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Teatro
en España
“SOMBRAS”, DE NATI VILLAR: REFLEXIÓN
CONTRA EL MACHISMO
Salvador Enríquez
A estas alturas
del verano en Madrid, sigue su curso el IV Ciclo
Iberoamericano de las Artes, organizado por
la Sala Ensayo 100, y de cuya programación
dimos cuenta su día. Las representaciones
están siendo a cuál más
interesante tanto por la variedad temática
como por los planteamientos estéticos.
Recientemente vimos “Sombras”, de
Nati Villar, en un montaje de la compañía
Teatro Arena, con interpretación de la
propia autora y de Ilda Fava quien también
dirige el montaje.
Hace tres años tuve ocasión
de ser lector privilegiado de “Sombras”,
cuando aún era un texto inédito,
como miembro del jurado que le concedió
en Primer Premio en el III Certamen de Textos
Teatrales de Torreperogil (Jaén). Tras
el seudónimo con el que se presentaba
la obra entreví una mano femenina interesada
por los problemas de la opresión machista.
Hay opiniones contrarias a la idea de que haya
textos femeninos o masculinos, a pesar de ello
en este caso lo intuí y no me equivoqué.
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Como prólogo
para el volumen en el que se publicó la
obra escribí: “Natividad Villar plantea
en “Sombras” un problema eterno: la
búsqueda de la libertad y la autodestrucción
al no conseguirla o la autoinmolación como
medio de llegar a ella. En la obra está
presente el conflicto que se genera por la opresión
de la sociedad sobre los seres humanos y la violencia
que conlleva, ya sea por convencionalismos o creencias,
que los puede conducir a la propia destrucción:
Es el caso de las dos mujeres que protagonizan
la obra (a las dos las considero protagonistas.)
Ambas tienen procedencia muy distintas, pero su
vida confluye en un mismo lugar: un hospital psiquiátrico
que también es una cárcel. Rosalía,
víctima del machismo más atroz,
es encerrada por su marido en el psiquiátrico
para poder mantener la imagen de su posición
social, frente a otra mujer, |
Melani, una joven inmigrante engañada
por las mafias que trafican con seres humanos como si
de mercancía se tratara, que es llevada al mismo
psiquiátrico para cumplir condena por haber matado
a un “cabeza rapara” que le propinó
una paliza. Es, a mi modo de ver, una obra dura y difícil
de interpretar, bien escrita y con un interesante juego
escénico de luces y cambios en el tiempo que
la hacen mágica dentro del realismo del tema.
Es crítica con elementos que creemos trasnochados
pero que están vigentes en muchos sectores de
la sociedad”
Sabido es que un texto teatral no
está culminado hasta que se pone en escena
y, en ocasiones, su éxito depende de ello.
En este caso el resultado merece un gran aplauso.
Con algunas modificaciones sobre el texto inicial,
una escenografía intensamente blanca introduce
al espectador más allá de la sala de
un hospital, quizá en el mágico espacio
intemporal de los sueños y los deseos; la violencia
del subtexto contrasta con el impoluto blanco, y es
que los contrastes están patentes: la aparente
resignación de “Rosalía”
con la violencia verbal de “Melani”; el
odio y el miedo inicial de la una hacia la otra con
el punto de esperanza que nos sugiere el final y la
interpretación suave, llena de matices, de
Ilda Fava con el cálido gesto de Nati Villar,
violenta en ocasiones mientras deja traslucir la necesidad
de recibir cariño y darlo también. Una
interpretación de ambas actrices que se ganó
los aplausos del respetable en una cuidada y muy acertada
puesta en escena.
senriquez@worldonline.es
Colaboración desde Madrid (España)
para www.teatroenmiami.com
Agosto
- 2003
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