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Gustavo Ott
“La Caracas violenta asusta al público”
Itzíar DE FRANCISCO
Es el máximo exponente de
la dramaturgia venezolana, punta de lanza de un teatro
que no consigue llegar al “lado de acá”.
El caso de Gustavo Ott es una excepción. En
Madrid ha estrenado Divorciadas, evangélicas
y vegetarianas, Gorditas, Nunca dije que era una niña
buena y Passport. El pasado mes de mayo se representó
en Valencia su Bandolero y malasangre y el 6 de agosto
se estrena en Ensayo 100 Fotomatón: Cachondeo
nacional en 2 tiempos, dentro del Ciclo Iberoamericano
de las Artes.
–¿En qué consiste
Fotomatón: Cachondeo nacional..?
–Fotomatón nos presenta un panorama gracioso,
enternecedor y patético de la familia actual.
En él pasas de la comedia al drama más
personal, de la risa corrosiva a las lágrimas.
Nos recuerda quiénes somos, los prejuicios
que desplegamos con alegría y ese sentido de
fascismo cotidiano de nuestros actos más sencillos.
–¿Qué temas le
interesa reflejar a través de la escritura
teatral?
–Escribo sobre toda situación que tiene
potencialidad de metáfora. Si el espectador
la entiende, vamos bien. Si no, he fracasado. Mis
temas están vinculados también a esa
relación entre el éxito y el fracaso,
el poder, la amistad, los prejuicios, el odio y ahora,
con miedo, el tema de Dios. Toda gran pieza toca ese
tema y ando detrás de esa gran obra. Hago muchas
comedias, me gusta el teatro comercial –el que
hace dinero y lo hace bien, inteligentemente, con
las más poéticas concesiones posibles–
pero también hago un teatro de arte duro, sin
contemplaciones, a quemarropa.
–¿Se siente representante
de la escritura de su país?
–Mi teatro es de Venezuela, no solo en lo que
escribo, sino mi compañía y el Teatro
San Martín de Caracas, una institución
ubicada en una de las zonas más pobres de la
ciudad. Me gusta que se note en mi obra la influencia
de Santana, Chocrón y Chalbaud. Mis paisajes
son Venezuela y Latinoamérica. Venezuela es
mi dolor, ese sitio donde políticos y funcionarios
hablan sólo del poder, de cómo utilizarlo
para su beneficio mientras la agenda de la gente es
un tema inédito. Mi nación es un concierto
de oportunidades perdidas. Si no generamos una poesía
dramática al respecto, seremos unos inútiles.
–¿En qué situación
se encuentra el teatro en Venezuela?
–Nuestro teatro se descapitaliza ya no sólo
de dinero –que define las carteleras–
sino de artistas, lo que funeralmente tiende a definir
toda una época. La violencia que se vive en
las calles de Caracas arrinconan la noche y al espectador
en sus casas, a sus televisores, a lo peor de sus
vidas. Vivir en Caracas es una de las experiencias
solitarias más peligrosas.
Fuente:
El Cultural
Agosto - 2003
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