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Taller de Teatro de Paysandú-Uruguay
Diario de Viaje

27/5 El Telégrafo
Taller de Teatro arriba hoy a La Paz
Arriba hoy a La Paz el Taller de Teatro de Paysandú, que mañana miércoles tendrá la primera de las funciones pactadas en la gira por Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, que culminará a mediados del mes entrante.
«Es ciertamente un desafío sin precedentes el que toma el Taller», dijo Raúl Rodríguez antes de iniciar el viaje el domingo.
«Porque en los viajes a Moscú, por ejemplo, se trataba de egresados, de alumnos que habían completado tres y cuatro años de capacitación y que habían alcanzado la promoción con muy buena técnica, pero ahora estamos viajando con alumnos del Taller», agregó.
Explicó también que «esto se debe en parte a que el festival organizado por la Universidad Central de Ecuador, es precisamente para elencos jóvenes, pero entendíamos que no se podía hacer un viaje tan largo simplemente para actuar en un festival, por lo que pudimos organizar esta gira que ciertamente será enriquecedora para todo el elenco, muy joven y al mismo tiempo con muchas ganas y mucha fuerza».
La llegada hoy a La Paz, a más de 3.600 metros de altura, resulta fundamental para el elenco, pues deberá aclimatarse en pocas horas, para mañana dedicar toda la jornada a la primera actuación, con la obra de Ernesto Herrera «El pan nuestro».


28/5 El Telégrafo
Taller de Teatro llegaba anoche
a La Paz tras varios contratiempos

POTOSI, 27. (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). Cincuenta horas después de abandonar Paysandú, la delegación del Taller de Teatro de Paysandú todavía no ha podido alcanzar La Paz, debido a una serie de contratiempos, que uno a uno se han ido solucionando.
Al momento de escribir esta nota, en la histórica ciudad de Potosí, en el centro de Bolivia, donde cada piedra puede perfectamente contar una historia, el reloj marca las 15.34 de Bolivia (16.34 de Uruguay). Y si todo sale bien, se espera arribar a la capital boliviana a medianoche.
SEMEJANZAS
En realidad, este viaje ha presentado en su inicio semejanzas con el primer viaje internacional del Taller de Teatro, a Moscú en el año 2000, cuando casi no se puede abordar el avión de Aeroflot rumbo a Moscú (con escala en Túnez) debido a problemas con dos pasaportes de la delegación. Cuando faltaban pocos minutos para el decolaje, una llamada providencial de Raúl Rodríguez pudo destrabar la situación y se cumplió normalmente con el viaje.
Este tiene semejanzas. Hasta ahora cuenta con una detención de Gendarmería Nacional de Argentina, la rotura de una cubierta del minibus y la rotura de una cubierta del trailer que transporta el equipaje.
PARTIDA
Abrazos, lágrimas, promesas de llamar, de escribir por Internet, en fin, lo de siempre, marcó el inicio de la gira 2003 del Taller de Teatro de Paysandú, que a las 14.54 del domingo partió desde su sede. A las 18.45 abandonaron el país por Bella Unión, pasando a Brasil por Uruguayana y a Argentina por Paso de los Libres.
Se viajó durante toda la noche, para mantener un buen promedio y para arribar el martes de mañana (después se vería que sería solo una ilusión) a La Paz.
La marcha continuó durante todo el lunes, con detenciones solamente para combustible y breves descansos. Hasta que llegaron los inconvenientes.
GENDARMERíA Y CUBIERTA
Llegando a Tres Cruces, en la provincia de Jujuy, y de manera totalmente imprevista, un soldado de Gendarmería Nacional sale raudo a la carretera con la intención de detener al vehículo de la delegación, el que solamente puede frenar unos cincuenta metros más adelante.
El soldado parece decir «adelante», así que se continúa, pero a pocos kilómetros, en Abra Pampa, el minibus es detenido por otros efectivos de Gendarmería, con caras de pocos amigos. Habían sido notificados desde el puesto anterior y estaban dispuestos a hacer pasar un mal rato a todos.
Así que minibus y delegación, derechito para la comisaría. Allí un oficial pensó que se iba a hacer un festín. pero no contaba con un detalle: los pasaportes oficiales, cada uno de los cuales reza «Misión Oficial» de la República Oriental del Uruguay. Refunfuña, pregunta y repregunta, pero diez minutos después debe dar por cancelada su fiesta y dejar ir a todos.
Todo parecía marchar sobre ruedas, pero precisamente una de ellas iba a dar que hablar. Es que el camino más adelante se torna prácticamente intransitable, con piedras y pozos. La camioneta reduce su velocidad para transitar esos kilómetros, pero cuando está ingresando a Plunahuasi, la cubierta posterior derecha se convierte en flecos.
Juan y Gustavo, los choferes, sacan una auxiliar y sin mucho trámite la cambian. Demoran pocos minutos y pronto todos siguen el viaje.
UN ASUNTO DE ADUANA
Al arribo a La Quiaca, alrededor de las 20, se presenta el siguiente problema: Migración argentina cierra a esa hora y hasta el día siguiente no vuelve a la actividad.
Así que hubo que hacer los trámites en tiempo record, pues más allá del Pasaporte Oficial que porta cada integrante de la delegación, hubo que completar la cédula verde argentina.
Finalmente, a las 20.48 el grupo abandonó La Quiaca, recorrió unos cincuenta metros e ingresó en Villazón, la puerta a Bolivia. Entonces —oh, destino cruel— otro problema. Aduana de Bolivia solamente trabaja de 8 a 12 y de 14 a 18. Así que no había posibilidades. Salvo, claro, la viveza argentina.
Un hombre se acerca y se ofrece a ayudar. (A «ayudar» se vería luego). Conoce la casa donde vive un funcionario de Aduana, «un hombre muy bien» que siempre está «dispuesto a ayudar». Pues bueno, allá parte de la delegación. No tiene inconvenientes en cruzar la frontera pues no hay barrera debido a que el tránsito fronterizo está habilitado sin trámites.
Se ubica la casa del funcionario de Aduana, pero no está de guardia (¿cómo?, ¿no era que cerraba a las 18?) Pero —oh, casualidad— al lado vive su jefe. Lástima, porque no está. Hay que esperarlo. No queda otra opción. Pasan los minutos, pasa más de una hora. Y nada. Parece que el hombre se está divirtiendo en La Quiaca.
¿Entonces? Raúl Rodríguez vuelve a la carga, siempre con su fiel Pasaporte Oficial en la mano. El aduanero, finalmente, accede y pìde un par de fotocopias. ¿Otra casualidad? Pues justo, justo, tiene en su casa una copia de los papeles necesarios para realizar los trámites. Más todavía. Hasta tiene el sello correspondiente.
Pasa otra media hora y finalmente Aduana queda completada. Esto es, la parte del vehículo, porque Migración argentina ya había culminado su trabajo.
Aproximadamente a las 23 (de Bolivia) todo queda solucionado. La «ayuda» del argentino equivale a 15 dólares. Pero, bueno, La Paz, allá vamos.
No se han transitado ni cinco cuadras cuando aparece un control policial boliviano. Los trámites llevan unos quince minutos. Pero finalmente la carretera hacia Potosí queda liberada.
CAMINO DEL DEMONIO
El camino de Villazón a Potosí, de cuatrocientos kilómetros de extensión, es realmente endiablado. Con curvas y contracurvas cada cincuenta metros cuando mucho, con decenas de cruces a los costados, mudo signo de otras tantas muertes, y apenas de tierra. De nuevo hay que reducir la velocidad, a no más de cuarenta kilómetros.
Es noche cerrada y eso agrega dificultad a un camino nunca antes transitado por la delegación. Lentamente, se progresa. Algunos tratan de dormir en la coctelera en que se ha convertido la camioneta y otros permanecen en silencio, sabiendo que se está a más de tres metros de altura y que los precipicios están allí, a cada lado. Esperando un error.
A las 5 de Bolivia, el minibus es detenido por un camionero en desgracia, pero no hay forma de ayudarlo. O eso se pensaba. Quinientos metros más adelante, se escapa la rueda izquierda del trailer. En el medio de la nada. En el reino de la oscuridad.
¿Qué hacer? En primera instancia, vaciar el trailer y trasladar todo el equipaje a la camioneta. Pero el problema siguiente es que es demasiado peso para un camino tan malo y totalmente desconocido. Entonces, se prefiere que los hombres queden allí, a la buena de Dios, que las mujeres permanezcan en la camioneta y además se decide ir a buscar al camionero para una mutua asistencia.
Hay un pueblo a 30 kilómetros, llamado Vitichi. Y hacia allá parten algunos, y allí, en el camino quedan los hombres. Lo más abrigados posibles, caminando constantemente para que los pies no se congelen. Hasta que con los primeros signos de claridad, se decide hacer una fogata. Sobra leña, aunque fina ya que se trata de arbustos. Con papel higiénico y fósforos se hace el fuego, y con él, el calor. Las horas siguen pasando. Amanece. Aparece el sol y todos se sientan en la ladera de un cerro aprovechando esa caricia. Y sigue pasando el tiempo.
Finalmente, a las 10.30 de Bolivia, vuelve la camioneta. Es que en Vitichi, nadie se había querido levantar a ayudarlos; no antes de las 9. Así fue que tuvieron simplemente que esperar. Y esperar.
Se soluciona el problema del camión y a éste se sube el trailer averiado para trasladarlo a Potosí. Se vuelven a cargar los equipajes en él y el minibus recobra su capacidad inicial. Silvestre Cavas, el dueño de la carga del camión —trigo— sube al minibus para acompañar a la delegación.
Una parada en un paraje sin nombre para almorzar pollo picante (en realidad, muchísimo picante y un poquitín de pollo) por cinco bolivianos, y el viaje sigue. Siempre el mismo camino de tierra, siempre subiendo —hasta los 4.200 metros—, siempre con el precipicio al costado, siempre con las cruces como mudos testigos de otras tragedias.
A las 15.20 se arriba a Potosí y ahora hay que arreglar el trailer para continuar viaje a La Paz, pasando antes por Oruro. Mañana miércoles en la capital boliviana se producirá el debut de la gira 2003 del Taller de Teatro de Paysandú, que sigue tal como estaba inicialmente previsto, sin que los contratiempos sirvan para otra cosa que la conversación, las bromas y el buen ánimo, que no decae. Pese a que el cansancio hace mella. Es que, se espera, que esta noche de martes, en La Paz, en un hostal, una cama proveerá del descanso tan anhelado. Aunque solamente para retomar fuerzas. Porque —en realidad— mañana empieza todo.


29/5 El Telégrafo
Finalmente el arribo, pero
arreciaron las peripecias
LA PAZ, 28. (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). A las 7.40 de Bolivia (8.40 de Uruguay), el Taller de Teatro de Paysandú arribó finalmente a esta capital, pero no lo hizo en el minibus en que se traslada sino en un ómnibus de línea, un coche cama de la Transportadora Copacabana, que salió a las 20.30 del 27 desde Potosí, en viaje directo, con una sola escala «para descansar». Juan Ferreira y Gustavo Marsfiglia quedaron en Potosí, donde recién hoy iban a poder reparar el trailer, por lo que se esperan encontrarse con la delegación en el hostal Angelo —en pleno centro de La Paz, donde proveyó de hospedaje la organización de la primera de las funciones— para desde aquí continuar viaje hacia Lima.
Como se indicara, el trailer fue subido a un camión que también debió ser auxiliado en la ruta Villazón - Potosí. La delegación, en el minibus se había adelantado, junto a Silvestre Cavas, el dueño de la carga de trigo.
Detrás, el camión guiado por José Ari, transportaba el trailer. Tal como estaba acordado, la delegación quedó en el centro de Potosí y Ferreira, Marsfiglia y Cavas fueron a buscar el trailer, que además tenía absolutamente toda la vestimenta de los viajeros.
Pero pasó una hora y media y el camión no pasó por el punto de encuentro. La preocupación comenzó a ganar el corazón de los dos transportistas. Cavas les pidió —para colmo— hacerse a la ruta para ver qué había sucedido. Más desconfianza, pero no había muchas opciones. Finalmente, media hora después, el camión fue encontrado. Había sufrido por dos veces la rotura de cubiertas y esa era la razón de la demora.
Ya era muy tarde para que los talleres hicieran la reparación —más allá de las 18 es difícil encontrar algo abierto— por lo que se convino en reparar el trailer al día siguiente, es decir hoy miércoles.
Ferreira y Marsfiglia, concientes de que el grupo debuta precisamente hoy, entendieron pertinente ubicarlo en un ómnibus para asegurarse que todo ocurriera de acuerdo a la agenda.

Viajeritas
** Primer mea culpa. La delegación también es integrada por Fernanda García, que involuntariamente no fue nombrada en artículo anterior.
** Segundo mea culpa. El apellido de Gustavo, uno de los dos choferes, no es «Marfiglia», sino Marsfiglia.
** Gabriela Gaye, como forma de conocer otras realidades, cada vez que la delegación se detiene en algún lugar toma una cuadernola y se dedica a hacer entrevistas a los lugareños. Ya lleva ¡cuatro!
** El dormilón es Gabriel Nan. Por el contrario, el que no pudo dormir «casi nada» es Mario Coppes.
** Gabriela Gaye, sin dudas la que más se relaciona con los lugareños, conversaba animadamente con un amable «bolita», que —casualmente— expresaba su poca «miga» con los argentinos. Frase va, frase viene, el tema derivó en los ascendientes, en el caso del «bolita» fundamentalmente coyas y aimaráes. Pero Gabriela fue un poco más lejos y dijo que «le parecía» que ella era descendiente de José Gervasio Artigas. ¿Será cierto?
** Los primeros afectados por el «efecto altura» fueron Iara Scarmatto, Victoria Balbuena y Gabriel Nan. Los síntomas iniciales se sintieron apenas llegados a Jujuy. Todos superaron rápidamente los cuadros, aunque estos retomaron más adelante, sin mas consecuencias que dolor de cabeza y sensación de cansancio.
** Internarse por Bolivia desde la frontera argentina es hacerlo en un país que no puede ocultar la pobreza de sus habitantes. Pequeños caseríos de viviendas bajas, de ladrillo color «tosca», algún corral en piedra para alguna cabra, llama o cerdo y prácticamente nada más.
** No se ven plantaciones, especialmente por la gran falta de agua. El impresionante paisaje —que lo es— no tiene en el verde un color predominante. Más bien dominan los ocres, rojos y azules, dejando en claro la riqueza mineral de la zona.
** Cerca de Potosí comienzan a verse grandes minas de oro, plata, estaño y otros metales. Varias de ellas pertenecen al mismo propietario: Sánchez de Lozada, presidente de Bolivia.
** Aunque en Bolivia la pobreza está ante los ojos de quien quiera verla, no se aprecian las «legiones» de niños mendigos, como en el Norte argentino.
** Es común en las ciudades bolivianas —al menos en la zona visitada— ver a las mujeres atender puestos de comida regional. Está el bizcochuelo que se vende a 3 bolivianos (12 pesos uruguayos), el huevo frito dentro de un pan casero estilo «tortuga», con papas fritas y tomate, 2 bolivianos (8 pesos uruguayos) y el «Montecarlo», lo mismo que el anterior pero con el agregado de carne, 3 bolivianos también. La variedad, obviamente, no se agota aquí.


30/5 El Telégrafo
Taller de Teatro inició la gira 2003
LA PAZ, 29. (Por Enrique Julio Sanchez, enviado especial). Ante unas treinta personas, entre ellas el embajador de Uruguay en Bolivia, Juan Andres Pacheco Ramírez, el Taller de Teatro de Paysandu inició la gira 2003, actuando en la sala de Pequeño Teatro, en el complejo cultural y gastronómico Calicanto de esta capital.
La primera presentación del grupo, que se llevó entusiastas aplausos de la concurrencia, no colmó empero las expectativas de la dirección, debido a que hubo fallas en la actuación, que deberán ser corregidas para la presentación en Quito. El grupo anfitrión, Pequeño Teatro, recibió con alegría y respeto a los artistas sanduceros, y tras la función -»El pan nuestro», de Ernesto Herrera-, en el mismo escenario del teatro, vivieron momentos muy especiales de camaradería. Los bolivianos trajeron su bebida nacional, Singani, (aguardiente) y un solo vaso para un particular brindis. Primero un integrante de Pequeño Teatro sirvió un poco de Singani, derramó algo al suelo -»Por la Pachamama»- y luego hizo un brindis en el que elogió la presencia sanducera y destacó la posibilidad de concretar un intercambio teatral valedero y profundo.
Enseguida, Raúl Rodríguez hizo lo propio, enfatizando en los lazos de cordialidad, en la hospitalidad «bolita» y en lo que eso significaba para el elenco.
Y así uno por uno, todos los visitantes expresaron su gratitud y lo que esta gira significara en sus vidas y en la escena.
Luego, como final, una particular ceremonia. Todos tomados de la mano, formaron un círculo y un teatrista boliviano dijo: «Si el teatro es verdad, seremos sinceros». Manos en alto, aplausos, mucha emoción.
Costo que lapaceños y sanduceros se separaran. Pero finalmente, como sucede en la vida, cada cual tomó su camino, prometiendo un próximo encuentro.
En el caso de algunos, ese encuentro fue muy pronto, porque al poco rato, al ir por algo de comida -porque solo del arte no se puede vivir-, en el Lido Picadilly -el único lugar de La Paz que está abierto las 24 horas-, volvieron a encontrarse los unos con los otros.
Y la charla fue la misma, una vez más. Teatro, teatro. En realidad, vida. Y sí, si el teatro es verdad, seremos sinceros.


31/5 El Telégrafo
Taller de Teatro llegó a Lima

LIMA, 30. (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). Al anochecer limeño y tras treinta y cinco horas de viaje desde La Paz, el Taller de Teatro arribó a esta ciudad, capital de un país declarado en «estado de emergencia nacional», convulsionado por problemas sociales y económicos, especialmente en el sector educativo y el agrícola, pero sin evidentes signos de violencia, más allá que en la noche anterior, en Puno, mientras este enviado redactaba los artículos del día en un cibercafé, en las calles ocurrieron violentos enfrentamientos entre profesores y el Ejército, con el saldo luctuoso de varios muertos, decenas de heridos y un repudio generalizado a la actuación de los militares.
Curiosamente, cuando este enviado volvió a la calle, terminado su trabajo, rumbo al minibus donde esperaba el resto de la delegación, en la calle se desarrollaba un infernal caceroleo, con mucha gente no solamente en sus puertas o balcones, sino ya en la calle, haciendo sonar sus ollas frente a las mismas narices de los militares. Para colmo, en el apuro, el pasaporte había quedado en el vehículo, aunque es evidente que las decenas de militares que se cruzaron en el camino, no estaban interesados en este escriba.
Se viajó toda la noche, en un esfuerzo para alcanzar esta capital hoy viernes, objetivo finalmente cumplido. Aquí fueron recibidos por los integrantes del grupo Tuquitos, de egresados del prestigioso Teatro Universidad Católica, que los agasajaron efusivamente. Aquí descansaremos por algunas horas, para luego seguir viaje a Quito, adonde se espera llegar en la mañana del domingo. La función en Lima será la última, ya de regreso a Uruguay.
OTRO DESPERFECTO
Camino a Lima, en el departamento Arequipa, a 4.500 metros sobre el nivel del mar, el vehículo sufrió otro pequeño desperfecto que empero no detuvo la marcha de la delegación.
Una piedra —probablemente en el tramo en Bolivia— rompió levemente el caño de escape, por lo que anhidrido carbónico comenzo a introducirse dentro del habitáculo de los pasajeros. Ante esa emergencia, y para no detenerse, se decidió abrir las ventanillas, aunque con ello se exponia al pasaje al intenso frío nocturno, preferible, a la intoxicación.
El episodio fue tomado hasta con buen humor, necesario para llegar hasta la ciudad de Arequipa, donde hubo una parada, en plena madrugada, para disfrutar de un descanso y una cerveza. Fue entonces cuando todos se dieron cuenta que eran remedos de Al Johnson, ennegrecido el rostro y el cuerpo por el hollín del caño de escape.
Al salir de Arequipa, para tomar la ruta Panamericana rumbo a Lima, la pericia de los conductores estableció una marcha a menos de 2.500 rpm, que evitó que el anhidrido carbónico siguiera ingresando al habitáculo, a la espera precisamente de llegar a esta ciudad capital, para reparar completamente el desperfecto.
CAMBIO DE CLIMA Y PAISAJE
Desde Desaguadero, en Bolivia, hasta la propia Lima, el pasaje se tornó cambiante, lo mismo que la temperatura ambiente, que desde el intenso frío pasó al calor de Nasca, 300 kilómetros al Sur de Lima, donde se encuentran las mundialmente famosas Líneas de Nasca.
El paisaje pasó de colores oscuros al de los médanos, las zonas agrícolas donde predominan el maíz y el cactus, pasando por zonas pedregosas.
Para completar el paisaje, de un lado la caricia del Pacífico y del otro la línea montañosa de los Andes.
Lima ha sido alcanzada. Es solamente una etapa y a ella se volverá luego. Quito está más cerca. Bastante más cerca.
VIAJERITAS
** Desde Ica, a doscientos cincuenta kilómetros de Lima, algunas anécdotas de viaje.
** Por correo electrónico, Horacio Merlo envió saludos para todos. El hombre de teatro, ahora en Miami, siempre se acuerda de su pago. Y de su pasión artística.
** En cuanto es posible, la delegación también invade el mismo cibercafé desde donde EL TELEGRAFO envía sus notas, para leer lo publicado. Y los comentarios son en vivo y en directo.
** El paisaje montañoso es ciertamente bello, aunque no para todos. Victoria Balbuena no puede dormir de noche, mientras se viaja por estos caminos de montaña. «Tenía los ojos como dos yemas de huevo», comentó Gustavo Marsfiglia, chofer de turno, al comentar cómo había pasado la noche.
** Camino a Lima, poco antes de Desaguadero, todavía en Bolivia, se visitó las ruinas de Tiwanaku, cuna de la civilizacion andina. Raul Rodríguez negoció el ingreso de los trece viajeros. La entrada costaba unos seis dólares, pero consiguió un descuento muy importante, pagando solamente 50 centavos de dólar por persona. El precio es para escolares y fue concedido no sin gran resistencia. «Es que con esta entrada hay que ingresar de pantalón corto», comentó el empleado.
** Es probable que este viaje sea un buen método para adelgazar. Sea por la altura, el ansia de llegar o cualquier otro motivo, la delegación se saltea algunas comidas. Las suplanta con un poco de pan casero o con bananas o mandarinas. Y a la ruta.
** Un integrante de la delegación (cuyo sexo no es pertinente para este comentario) extraña mucho a su amor, especialmente porque no le ha escrito todavía por Internet. Así las cosas, soñó que llegaba a la casa de unas aimigas y le pedía que por favor le enviara un mensaje. Es que, los afectos no se olvidan, no importa a cuántos kilómetros de casa se esté.
** Precisamente, Paysandú tampoco se olvida. No hay día que no se hable de la ciudad. De 18 y Herrera, de la comida, de plaza Artigas, de los amigos. Paysandú está lejos geográficamente, pero tan cerca como siempre. En el corazón.


1/6 El Telégrafo
Arriba hoy a Quito el Taller de Teatro
LIMA, 31. (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). Un despertar agridulce tuvo la delegación del Taller de Teatro de Paysandú en esta capital, porque con la exquisita hospitalidad del grupo Los Tuquitos contrastó el hecho de que el minibus en que se traslada el grupo fue robado en la madrugada, por desconocidos que amparados en las sombras de la noche y los etcéteras que agregan los partes policiales, sustrajeron la campera de abrigo de este enviado y la parte trasera de la radio del vehículo, prácticamente sin valor en la medida que la frontal había sido retirada por los conductores, como habitual medida de seguridad.
Los cacos, siguiendo con el lenguaje policial, actuaron con gran pericia porque quitaron sin un solo rasguño el parabrisas posterior, al que delicadamente colocaron sobre el césped de la casa, ubicada en Pueblo Libre, uno de los barrios de esta capital. Posteriormente se introdujeron en el vehículo y se dedicaron a revisarlo cuidadosamente.
Felizmente, la mayor parte del equipaje se encontraba dentro de la casa, lo que minimizó las pérdidas.
La campera tenía otras pertenencias pero estas fueron deshechadas y dejadas en el vehículo; alguien involuntariamente dejó su pasaporte oficial, pero éste fue también descartado. Lo mejor fue que o no tuvieron tiempo o no era lo que buscaban, pero el parabrisas posterior quedó en el césped, totalmente sano, por lo que solamente hubo que volver a colocarlo para reiniciar el viaje hacia la frontera peruano-ecuatoriana, en busca del principal destino de esta gira, Quito, donde se desarrollará a partir de mañana el Primer Encuentro Internacional de Maestros y Escuelas de Teatro.
HOSPITALIDAD LIMEÑA
El grupo Los Tuquitos agasajó en la noche anterior al grupo con un delicioso plato tradicional peruano, ají de gallina, aunque en realidad era de pollo porque aquí -curiosamente- es más barato que la gallina, lo que quizás abriría un mercado a las gallinas uruguayas que en el mercado interno no tienen aceptación.
Antes, un brindis con pisco sour (pisco, limón y azúcar) y después ron con cola y mucho limón.
Después, un bienvenido baño y un reparador descanso en colchones colocados en el suelo, pero que semejaron una habitación de un cinco estrellas.
A las 6.50 (8.50 de Uruguay) Mario Coppes y este escriba precedieron a los demás, levantándose para preparar el tradicional mate, aunque también hubo un delicioso desayuno con queso, manteca, mermelada, café y leche.
El Taller de Teatro arribará mañana a Quito, en la jornada inaugural del Encuentro, aunque hay dudas desi podrá arribar para la ceremonia inaugural, que será a mediodía.
Viajeritas
En la ciudad de Ica, al sur de Lima, el grupo se detuvo para permitir que este enviado produjera y enviara sus reportes. Posteriormente concurrimos a un lugar de comidas caseras donde todos pidieron salchipapas, una especie de ensalada con papas fritas, tomate y repollo. El escriba tomó una de las salsas disponibles y cuidadosamente depositó una pequeñísima porción sobre el plato, para investigar de qué se trataba. ¡Bien! «Salsa golf», pensó, y generosamente distribuyó una gran porción sobre todo el plato. Al primer bocado comprendió -tarde- que vaya uno a saber cómo se llamaba la salsa, pero que era picante como el demonio. Comparados, los dragones mitológicos eran dragoncitos de pecho.
***Una similar. Gabriel Nan se ha hecho famoso por su insaciable apetito. Para comer el ají de gallina, había también algunas salsas. Antes de empezar a cenar, curioso y gourmet a la vez, tomó una cucharada de una salsa roja y se la comió. Ahí comprendió el significado de la palabra picante. Tanto que después casi no cenó. «No puedo, no puedo, trato, pero no puedo», decía.
***Hoy, 31 de mayo aquí en Lima, se cumplen 33 años del impresionante terremoto que afectó a Perú, especialmente al departamento de Ancash. En recuerdo de esa tragedia, se celebra el Día Internacional de Reflexión sobre Desastres Naturales.
***Precisamente, en el ciber-café desde donde se envía esta información, hay un cartel que dice «Zona segura en caso de sismos».
***La broma más común del grupo, ante cualquier «mal paso» de alguno es: «¡Fuiste, mañana salís en EL TELEGRAFO!»
***En Lima, en el local de Los Tuquitos fue posible lavar algunos vaqueros. Originalmente azules, parecían de mineros. Y hasta «se paraban» solos.
***En Perú buena parte de la delegación aprovechó para comunicarse con sus familiares mediante la modalidad de «cobro revertido». Es el único país en la región con un convenio de ese tipo.


2/6 El Telégrafo
Escoltado por oficial de Aduanas
el Taller de Teatro arribó a Quito
SANTA ROSA, Ecuador, 1º (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). La historia se repite. Con curiosa similitud. El viaje a Moscú en el 2000 sigue en la mente de quienes lo vivieron, mientras avanzan por estos caminos de América, en este caso rumbo a Quito.
Es que a las peripecias ya vividas —en realidad anécdotas de viaje que se cuentan con cierto orgullo— se sumó ahora que al llegar a la frontera con Ecuador, el Distrito IX (Huanquillas) de la Corporación Aduanera Ecuatoriana detuvo durante cuatro horas a la delegación en virtud de que el vehículo no estaba autorizado a ingresar a territorio ecuatoriano, porque no existen convenios con Uruguay que permitan asegurar que el minibus saldrá del país (podría ser vendido, como ocurrió con muchos vehículos chilenos).
Por lo tanto, primero se prohibió su ingreso, luego se pidió el depósito del equivalente al veinte por ciento del valor estimado y finalmente se designó a un escolta, que en estos momentos viaja junto a la delegación con la misión de asegurar su llegada a Quito y retener el vehículo hasta tanto se entregue el permiso de circulación que es de uso en este país para el transporte automotor extranjero.
Fueron cuatro largas y tensas horas. Las personas no tuvieron inconveniente alguno, en la medida que sus pasaportes oficiales sirvieron de maravillas, como en todos los otros países. Pero en cuanto al vehículo, el teniente Hidalgo impidió durante horas cualquier acuerdo, aduciendo que no era posible autorizar el ingreso del minibus uruguayo.
Fue necesario la presencia del capitán —al mismo tiempo abogado— César Jacho, quien entendió las razones de la delegación uruguaya, especialmente porque Raúl Rodríguez, que rápidamente revisó la ley que regula el tránsito de vehículos según juridiscción de Aduana, encontrando que en el capítulo 10, artículo 87, queda establecido fehacientemente que las delegaciones oficiales pueden viajar con vehículos particulares, es decir no sujetos a la normativa general ecuatoriana, que previene el ingreso de automóviles desde el extranjero con el único propósito de venderlos dentro de fronteras.
Desde la frontera con Perú, un oficial de Aduanas escoltó a la delegación hasta la central zonal, a diez kilómetros, concretamente a la localidad de Chacras. Allí se desarrolló el grueso de la negociación, que varias veces quedó en «punto muerto». De todas formas, el que se tratara de una delegaciòn en misión oficial finalmente abrió el camino, estableciendo la excepción de que un oficial de Aduanas viajara en el mismo minibus.
Al momento de escribir este artículo faltan unas diez horas de viaje hasta llegar a Quito, pero al momento en que el lector acceda al mismo, sin dudas el Taller de Teatro de Paysandú estará ya en la capital ecuatoriana, alojado en su hotel y listo para hacer lo que ha venido a hacer, participar en el Primer Encuentro Internacional de Escuelas y Maestros de Teatro, organizado por la Universidad Central.
El vehículo, en tanto, deberá ser sometido a otros trámites burocráticos, pero ya contando con la participación directa de la embajada de Uruguay aquí en Ecuador. En tanto, la delegación recuerda con agradecimiento al capitán Jacho y con rebeldía al teniente Hidalgo, que una y otra vez interpuso trabas para continuar el viaje.
En camino a Quito van los sanduceros, con un oficial de la Corporación Aduanera Ecuatoriana a bordo, quien encontró «demasiado amargo» el tradicional mate uruguayo, pero que ya ha demostrado amabilidad, lo que sirve a otro propósito de este viaje: promover el intercambio cultural entre países que —más allá de barreras burocráticas— son hermanos, hablan en un mismo idioma y al final, terminan siempre por entenderse.
Viajeritas
Desde Santa Rosa, en Ecuador, a pocos kilómetros con la frontera peruana, algunas anécdotas de viaje.
Pese a que indicamos que los cacos se habían llevado solamente una campera y la parte trasera de la radio del vehículo, una inspección posterior demostró que también faltaban dos cámaras fotográficas, parte del vestuario de la puesta en escena y una mochila.
Cristina Gaudín, que estuvo todo el tiempo junto a la delegación, no se había enterado del robo. Cuando abandonábamos Lima, muy inocentemente preguntó el motivo de tanta agitación. «¿Ah sí?... No sabía
Con esto de viajar por varios países, se acumulan las monedas de todos. Así, el escriba intentó pagar su cuenta de Internet en un ciber café con bolivianos en lugar de soles. Menos mal que había buena onda en el local...
Aquí en Perú no se usa pedir «una docena de huevos», sino «un kilo de huevos». Cada país, con sus cosas...
El «galán uruguayo» Gabriel Nan —así fue presentado por Coppes— «se dignó» a sacarse fotografías con algunas peruanas. Pobres, ellas piensan que tienen una foto con un famoso...
Impresionante control militar se verificó al Norte de Lima. En 550 kilómetros, el minibus fue detenido por lo menos quince veces.
El tránsito en Lima (y en general en Perú) es ciertamente infernal. «Es un curso. Quien conduce aquí puede hacerlo en cualquier parte», comentó Rodríguez. Ferreira y Marsfiglia ya aprobaron.
Como los peruanos son —en términos generales— no muy altos, el modelo Tico de Daewoo es el más usado como taxi.
Rodríguez recibió una buena noticia: es abuelo otra vez. La delegación lo ha felicitado como corresponde, y no ha perdido la oportunidad de bromear al respecto.
Nan estaba preocupado porque hoy domingo no había podido llamar a su madre para desearle «Feliz cumpleaños». A pedido, EL TELEGRAFO sirve de nexo entre madre e hijo para unirlos a la distancia, en un abrazo.
Como en Perú la situación estaba ciertamente convulsionada, utilizamos un cartel que providencialmente dio muy buen resultado. Dice «Prensa - EL TELEGRAFO - Press». Así que, por estos caminos sinuosos de montaña y de sierra, transita un vehículo de EL TELEGRAFO. Al ingresar a Ecuador la pregunta de la Policía Militar fue obvia: «¿De Guayaquil?», porque en esa ciudad se edita un diario con el mismo nombre.
Algarabía causó en la delegación la noticia que la Junta Departamental de Paysandú considera la posibilidad de declarar de Interés Departamental este viaje. Y se espera una pronta y favorable decisión.
La zona fronteriza peruano-ecuatoriana es un sitio muy parecido al de Clorinda, en la frontera argentino-paraguaya. Mucha gente, muchos interesados en estafar a los turistas o viajeros y cierto «olor a peligro» en el aire.
La aduana de Ecuador no trabaja los domingos, al menos no en el puesto fronterizo con Perú.
En la línea divisoria, a las 8.15 local (10.15 de Uruguay) se realiza una ceremonia de izamiento de bandera nacional, que impide el tránsito de personas y vehículos durante unos quince minutos.

Ecuador es más caro que Perú y Bolivia. La principal razón es que aquí la moneda oficial es el dólar estadounidense, que «duele» demasiado a los bolsillos uruguayos. Con todo, hay un beneficio, porque el galón de combustible es más barato que en Perú.

Ferreira y Marfsiglia, como todos, disfrutan del mate, con yerba traída de Uruguay. Lo curioso en su caso es el mate. No uno cualquiera, sino una suerte de «taza». Es que Juan , cansado que su mate no «tirara», resolvió cortarlo al medio y usar la parte inferior. Una verdadera «taza».

Como no hay radio, el grupo se ha dedicado a jugar a las cartas y a cantar. Quien más desafina es Gabriel Nan y las chicas —Iara Scarmatto, Gabriela Gaye y Victoria Balbuena—, a veces entonan y a veces no. Lo seguirán intentando.


3/6 El Telégrafo
En marcha festival teatral en
Quito; Paysandú está presente
QUITO, 2 (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). Finalmente, a las 3 de hoy hora local (5 de la mañana de Uruguay) la delegación arribó a esta capital, a tiempo para comenzar el segundo día del Primer Encuentro Internacional de Maestros y Escuelas de Teatro, que se desarrollará hasta el domingo 8, organizado por la Escuela de Teatro, Facultad de Artes, de la Universidad Central de Ecuador.
A su arribo a Quito, siempre escoltados por un Oficial de la Corporación Aduanera Ecuatoriana, concretamente del IX Distrito de Huanquillas, el Taller de Teatro de Paysandú se alojó en el Hostal Casa Olimpia, ubicado en el centro turístico y comercial de esta capital, a unos quince minutos de la Universidad Central de Ecuador, donde hoy al mediodía, el grupo presenció la puesta en escena «Todas solas», por la Escuela Superior de Artes «Débora Arango», de Colombia, en el Teatro Facultad de la UCE, donde más tarde, a las 19, se apreciará otra propuesta, «Mejor solas que...», por la Congregación Teatral Preciosas Anónimas de Argentina.
Mañana martes habrá tres propuestas teatrales, destacándose a las 19 «Chiquilladas», por la Escuela Internacional Pequeño Teatro, de Bolivia, uno de los anfitriones del Taller de Teatro durante esta gira que en estos días continuará por Colombia, para regresar a Quito, donde el sábado 7 a las 19, presentará «El pan nuestro», de Ernesto Herrera.
En lo que refiere al trámite de Aduanas propiamente dicho, que involucra al minibus en que se traslada la companía, en estas horas se están realizando los trámites correspondientes, con la presencia permanente de personal de la embajada de Uruguay en este país, por lo que se estima que esta misma noche el tema quedará completamente resuelto.
CONSTRUIR, DESTRUIR LA PAREJA
«Todas solas», el trabajo presentado por el elenco colombiano, responde puntualmente a las propuestas que se espera encontrar en un festival de teatro, donde las corrientes de experimentación, simbolismo y reestructura de corrientes clásicas generalmente están entre las más utilizadas. «Todas solas» pone a las mujeres en primer lugar, como protagonistas y víctimas de las relaciones personales, especialmente las de pareja. Utilizando textos de Franca Rame, Darío Fo y Segi Belbel, dirigido por Luz Amparo Londoño —apropiadamente, una mujer— se interna por conflictos que azotan a la mujer de hoy, desde el amor hasta el desamor, desde la amenaza física hasta la opresión cultural, social y política.
Clara Estefany Gómez, Alejandro Ruiz, Estella Giraldo, Paulina Stagnaro, Eliza Kractc Gil, Aracelly Rivara y Leoyan Ramíres integran este elenco muy parejo, técnicamente bien capacitado y que cumple eficazmente sus roles.
Sin embargo, en la base parece estar la parte menos interesante de la propuesta, en la medida que este tipo de teatro experimental, propio de los años 80, cuando la palabra era cuestionada en beneficio de la expresión corporal, aparece hoy por hoy anticuado y por tanto fuera de época.
No obstante, por tratarse de una escuela de teatro, igualmente puede aceptarse el punto de vista elegido, en la medida que incentiva la expresión corporal y la búsqueda interior de cada uno de los intérpretes.
Viajeritas
Desde Quito, ciudad capital de Ecuador, en un clima húmedo, donde llueve y al rato sale el sol, y en cuyas calles se venden todo tipo de frutas tropicales, así como comidas rápidas que suenan extrañas al oído uruguayo y saben diferente al paladar idem, algunas anécdotas de viaje.
El grupo ha recibido, entre otras, las felicitaciones de Américo Chirigliano, quien precisamente con su grupo coral se prepara para viajar a Montecaseros y a Buenos Aires. A la vez, la delegación teatral retribuyó los saludos y envió un escueto pero contundente mensaje: «Querer es poder».
Muy contenta se la ve por estos días a Gabriela Gaye, quien en Ica, Perú, hizo buenas migas con algunos nuevos amigos, que a través de Internet se han mantenido en contacto, comentando aspectos del viaje y de sus avatares. Es que no solamente se hace camino al andar, también se hacen amigos.
Camino a Quito, pasada ya la medianoche, el grupo se detuvo en una ciudad para cenar algo, pues todavía quedaban horas por delante. En una calle, el minibus encontró un puesto de comida rápida, muy parecido a los «carritos» uruguayos. Pero lejos de chorizos al pan y frankfurters, lo que había para comer era un plato con arroz —todo es con arroz aquí—, una salsa cuyo nombre nunca se supo —pero sabrosa— y una presa de pollo. Con una gaseosa, un dólar cincuenta.
En ese «carrito», a todo dar, un parlante emitía música de los años sesenta y setenta. «Los Iracundos» sonaron una y otra vez.
También camino a Quito, el Oficial de Aduanas, invitó al grupo con una fruta que nadie conocía: la rosada, un tipo de banana que se ve mucho en Ecuador pero que es prácticamente desconocida en el mercado intenacional. Rica, pero indigesta si uno come varias.
Hablando de bananas, la delegación pasó por Machala, conocida como la capital mundial del banano. El principal productor es Gustavo Moura, ex candidato a presidente y dueño de un tercio de la riqueza de este país. Su banana «Bonita» es vendida en Uruguay.


4/6 El Telégrafo
Dios, ¿estás ahí?
QUITO, 3 (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). La delegación sanducera, la del Taller de Teatro de Paysandú, presente en este Primer Encuentro Internacional de Maestros y Escuelas de Teatro de Latinoamérica, a la vez que concurre a cada una de las puestas en escena que se desarrollan en los diferentes escenarios, especialmente en el teatro de la UCE (Universidad Central de Ecuador), también participa en los diferentes talleres que se llevan a cabo, a través de prestigiosos maestros de teatro en diferentes disciplinas.
En el mediodía ecuatoriano (las 14 de Uruguay), en el teatro de la UCE se presentó el grupo de teatro de la Pontificia Universidad Católica del Perú (TUC), con un elenco dirigido por Alberto Isola, con la actuación de Julia Trayo, Flor de María Bromley Mellado, Sofía Humala Pasco, Laura Sofía del Bristo Guerin.
El elenco peruano presentó la obra «Colegialas católicas», de la estadounidense Casey Kurtti, estrenada en el Off Broadway en 1982.
«Colegialas católicas» sigue la vida de cuatro estudiantes del colegio San Jorge, en Yonkers, Nueva York, donde la educación es eminentemente católica y donde se parte de la certeza de que Dios existe y es todopoderoso.
La obra comienza y termina en espejo (del mismo modo), con las cuatro estudiantes colocadas bajo fuertes luces cenitales, pero entre ambos momentos pasan años de estudio y parte de sus vidas, cambiantes, diferentes.
De la certeza del comienzo se pasa a la duda crucial del final. «¿Estás ahí? ¿estás ahí?», se preguntan las estudiantes después de vivir la presidencia de Kennedy, el twist, el furor Beatle, la lucha de Martin Luther King, la llegada del hombre a la Luna y así hasta finales de los setenta.
La propuesta escénica tiene interés, pero en verdad es demasiado extensa —dura 1 hora 40‘— para un planteo de este tipo, que pudo ser bastante más vigoroso si se hubiera reducido el texto, si se concentrara el conflicto. De todas formas, conviene recordar que este es un festival de escuelas de teatro y por tanto, los objetivos pueden ser diferentes.
Solas, ellas están solas
QUITO, 3 (Por Enrique Julio Sánchez). El segundo día del festival estuvo dedicado a una postura «feminista», con la ya comentada puesta en escena colombiana «Todas solas» y, más tarde de «Mejor solas que», por la Congregación Teatral Preciosas Anónimas, de Argentina.
«Mejor solas que» (solas acompañadas), mostró una postura teatral bastante más definida que la propuesta colombiana. Un notable trabajo actoral de las dos actrices argentinas permitió que el texto cobrara la debida relevancia, mientras se transitaba por ese cascoteado camino donde el ser humano —y en este caso la mujer en particular— no encuentra afecto, cariño ni amor, este soltera o casada, en pareja o en soledad.
A partir del humor, a veces bastante corrosivo, «Mejor solas que» demostró que en un festival no solamente tienen cabida las propuestas renovadoras o experimentales, sino el teatro en su expresión más tradicional, la del actor enfrentado en primer término a un personaje, a una expresión a partir de la palabra, el gesto y la intención del texto y del gesto.
Dos mujeres que están solas, aunque tienen marido y una vida que aparentemente las mantiene activa; dos mujeres solas que deben hacer grandes esfuerzos para mantenerse «en línea» a fin de que el «mercado masculino» las tome en cuenta.
Pero, después de todo, no hay solamente dolor, sacrificio y lucha, hay también esperanza, la de una sociedad en que el ser humano se vea como es y no solamente como su «ser exterior» lo muestra.
Una buena propuesta teatral. Ojalá llegue a Paysandú 2004, al segundo festival «Atahualpa del Cioppo».
Viajeritas
La noche del lunes fue la del esparcimiento.
La mayoría de los integrantes del Taller de Teatro de Paysandú, junto a grupos de Colombia y Perú, salieron juntos a disfrutar de momentos de camaradería.

La cerveza fue la bebida preferida, especialmente porque en la zona del hostal Olimpia rige el «dos por uno». Una cerveza cuesta dos dólares, pero en realidad se reciben dos. Igual, barato no es, porque en un supermercado cercano, seis cervezas de igual tamaño cuestan —también— dos dólares.Pero bueno, la camaradería merece inversiones.

Igualmente, pese a que la noche fue larga, a las 7 prácticamente todos estaban desayunando, porque a las 7.30 había ensayo, el que a último momento fue cancelado por actividades conexas de Rodríguez.

Esto fue aprovechado por algunos de la delegación para visitar un cercano mercado de artesanías, donde la rica cultura ecuatoriana atrapa en cada puesto. Aunque tiene su freno, pues todo se mide en moneda estadounidense.

Además de las funciones estipuladas en el programa oficial, se desarrollan pequeños pasos de comedia en los accesos a los teatros. Previo a cada función, es común ver en los pasillos a algunos comediantes atrapar al público con sus breves actos.
Como ya se ha indicado, el Taller de Teatro actuará el sábado 7, y después de la función partirá hacia Cuenca, donde tiene pactadas dos funciones. Posteriormente, seguirá camino a Lima, donde también actuará.


5/6 El Telégrafo
«Chiquilladas»: no es cosa de chicos
QUITO, 4 (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). El boliviano Sergio Caballero, de Pequeño Teatro de La Paz, brindó la primera gran lección de teatro en el Festival Internacional de Maestros y Escuelas de Teatro que se vive en esta ciudad, al presentar su monólogo «Chiquilladas», dirigido por una de las personalidades más importantes del teatro latinoamericano, Guido Arze.
En la sala de la UCE (Universidad Central de Ecuador), Caballero cautivó a una platea experimentada (teatristas de Latinoamérica, Estados Unidos y España) con un trabajo simplemente fascinante, que seguramente podrá ser apreciado el año que viene en Paysandú, en el marco de la bienal «Atahualpa del Cioppo», que organiza el Taller de Teatro de Paysandú (el único grupo capaz de tal hazaña prácticamente sin apoyo, aunque con el incondicional respaldo de Yolanda, la viuda del notable teatrista uruguayo, cuya figura sigue inspirando a las nuevas generaciones).
«Chiquilladas» habla de experiencias infantiles, pero ciertamente no es cosa de niños. Como la propuesta peruana ya comentada, y vista también hoy, el inicio y final de la puesta en escena es en espejo (idéntica), pero de igual forma que con el elenco del TUC, las implicancias de una y otra postura, aunque iguales, son bien diferentes.
«Chiquilladas» mira el mundo desde la óptica infantil, pero con una claridad, una fuerza, una ternura que solo se encuentra en las almas puras; esto es, precisamente, los niños.
El sexo primero como curiosidad desde el orificio de la cerradura, luego como experimentación o como negación de esa posibilidad; la mujer como madre, hermana; el poder representado por la Iglesia que, como todo poder, se las ingenia para oscurecer la verdad, para hacerla lo más incomprensible que se pueda, de modo de mantener el poder en manos de pocos, ni ilustrados ni valientes, pero sí encaramados en la cima («the top of the hill» de la que hablan los yankis); la educación que parte de la opresión y del castigo, por aquello de que la letra con sangre entra (pero también sale); y la muerte, horrenda, atroz, desconocida, que con su presencia convierte todo lo anterior y lo posterior en meras palabras.
Palabras. Chiquilladas. Tonterías. Porque no otra cosa es la vida, frente a la muerte.

Viajeritas
Desde Quito, a 2.850 metros de altitud, a los pies del volcán Pichincha (4.800 metros) en la provincia del mismo nombre, antigua capital Incaica, algunas anécdotas de viaje.
El vehículo en que se traslada la delegación ya está debidamente autorizado para circular por todo Ecuador, por un plazo de 30 días.
No fue sencillo el trámite, sin embargo. Según contó Juan José Ferreira, ingresó a la oficina de un coronel de Aduanas a las 9 y 30 y no salió de allí sino hasta las 17 y 30 (hora local, en Uruguay dos horas más), cuando finalmente, después de superar varias barreras burocráticas consiguió el permiso.
Notable el apoyo de la Embajada de Uruguay en Ecuador, pues un funcionario de alto rango estuvo siempre junto a los transportistas, para que todo llegara a buen término.
La gira por Colombia sufrió alteraciones de último momento, debido a las posibilidades de quienes la patrocinan, por lo que quedó reducida a Cali.
Solo tres personas del Taller de Teatro viajaron a Colombia: Rodríguez, el director, y las actrices Iara Scarmatto y Zully García. EL TELEGRAFO estará presente, a través de su enviado.
El resto de la delegación queda en esta ciudad, para seguir disfrutando a pleno del festival.
El viaje a Cali, por razones prácticas y de economía, se hace en ómnibus.
El menu que se sirve a los participantes del festival, en el restaurant de la UCE, incluye siempre, pero siempre, siempre, arroz y sopa. No es abundante, pero sí sustancioso.
Este ejemplo debe servir para quienes en Paysandú, tanto la Interteatral como el propio Taller de Teatro de Paysandú, se preocupen menos por la comida. Que no es abundante, «a la uruguaya», sino que simplemente se ajusta a los requerimientos mínimos.
Algunos integrantes de la delegación «morían» por una pizza. Así que se salieron con la suya: llegaron a «Tomato Pizza- Internet» y pidieron una mediana con aceitunas verdes. Golosos, esperaron pacientes el momento de volver a comer «en cristiano».
Pero en lugar de la tradicional pizza que se conoce en Uruguay, apareció una suerte de torta frita sin fritar con salsa de tomate por encima, luego queso fundido y, por encima, algunas aceitunas. Todo «con una blanca palidez» que a la vista aparecía como crudo. Todo por la módica suma de seis dólares (¡ay, qué dolor! ¡ay, qué sinsabor!).
Gabriel Nan y Gabriela Gaye encontraron la forma de saciar el apetito en el restaurant de la UCE. Simplemente se han conquistado a las cocineras y siempre consiguen «replay». Curioso privilegio, solo para estos dos uruguayitos.
Aquí en Quito el minibus tuvo su primera limpieza «en serio» desde que salió de Paysandú. El pobre ecuatoriano que tuvo que limpiar su interior no dejó de protestar por el esfuerzo que tuvo que poner para dejar la camioneta en regla. Varias veces intentó terminar con «¿Ya está?», pero fueron solamente vanos intentos. Pobre, seguramente no estará muy contento con los uruguayos...
Gabriela Gaye está desconsolada. Hace una semana que espera noticias de «alguien» pero no llegan. Jura que comprará «El Principito». ¡Ufa!


6/6 El Telégrafo
Taller de Teatro actuó en Cali,
tras superar otros inconvenientes
CALI, Colombia, 5 (Por Enrique Julio Sánchez, enviado especial). A las 6 local de hoy (8 de Uruguay), con un último rezongo, se detuvo el ómnibus que desde Ipiales, Colombia, trasladó a Rodríguez, Scarmatto, García y este enviado, para participar unos y presenciar el otro, en una función en el prestigioso Teatro Experimental de Cali (TEC), dirigido por el ilustre teatrista y poeta Enrique Buenaventura.
Culminaba así un viaje que había comenzado a las 6 y 30 del miércoles, en Quito. Un largo día que -para no perder la costumbre- tuvo también sus sinsabores e inconvenientes.
Inicialmente, estaba previsto tomar un ómnibus de servicio directo entre Quito y Tulcán, pasar luego en taxi a Rumichaca, ya en Colombia, hacer allí los trámites de Migración y en otro taxi hasta Ipiales, para desde ahí tomar un ómnibus hasta Cali.
Pero, este escriba, que había quedado «encargado» de despertar al resto, directamente ni se enteró de la hora hasta pasadas las 5, así que hubo que utilizar el plan «B», inicial de alguna palabra que por aquí se escuchó más de una vez.
Los cuatro, en taxi, se dirigieron hacia la terminal de ómnibus de Quito, donde compraron un pasaje en un coche que partía a las 6.15 y lo hizo quince minutos después.
Al tratar de ingresar al área de embarque, una curiosidad: había que pagar veinte centavos de dólar (seis pesos uruguayos) aún si se tenía pasaje comprado.
Es que aquí todo se cobra: para ir al baño hay que pagar, para ingresar a la terminal de ómnibus hay que pasar por un peaje (0,50 dólar) y también para embarcar hay que pagar. Hijole, si solo falta tarifar el aire. Pero, como siempre sucede, finalmente «allá vamos». De Quito a Tulcán, recorriendo la montañosa geografía ecuatoriana, ahora salpicada de caseríos, pueblos y algunas grandes ciudades.
Una vez en Tulcán, se hicieron los trámites migratorios de salida de Ecuador y en taxi se partió a Rumichaca para hacer lo mismo del lago colombiano, donde dos gentiles enfermeros del gobierno invitaron a vacunarse contra la rabia, lo que pareció al grupo especialmente indicado para el escriba, hasta que cayeron en la cuenta que era caso perdido.
Otro taxi, esta vez para Ipiales, en su terminal -tan bullanguera como todas las de la región, donde los empleados se pelean a gritos los posibles pasajeros- se compraron boletos para Cali, en la Transipiales.
Diez horas de viaje era el tiempo previsto, pero éste se extendió a quince cuando a las 22 y 30, en el medio de la nada, en la oscuridad y en plena montaña -válgame Dios- el ómnibus se detuvo y el chofer y su ayudante literalmente desaparecieron.
Los cuatro uruguayos se miraron intranquilos, pero los colombianos como si ’na. «Todo bien, mi hermano», como dicen por aquí. Nadie se inmutó, como si fuera algo común y corriente. Pero el tiempo pasaba. No minutos, sino horas.
Hasta que Rodríguez partió como delegado a ver qué pasaba. Pues, ni más ni menos que el progreso, chico. Efectivos de vialidad estaban colocando la parte central de un puente peatonal elevado. Ahora, por qué lo hacían en medio de la noche, pues purita curiosidad colombiana, mi hermano.
Finalmente, a las 3 y 30 local, el ómnibus partió en frenética carrera, en medio de otros ómnibus y decenas de camiones de todo tipo y capacidad. De allí a Cali, quedaban poco más de dos horas. Llegó a la parte trasera de la terminal de ómnibus de Cali, pero otro atasco -esta vez de tránsito- decidió a todo el pasaje a abandonar «y ya» el catasfalco.
Al retirar el equipaje, otra sorpresa desagradable. El bolso del matrimonio Rodríguez-García, que junto con los otros dos de sanduceros habían sido colocados en el habitáculo trasero, resultó quemado por el calor despedido por el motor.
Sentados los cuatro en una casa de comidas, tratando de entender colombiano -y aprendiendo a los golpes que si se pide café traen «café en leche» y que si se quiere tomar café negro hay que pedir «tinto»-, las pertenencias fueron clasificadas en sin deterioro, recuperables e irrecuperables. Estas últimas fueron destinadas a la basura, lo mismo que el bolso.
De pronto, Rodríguez comienza a sentirse mareado. Pucha, ¡lotería de problemas! Sentía mucho sueño y le costaba expresarse. Pasados algunos momentos de incertidumbre, él mismo dio la respuesta: en lugar de tomar su pastilla para controlar la presión arterial, había tomado una que era para dormir.
Así las cosas, en un taxi al Domus teatro, donde tras un café -este sí, digno café colombiano, chico- se descansó algunas horas.
Posteriormente, el grupo se trasladó al Acto Teatro -que actuó en Paysandú en la primera bienal Atahualpa del Cioppo-, desde donde fueron al TEC, adonde efectivamente se realizará esta noche la función.
Al momento de escribir este artículo, en la calurosa tarde de Cali, una ciudad realmente tranquila, de callecitas estrechas y empedradas, faltan algunas horas para la función de «Puertas adentro» y una charla sobre teatro uruguayo. Pero todo aparece tranquilo en el horizonte, y se espera partir de regreso a Quito esta misma noche, porque en la capital ecuatoriana hay que ajustar la puesta de «El pan nuestro» que mañana se presentará en el Primer Encuentro Internacional de Maestros y Escuelas de Teatro.
El Taller de Teatro de Paysandú ha cumplido su etapa más al Norte, la de Cali. Hubo que cancelar las de Pasto y Popayán, también en Colombia, debido a problemas de logística de los organizadores locales. Pero se ha llegado. Con inconvenientes sí, pero éstos ya -de tantos verlos- hasta parecen simpáticos y todo.

Viajeritas
Desde Cali, a unos 7.400 kilómetros de Paysandú, a unos 700 metros sobre el nivel del mar -casi nada después de andar a 4.500 metros-, en una tarde de calor pegajoso pese a que para los caliqueños está «fresquito» con sus 25º C, algunas anécdotas de viaje.
Viajar en ómnibus de línea, tanto ecuatorianos como colombianos, es una experiencia ciertamente significativa, que debe ser bien valorada. Como siempre, y como buenos uruguayos, al subir en Quito al ómnibus que llevaría a la frontera con Colombia, los ecuatorianos miraron con extrañeza al cuarteto. Es que apaciblemente, disfrutaban del mate mañanero. Cosa rara de ver, al menos por estas tierras.
En estos países no se ve a muchas personas pidiendo dinero o bucando trabajos casi imposibles -como «cuidar» coches y motos-, tal y como sucede en Uruguay y concretamente en Paysandú. Y no es que no haya necesidades. Las hay, pero cada cual tiene una forma distinta de buscar su sustento.
En las terminales y en las paradas de ómnibus pululan los vendedores ambulantes, que ofrecen una gran variedad de artículos, especialmente comidas caseras. Suben a los omnibus «en manada» y hablan a los gritos ofreciendo sus mercaderías, que generalmente son siempre baratas y no superan el dólar. Desde lechón frito con salsa, hasta ananá trozado, pasando por una increíble variedad de comidas -casi todas fritas-, aunque hay también algunas «sudadas», es decir hervidas,