|
Apocalipsis
en Miami
por ALEJANDRO RíOS, Miami
Estrenada por Abanico
Productions, bajo la dirección del cubano Ernesto
García, 'El celador del desierto' apuesta por
la fijeza corporal propia del teatro.
| Después que
las torres del World Trade Center se desintegraran
como un fatídico juego de Lego a la vista
de todos. Cuando mentes enfermizas pudieran tener
acceso al devastador poderío nuclear para
chantajear el curso natural del mundo que conocemos
y tanto se ha especulado —en la literatura
primero y en el cine después— con
la desaparición de la humanidad y la posibilidad
de unos pocos sobrevivientes a la hecatombe. ¿Qué
nos hace asistir a una puesta teatral intensa,
filosófica, de escasos recursos enaltecidos
por la imaginación, casi dicha en versos,
sobre un tema similar? |
 |
¿Será posible competir
con lo que la mente del lector solitario puede ir
diseñando llevada por los artilugios de la
(ciencia) ficción literaria? ¿Vale la
pena jugarse el todo por el todo con una puesta en
escena que no repare en terminators y "matrices
recargadas", universo de infinitas posibilidades
visuales, donde los llamados efectos especiales protagonizan
y los actores pueden ser bellos y seso huecos sin
menoscabar la magia de ver y casi creer?
Ernesto García, quien escribió,
dirigió y musicalizó, entre otras labores,
El celador del desierto, estrenada en Miami por Abanico
Productions, apostó por la fijeza corporal
propia del teatro —privilegio vedado a otras
manifestaciones artísticas—, y por el
duelo físico y verbal de sus dos actrices protagónicas:
Sandra García y Grettel Trujillo.
Cuando las luces se apagan y comienza
la jornada aciaga de El celador del desierto y sus
impenitentes inquisiciones, sospechamos que seremos
los pasajeros de un "road-teatro", un viaje
con diversas estaciones, sin movernos de nuestros
asientos, embriagados no sólo por su espectacularidad
de cámara, discreta, sino, sobre todo, por
el embrujo de las pasajeras-contendientes, una cínica
anciana sabia y represiva y la joven Magdalena, escapada
de las páginas bíblicas, dispuesta a
sobrevivir a toda costa.
La impronta discursiva del texto recuerda
la penumbra teórica, donde los artistas cubanos
de los años ochenta guardaron a buen recaudo
sus ansias de libertad. Detrás de cada complejidad
deliberada se ocultó una necesidad insatisfecha.
Hasta cierto punto, El celador del desierto, al argumentar
el futuro pesaroso, está elaborando el revival
de una insólita década prodigiosa, donde
la infidencia devino expresión artística
en medio de la represión cotidiana que le dio
por jugar a libertad en una operación de relaciones
públicas abortada, con exilios, prisiones y
clausuras de eventos.
La obra es la experiencia del autor
traducida a un retablo de especulaciones posibles,
y la de cada espectador, escarbando en los desperdicios
nucleares respuestas a interrogantes universales.
Hay una voluntad de aliviar el diálogo heavy
con desplazamientos casi danzarios de las actrices.
El énfasis al decir casi pertenece a la ópera.
El personaje de García, consciente de su poder
corruptor sobre la vulnerabilidad del de Trujillo,
llamado a evolucionar y envalentonarse en cada provocación.
Es una fiesta para los sentidos disfrutar
dos maneras distintas de aproximarse a la actuación.
Sandra García domina los recursos faciales
y presenta como nuevos, lugares comunes que emplea
totalmente a su favor. Grettel Trujillo descansa en
sus ojos de asombro y se mueve con notable plasticidad.
Ambas ostentan voces que truenan y circulan límpidamente
en el espacio teatral.
El celador del desierto es un fogonazo
que encandila el panorama teatral de Miami, mas entrenado
en ciertas convenciones y costumbres. El placer que
proporciona está endeudado con la poesía,
en términos de imágenes y sensaciones.
Cuando se apagan las luces del teatro comienza la
otra función, donde tratamos de ordenar metáforas
y rumbos sugeridos. Cada cual llegará a su
propia conclusión en el ejercicio que, tal
vez, más complazca al dramaturgo, ciertamente
complacido de que nos hizo partícipes, por
un tiempo, del ámbito de sus más caras
inquietudes.
Fuente:
Cubaencuentro.com
Agosto
- 2003
|