de la actualización, su
Cecilia no usa "brillos" ni ronda
las discotecas, la fidelidad a la trama delineada
por Villaverde en la Cuba del gobierno de Vives
se hace poco menos que obsesiva.
No obstante, gracias a esa concentración
de conflictos y relaciones que se llama buen
teatro, Estorino no es puntilloso con la anécdota.
Merced a que muestra el asesinato de Leonardo
en la primera escena, la reflexión puede
centrarse en las razones del crimen y en la
magnitud de las culpas. Y por último,
como el dramaturgo superpone una segunda acción
de su absoluta autoría, se urden sugestivos
apremios y expectativas en la tierra de la ficción
literaria.
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Pero estoy convencido que el primer
hallazgo de esta Cecilia Valdés es el propio
título. Parece blanca nos avisa sobre el juego
de apariencias y el querer ser que se posesiona de
cada personaje. Porque no sólo a Chepilla,
Charo y Cecilia (abuela, madre e hija) les obsesiona
la "limpieza de sangre", los pardos Pimienta
y Nemesia están fascinados por otra cosa distinta
(llámese clarinete o llámese hombre
capaz de comprar una esclava) que no sea su calvario
mundo de todos los días, el campesino riojano
llamado Cándido aspira a la nobleza, Rosa ansía
la santificación de su hijo, Leonardo e Isabel
pretenden perpetuar por siempre sus actuales estados
de libertinaje y libertad. El segundo hallazgo es
centrar la atención sobre Leonardo, subrayarlo
como eje de los conflictos, y atreverse a desfocar
el resto de los personajes, Cecilia inclusive.
REINALDO
MONTERO
Parece blanca remite a personajes
que viven en el universo ficcional y son "mitad
verdad-mitad mentira", interrumpen la acción
y proponen " ocuparnos de otros", o, como
la radionovela, emplean el recurso de adelantar la
intriga: "¿A qué aspiraba Cecilia
al cultivar relaciones con Leonardo de Gamboa?",
o niegan la "escena obligatoria" para culminar
en una apoteosis postmoderna cuando los personajes
de Villaverde sueñan con pertenecer a Balzac
o Faulkner, y Rosa, burlona, añora ser Molly
Bloom.
Estorino utiliza una variedad de recursos
estilísticos y narrativos, entre otros, el
intertexto, la cita y el homenaje. Está Piñera
y, sobre todo, una autonomía y un ritmo caribeño
para crear un entorno, el espacio de "servidumbres
yuxtapuestas" que es el siglo XIX cubano. La
osadía en el tratamiento del espacio le permite
ir más allá de una reinterpretación
y ofrecer su imagen de Cecilia…liberada del
oropel zarzuelero con el que se la identifica en la
triunfal "entrada" de Gonzalo Roig como
símbolo de cubanía. Y así Estorino,
fiel a sus constantes y con renovados recursos expresivos,
dibuja un entramado de relaciones entre poder, sociedad
patriarcal esclavista, mujer y raza para que, desde
el título, su "parece" aluda al interés
por ascender de esta mulata fatal que declara: "…Blanco
no es un color: es que te vean blanca, te saluden
blanca, te piensen blanca".
ROSA
ILEANA BOUDET
El baile
Los personajes parecen inventarse
unos a otros y a veces se detienen a analizar cómo
podría terminar la obra. El recurso es una
forma efectiva de abrir la obra más allá
de las paredes fantasmagóricas de la casa de
Nina y se convierte en un comentario mordaz sobre
temas que cualquier lector de literatura latinoamericana
podría reconocer (…).
D. J. R. Bruckner, The New York Times,
10 de mayo del 2000 (Sobre El baile)
En El baile de Abelardo Estorino todo
es tan simple y crucial como los conflictos entre
el autor y la página, el dramaturgo y la construcción
de los personajes, la fábula y el modo de contarla,
la vida y su representación. (…)
Así, el resultado más
exterior es que la obra adquiere un pulso entrecortado
que nos conduce, como en ningún otro trabajo
de Estorino, al teatro de la memoria, pero de una
memoria escurridiza, dolida, por supuesto que también
inconexa y caprichosa que agrede por igual los límites
de la abstracción y nuestra experiencia personal
de los comportamientos humanos.
Una obra de arte como El baile es
de las buenas cosas que nos puede suceder en este
mundo.
REINALDO
MONTERO
Fuente:
Cubaliteraria.com
Abril
2003
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