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PUGNA POR OBRAS
CUBANAS
Norma Niurka
Eufórico y triunfante, Miguel
Ferro se bajó del avión procedente de
Nueva York. El administrador del programa teatral
de Venevision International disfrutaba de su recompensa
a las angustias que había sufrido últimamente
con su decisión de traer a Miami, Havana Under
the Sea, un musical dirigido por Max Ferrá,
en el teatro INTAR, de Off-Broadway.
Como hemos informado, con su nombre
original, Santa Cecilia, de Abilio Estévez,
estaba anunciada como participante del Festival Internacional
de Teatro Hispano para este año, en el montaje
de Vivian Acosta, actriz residente en España
que, supuestamente, tenía los derechos de la
obra. Después de un tiempo de litigio, el autor,
residente entre La Habana y Madrid, aclaró
que era Max quien tenía los derechos de autor
en Estados Unidos. Después de ganar esa lucha,
Ferro tuvo que competir con Arnold Mittelman, director
del Coconut Grove Playhouse, quien también
quería estrenar la obra en su teatro.
Ferro ganaba la segunda pelea: Max
aceptaba su propuesta, y, además, accedía
a que la protagonizara una actriz de Miami, Marisol
Calero, a quien llevó a audicionar frente al
director.
La Habana bajo el mar se estrenará
en noviembre en la sala de Venevisión Internacional,
en la US1. Lo que Ferro no sabía era que al
bajar del avión le esperaba otra lucha por
la misma causa que la primera: los derechos de autor.
Había contratado a Max para montar en julio,
Mar nuestro, una pieza sobre tres balseras, del autor
cubano de la isla, Alberto Pedro, de quien había
obtenido los derechos y que estrenarían en
VI con el nombre de Fe, Esperanza y Caridad.
Marisol, que está ensayando
una obra en el Teatro Abanico, de Lili Rentería,
le comentó a ésta, que la obra de Pedro
se montaría en Miami.''Así me entero
yo de que se va a estrenar aquí la obra que
yo vengo trabajando desde febrero para montar el 27
de junio'', dice Lili, quien alega hizo los arreglos
con la hermana del autor, Dolores Pedro, actriz radicada
en Puerto Rico que ya la ha estrenado en esa isla.
``Ella tiene una carta de su hermano dándole
la autorización''.
''Le tuve que mandar por fax [a Lili]
el contrato que tengo con Alberto Pedro'', dice Max,
``y fue cuando el autor se enteró de que otros
en Miami querían poner su obra''.
''Hubo amenaza de demanda'', protesta
Lili. Pero Max, entusiasmado con su proyecto de dirigir
dos obras aquí, afirma: ``Le tengo respeto
a todos ellos [los involucrados en el caso de Santa
Cecilia y en el de Mar nuestro]; aquí no hubo
mala fe, solamente mala comunicación''.
Lili Rentería ya tiene sus
planes: ``Si no la puedo poner ahora, cuando se terminen
sus derechos de autor, yo pongo mi versión''.
Al cierre de esta columna, Alberto
Pedro me dijo desde Cuba: ``La exclusividad de la
versión la tiene Max, pero no la tiene sobre
la obra''.
Fuente:
El Nuevo Herald
Abril
2003
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