|
Taller de Teatro
de Paysandú-Uruguay
Diario de Viaje
27/5 El Telégrafo
Taller de Teatro arriba hoy a La Paz
Arriba hoy a La Paz el Taller de Teatro de Paysandú,
que mañana miércoles tendrá la
primera de las funciones pactadas en la gira por Bolivia,
Perú, Ecuador y Colombia, que culminará
a mediados del mes entrante.
«Es ciertamente un desafío sin precedentes
el que toma el Taller», dijo Raúl Rodríguez
antes de iniciar el viaje el domingo.
«Porque en los viajes a Moscú, por ejemplo,
se trataba de egresados, de alumnos que habían
completado tres y cuatro años de capacitación
y que habían alcanzado la promoción
con muy buena técnica, pero ahora estamos viajando
con alumnos del Taller», agregó.
Explicó también que «esto se debe
en parte a que el festival organizado por la Universidad
Central de Ecuador, es precisamente para elencos jóvenes,
pero entendíamos que no se podía hacer
un viaje tan largo simplemente para actuar en un festival,
por lo que pudimos organizar esta gira que ciertamente
será enriquecedora para todo el elenco, muy
joven y al mismo tiempo con muchas ganas y mucha fuerza».
La llegada hoy a La Paz, a más de 3.600 metros
de altura, resulta fundamental para el elenco, pues
deberá aclimatarse en pocas horas, para mañana
dedicar toda la jornada a la primera actuación,
con la obra de Ernesto Herrera «El pan nuestro».
28/5 El Telégrafo
Taller de Teatro llegaba anoche
a La Paz tras varios contratiempos
POTOSI, 27. (Por Enrique Julio Sánchez, enviado
especial). Cincuenta horas después de abandonar
Paysandú, la delegación del Taller de
Teatro de Paysandú todavía no ha podido
alcanzar La Paz, debido a una serie de contratiempos,
que uno a uno se han ido solucionando.
Al momento de escribir esta nota, en la histórica
ciudad de Potosí, en el centro de Bolivia,
donde cada piedra puede perfectamente contar una historia,
el reloj marca las 15.34 de Bolivia (16.34 de Uruguay).
Y si todo sale bien, se espera arribar a la capital
boliviana a medianoche.
SEMEJANZAS
En realidad, este viaje ha presentado en su inicio
semejanzas con el primer viaje internacional del Taller
de Teatro, a Moscú en el año 2000, cuando
casi no se puede abordar el avión de Aeroflot
rumbo a Moscú (con escala en Túnez)
debido a problemas con dos pasaportes de la delegación.
Cuando faltaban pocos minutos para el decolaje, una
llamada providencial de Raúl Rodríguez
pudo destrabar la situación y se cumplió
normalmente con el viaje.
Este tiene semejanzas. Hasta ahora cuenta con una
detención de Gendarmería Nacional de
Argentina, la rotura de una cubierta del minibus y
la rotura de una cubierta del trailer que transporta
el equipaje.
PARTIDA
Abrazos, lágrimas, promesas de llamar, de escribir
por Internet, en fin, lo de siempre, marcó
el inicio de la gira 2003 del Taller de Teatro de
Paysandú, que a las 14.54 del domingo partió
desde su sede. A las 18.45 abandonaron el país
por Bella Unión, pasando a Brasil por Uruguayana
y a Argentina por Paso de los Libres.
Se viajó durante toda la noche, para mantener
un buen promedio y para arribar el martes de mañana
(después se vería que sería solo
una ilusión) a La Paz.
La marcha continuó durante todo el lunes, con
detenciones solamente para combustible y breves descansos.
Hasta que llegaron los inconvenientes.
GENDARMERíA Y CUBIERTA
Llegando a Tres Cruces, en la provincia de Jujuy,
y de manera totalmente imprevista, un soldado de Gendarmería
Nacional sale raudo a la carretera con la intención
de detener al vehículo de la delegación,
el que solamente puede frenar unos cincuenta metros
más adelante.
El soldado parece decir «adelante», así
que se continúa, pero a pocos kilómetros,
en Abra Pampa, el minibus es detenido por otros efectivos
de Gendarmería, con caras de pocos amigos.
Habían sido notificados desde el puesto anterior
y estaban dispuestos a hacer pasar un mal rato a todos.
Así que minibus y delegación, derechito
para la comisaría. Allí un oficial pensó
que se iba a hacer un festín. pero no contaba
con un detalle: los pasaportes oficiales, cada uno
de los cuales reza «Misión Oficial»
de la República Oriental del Uruguay. Refunfuña,
pregunta y repregunta, pero diez minutos después
debe dar por cancelada su fiesta y dejar ir a todos.
Todo parecía marchar sobre ruedas, pero precisamente
una de ellas iba a dar que hablar. Es que el camino
más adelante se torna prácticamente
intransitable, con piedras y pozos. La camioneta reduce
su velocidad para transitar esos kilómetros,
pero cuando está ingresando a Plunahuasi, la
cubierta posterior derecha se convierte en flecos.
Juan y Gustavo, los choferes, sacan una auxiliar y
sin mucho trámite la cambian. Demoran pocos
minutos y pronto todos siguen el viaje.
UN ASUNTO DE ADUANA
Al arribo a La Quiaca, alrededor de las 20, se presenta
el siguiente problema: Migración argentina
cierra a esa hora y hasta el día siguiente
no vuelve a la actividad.
Así que hubo que hacer los trámites
en tiempo record, pues más allá del
Pasaporte Oficial que porta cada integrante de la
delegación, hubo que completar la cédula
verde argentina.
Finalmente, a las 20.48 el grupo abandonó La
Quiaca, recorrió unos cincuenta metros e ingresó
en Villazón, la puerta a Bolivia. Entonces
—oh, destino cruel— otro problema. Aduana
de Bolivia solamente trabaja de 8 a 12 y de 14 a 18.
Así que no había posibilidades. Salvo,
claro, la viveza argentina.
Un hombre se acerca y se ofrece a ayudar. (A «ayudar»
se vería luego). Conoce la casa donde vive
un funcionario de Aduana, «un hombre muy bien»
que siempre está «dispuesto a ayudar».
Pues bueno, allá parte de la delegación.
No tiene inconvenientes en cruzar la frontera pues
no hay barrera debido a que el tránsito fronterizo
está habilitado sin trámites.
Se ubica la casa del funcionario de Aduana, pero no
está de guardia (¿cómo?, ¿no
era que cerraba a las 18?) Pero —oh, casualidad—
al lado vive su jefe. Lástima, porque no está.
Hay que esperarlo. No queda otra opción. Pasan
los minutos, pasa más de una hora. Y nada.
Parece que el hombre se está divirtiendo en
La Quiaca.
¿Entonces? Raúl Rodríguez vuelve
a la carga, siempre con su fiel Pasaporte Oficial
en la mano. El aduanero, finalmente, accede y pìde
un par de fotocopias. ¿Otra casualidad? Pues
justo, justo, tiene en su casa una copia de los papeles
necesarios para realizar los trámites. Más
todavía. Hasta tiene el sello correspondiente.
Pasa otra media hora y finalmente Aduana queda completada.
Esto es, la parte del vehículo, porque Migración
argentina ya había culminado su trabajo.
Aproximadamente a las 23 (de Bolivia) todo queda solucionado.
La «ayuda» del argentino equivale a 15
dólares. Pero, bueno, La Paz, allá vamos.
No se han transitado ni cinco cuadras cuando aparece
un control policial boliviano. Los trámites
llevan unos quince minutos. Pero finalmente la carretera
hacia Potosí queda liberada.
CAMINO DEL DEMONIO
El camino de Villazón a Potosí, de cuatrocientos
kilómetros de extensión, es realmente
endiablado. Con curvas y contracurvas cada cincuenta
metros cuando mucho, con decenas de cruces a los costados,
mudo signo de otras tantas muertes, y apenas de tierra.
De nuevo hay que reducir la velocidad, a no más
de cuarenta kilómetros.
Es noche cerrada y eso agrega dificultad a un camino
nunca antes transitado por la delegación. Lentamente,
se progresa. Algunos tratan de dormir en la coctelera
en que se ha convertido la camioneta y otros permanecen
en silencio, sabiendo que se está a más
de tres metros de altura y que los precipicios están
allí, a cada lado. Esperando un error.
A las 5 de Bolivia, el minibus es detenido por un
camionero en desgracia, pero no hay forma de ayudarlo.
O eso se pensaba. Quinientos metros más adelante,
se escapa la rueda izquierda del trailer. En el medio
de la nada. En el reino de la oscuridad.
¿Qué hacer? En primera instancia, vaciar
el trailer y trasladar todo el equipaje a la camioneta.
Pero el problema siguiente es que es demasiado peso
para un camino tan malo y totalmente desconocido.
Entonces, se prefiere que los hombres queden allí,
a la buena de Dios, que las mujeres permanezcan en
la camioneta y además se decide ir a buscar
al camionero para una mutua asistencia.
Hay un pueblo a 30 kilómetros, llamado Vitichi.
Y hacia allá parten algunos, y allí,
en el camino quedan los hombres. Lo más abrigados
posibles, caminando constantemente para que los pies
no se congelen. Hasta que con los primeros signos
de claridad, se decide hacer una fogata. Sobra leña,
aunque fina ya que se trata de arbustos. Con papel
higiénico y fósforos se hace el fuego,
y con él, el calor. Las horas siguen pasando.
Amanece. Aparece el sol y todos se sientan en la ladera
de un cerro aprovechando esa caricia. Y sigue pasando
el tiempo.
Finalmente, a las 10.30 de Bolivia, vuelve la camioneta.
Es que en Vitichi, nadie se había querido levantar
a ayudarlos; no antes de las 9. Así fue que
tuvieron simplemente que esperar. Y esperar.
Se soluciona el problema del camión y a éste
se sube el trailer averiado para trasladarlo a Potosí.
Se vuelven a cargar los equipajes en él y el
minibus recobra su capacidad inicial. Silvestre Cavas,
el dueño de la carga del camión —trigo—
sube al minibus para acompañar a la delegación.
Una parada en un paraje sin nombre para almorzar pollo
picante (en realidad, muchísimo picante y un
poquitín de pollo) por cinco bolivianos, y
el viaje sigue. Siempre el mismo camino de tierra,
siempre subiendo —hasta los 4.200 metros—,
siempre con el precipicio al costado, siempre con
las cruces como mudos testigos de otras tragedias.
A las 15.20 se arriba a Potosí y ahora hay
que arreglar el trailer para continuar viaje a La
Paz, pasando antes por Oruro. Mañana miércoles
en la capital boliviana se producirá el debut
de la gira 2003 del Taller de Teatro de Paysandú,
que sigue tal como estaba inicialmente previsto, sin
que los contratiempos sirvan para otra cosa que la
conversación, las bromas y el buen ánimo,
que no decae. Pese a que el cansancio hace mella.
Es que, se espera, que esta noche de martes, en La
Paz, en un hostal, una cama proveerá del descanso
tan anhelado. Aunque solamente para retomar fuerzas.
Porque —en realidad— mañana empieza
todo.
29/5 El Telégrafo
Finalmente el arribo, pero
arreciaron las peripecias
LA PAZ, 28. (Por Enrique Julio Sánchez, enviado
especial). A las 7.40 de Bolivia (8.40 de Uruguay),
el Taller de Teatro de Paysandú arribó
finalmente a esta capital, pero no lo hizo en el minibus
en que se traslada sino en un ómnibus de línea,
un coche cama de la Transportadora Copacabana, que
salió a las 20.30 del 27 desde Potosí,
en viaje directo, con una sola escala «para
descansar». Juan Ferreira y Gustavo Marsfiglia
quedaron en Potosí, donde recién hoy
iban a poder reparar el trailer, por lo que se esperan
encontrarse con la delegación en el hostal
Angelo —en pleno centro de La Paz, donde proveyó
de hospedaje la organización de la primera
de las funciones— para desde aquí continuar
viaje hacia Lima.
Como se indicara, el trailer fue subido a un camión
que también debió ser auxiliado en la
ruta Villazón - Potosí. La delegación,
en el minibus se había adelantado, junto a
Silvestre Cavas, el dueño de la carga de trigo.
Detrás, el camión guiado por José
Ari, transportaba el trailer. Tal como estaba acordado,
la delegación quedó en el centro de
Potosí y Ferreira, Marsfiglia y Cavas fueron
a buscar el trailer, que además tenía
absolutamente toda la vestimenta de los viajeros.
Pero pasó una hora y media y el camión
no pasó por el punto de encuentro. La preocupación
comenzó a ganar el corazón de los dos
transportistas. Cavas les pidió —para
colmo— hacerse a la ruta para ver qué
había sucedido. Más desconfianza, pero
no había muchas opciones. Finalmente, media
hora después, el camión fue encontrado.
Había sufrido por dos veces la rotura de cubiertas
y esa era la razón de la demora.
Ya era muy tarde para que los talleres hicieran la
reparación —más allá de
las 18 es difícil encontrar algo abierto—
por lo que se convino en reparar el trailer al día
siguiente, es decir hoy miércoles.
Ferreira y Marsfiglia, concientes de que el grupo
debuta precisamente hoy, entendieron pertinente ubicarlo
en un ómnibus para asegurarse que todo ocurriera
de acuerdo a la agenda.
Viajeritas
** Primer mea culpa. La delegación también
es integrada por Fernanda García, que involuntariamente
no fue nombrada en artículo anterior.
** Segundo mea culpa. El apellido de Gustavo, uno
de los dos choferes, no es «Marfiglia»,
sino Marsfiglia.
** Gabriela Gaye, como forma de conocer otras realidades,
cada vez que la delegación se detiene en algún
lugar toma una cuadernola y se dedica a hacer entrevistas
a los lugareños. Ya lleva ¡cuatro!
** El dormilón es Gabriel Nan. Por el contrario,
el que no pudo dormir «casi nada» es Mario
Coppes.
** Gabriela Gaye, sin dudas la que más se relaciona
con los lugareños, conversaba animadamente
con un amable «bolita», que —casualmente—
expresaba su poca «miga» con los argentinos.
Frase va, frase viene, el tema derivó en los
ascendientes, en el caso del «bolita»
fundamentalmente coyas y aimaráes. Pero Gabriela
fue un poco más lejos y dijo que «le
parecía» que ella era descendiente de
José Gervasio Artigas. ¿Será
cierto?
** Los primeros afectados por el «efecto altura»
fueron Iara Scarmatto, Victoria Balbuena y Gabriel
Nan. Los síntomas iniciales se sintieron apenas
llegados a Jujuy. Todos superaron rápidamente
los cuadros, aunque estos retomaron más adelante,
sin mas consecuencias que dolor de cabeza y sensación
de cansancio.
** Internarse por Bolivia desde la frontera argentina
es hacerlo en un país que no puede ocultar
la pobreza de sus habitantes. Pequeños caseríos
de viviendas bajas, de ladrillo color «tosca»,
algún corral en piedra para alguna cabra, llama
o cerdo y prácticamente nada más.
** No se ven plantaciones, especialmente por la gran
falta de agua. El impresionante paisaje —que
lo es— no tiene en el verde un color predominante.
Más bien dominan los ocres, rojos y azules,
dejando en claro la riqueza mineral de la zona.
** Cerca de Potosí comienzan a verse grandes
minas de oro, plata, estaño y otros metales.
Varias de ellas pertenecen al mismo propietario: Sánchez
de Lozada, presidente de Bolivia.
** Aunque en Bolivia la pobreza está ante los
ojos de quien quiera verla, no se aprecian las «legiones»
de niños mendigos, como en el Norte argentino.
** Es común en las ciudades bolivianas —al
menos en la zona visitada— ver a las mujeres
atender puestos de comida regional. Está el
bizcochuelo que se vende a 3 bolivianos (12 pesos
uruguayos), el huevo frito dentro de un pan casero
estilo «tortuga», con papas fritas y tomate,
2 bolivianos (8 pesos uruguayos) y el «Montecarlo»,
lo mismo que el anterior pero con el agregado de carne,
3 bolivianos también. La variedad, obviamente,
no se agota aquí.
30/5 El Telégrafo
Taller de Teatro inició la gira 2003
LA PAZ, 29. (Por Enrique Julio Sanchez, enviado especial).
Ante unas treinta personas, entre ellas el embajador
de Uruguay en Bolivia, Juan Andres Pacheco Ramírez,
el Taller de Teatro de Paysandu inició la gira
2003, actuando en la sala de Pequeño Teatro,
en el complejo cultural y gastronómico Calicanto
de esta capital.
La primera presentación del grupo, que se llevó
entusiastas aplausos de la concurrencia, no colmó
empero las expectativas de la dirección, debido
a que hubo fallas en la actuación, que deberán
ser corregidas para la presentación en Quito.
El grupo anfitrión, Pequeño Teatro,
recibió con alegría y respeto a los
artistas sanduceros, y tras la función -»El
pan nuestro», de Ernesto Herrera-, en el mismo
escenario del teatro, vivieron momentos muy especiales
de camaradería. Los bolivianos trajeron su
bebida nacional, Singani, (aguardiente) y un solo
vaso para un particular brindis. Primero un integrante
de Pequeño Teatro sirvió un poco de
Singani, derramó algo al suelo -»Por
la Pachamama»- y luego hizo un brindis en el
que elogió la presencia sanducera y destacó
la posibilidad de concretar un intercambio teatral
valedero y profundo.
Enseguida, Raúl Rodríguez hizo lo propio,
enfatizando en los lazos de cordialidad, en la hospitalidad
«bolita» y en lo que eso significaba para
el elenco.
Y así uno por uno, todos los visitantes expresaron
su gratitud y lo que esta gira significara en sus
vidas y en la escena.
Luego, como final, una particular ceremonia. Todos
tomados de la mano, formaron un círculo y un
teatrista boliviano dijo: «Si el teatro es verdad,
seremos sinceros». Manos en alto, aplausos,
mucha emoción.
Costo que lapaceños y sanduceros se separaran.
Pero finalmente, como sucede en la vida, cada cual
tomó su camino, prometiendo un próximo
encuentro.
En el caso de algunos, ese encuentro fue muy pronto,
porque al poco rato, al ir por algo de comida -porque
solo del arte no se puede vivir-, en el Lido Picadilly
-el único lugar de La Paz que está abierto
las 24 horas-, volvieron a encontrarse los unos con
los otros.
Y la charla fue la misma, una vez más. Teatro,
teatro. En realidad, vida. Y sí, si el teatro
es verdad, seremos sinceros.
31/5 El Telégrafo
Taller de Teatro llegó a Lima
LIMA, 30. (Por Enrique Julio Sánchez, enviado
especial). Al anochecer limeño y tras treinta
y cinco horas de viaje desde La Paz, el Taller de
Teatro arribó a esta ciudad, capital de un
país declarado en «estado de emergencia
nacional», convulsionado por problemas sociales
y económicos, especialmente en el sector educativo
y el agrícola, pero sin evidentes signos de
violencia, más allá que en la noche
anterior, en Puno, mientras este enviado redactaba
los artículos del día en un cibercafé,
en las calles ocurrieron violentos enfrentamientos
entre profesores y el Ejército, con el saldo
luctuoso de varios muertos, decenas de heridos y un
repudio generalizado a la actuación de los
militares.
Curiosamente, cuando este enviado volvió a
la calle, terminado su trabajo, rumbo al minibus donde
esperaba el resto de la delegación, en la calle
se desarrollaba un infernal caceroleo, con mucha gente
no solamente en sus puertas o balcones, sino ya en
la calle, haciendo sonar sus ollas frente a las mismas
narices de los militares. Para colmo, en el apuro,
el pasaporte había quedado en el vehículo,
aunque es evidente que las decenas de militares que
se cruzaron en el camino, no estaban interesados en
este escriba.
Se viajó toda la noche, en un esfuerzo para
alcanzar esta capital hoy viernes, objetivo finalmente
cumplido. Aquí fueron recibidos por los integrantes
del grupo Tuquitos, de egresados del prestigioso Teatro
Universidad Católica, que los agasajaron efusivamente.
Aquí descansaremos por algunas horas, para
luego seguir viaje a Quito, adonde se espera llegar
en la mañana del domingo. La función
en Lima será la última, ya de regreso
a Uruguay.
OTRO DESPERFECTO
Camino a Lima, en el departamento Arequipa, a 4.500
metros sobre el nivel del mar, el vehículo
sufrió otro pequeño desperfecto que
empero no detuvo la marcha de la delegación.
Una piedra —probablemente en el tramo en Bolivia—
rompió levemente el caño de escape,
por lo que anhidrido carbónico comenzo a introducirse
dentro del habitáculo de los pasajeros. Ante
esa emergencia, y para no detenerse, se decidió
abrir las ventanillas, aunque con ello se exponia
al pasaje al intenso frío nocturno, preferible,
a la intoxicación.
El episodio fue tomado hasta con buen humor, necesario
para llegar hasta la ciudad de Arequipa, donde hubo
una parada, en plena madrugada, para disfrutar de
un descanso y una cerveza. Fue entonces cuando todos
se dieron cuenta que eran remedos de Al Johnson, ennegrecido
el rostro y el cuerpo por el hollín del caño
de escape.
Al salir de Arequipa, para tomar la ruta Panamericana
rumbo a Lima, la pericia de los conductores estableció
una marcha a menos de 2.500 rpm, que evitó
que el anhidrido carbónico siguiera ingresando
al habitáculo, a la espera precisamente de
llegar a esta ciudad capital, para reparar completamente
el desperfecto.
CAMBIO DE CLIMA Y PAISAJE
Desde Desaguadero, en Bolivia, hasta la propia Lima,
el pasaje se tornó cambiante, lo mismo que
la temperatura ambiente, que desde el intenso frío
pasó al calor de Nasca, 300 kilómetros
al Sur de Lima, donde se encuentran las mundialmente
famosas Líneas de Nasca.
El paisaje pasó de colores oscuros al de los
médanos, las zonas agrícolas donde predominan
el maíz y el cactus, pasando por zonas pedregosas.
Para completar el paisaje, de un lado la caricia del
Pacífico y del otro la línea montañosa
de los Andes.
Lima ha sido alcanzada. Es solamente una etapa y a
ella se volverá luego. Quito está más
cerca. Bastante más cerca.
VIAJERITAS
** Desde Ica, a doscientos cincuenta kilómetros
de Lima, algunas anécdotas de viaje.
** Por correo electrónico, Horacio Merlo envió
saludos para todos. El hombre de teatro, ahora en
Miami, siempre se acuerda de su pago. Y de su pasión
artística.
** En cuanto es posible, la delegación también
invade el mismo cibercafé desde donde EL TELEGRAFO
envía sus notas, para leer lo publicado. Y
los comentarios son en vivo y en directo.
** El paisaje montañoso es ciertamente bello,
aunque no para todos. Victoria Balbuena no puede dormir
de noche, mientras se viaja por estos caminos de montaña.
«Tenía los ojos como dos yemas de huevo»,
comentó Gustavo Marsfiglia, chofer de turno,
al comentar cómo había pasado la noche.
** Camino a Lima, poco antes de Desaguadero, todavía
en Bolivia, se visitó las ruinas de Tiwanaku,
cuna de la civilizacion andina. Raul Rodríguez
negoció el ingreso de los trece viajeros. La
entrada costaba unos seis dólares, pero consiguió
un descuento muy importante, pagando solamente 50
centavos de dólar por persona. El precio es
para escolares y fue concedido no sin gran resistencia.
«Es que con esta entrada hay que ingresar de
pantalón corto», comentó el empleado.
** Es probable que este viaje sea un buen método
para adelgazar. Sea por la altura, el ansia de llegar
o cualquier otro motivo, la delegación se saltea
algunas comidas. Las suplanta con un poco de pan casero
o con bananas o mandarinas. Y a la ruta.
** Un integrante de la delegación (cuyo sexo
no es pertinente para este comentario) extraña
mucho a su amor, especialmente porque no le ha escrito
todavía por Internet. Así las cosas,
soñó que llegaba a la casa de unas aimigas
y le pedía que por favor le enviara un mensaje.
Es que, los afectos no se olvidan, no importa a cuántos
kilómetros de casa se esté.
** Precisamente, Paysandú tampoco se olvida.
No hay día que no se hable de la ciudad. De
18 y Herrera, de la comida, de plaza Artigas, de los
amigos. Paysandú está lejos geográficamente,
pero tan cerca como siempre. En el corazón.
1/6 El Telégrafo
Arriba hoy a Quito el Taller de Teatro
LIMA, 31. (Por Enrique Julio Sánchez, enviado
especial). Un despertar agridulce tuvo la delegación
del Taller de Teatro de Paysandú en esta capital,
porque con la exquisita hospitalidad del grupo Los
Tuquitos contrastó el hecho de que el minibus
en que se traslada el grupo fue robado en la madrugada,
por desconocidos que amparados en las sombras de la
noche y los etcéteras que agregan los partes
policiales, sustrajeron la campera de abrigo de este
enviado y la parte trasera de la radio del vehículo,
prácticamente sin valor en la medida que la
frontal había sido retirada por los conductores,
como habitual medida de seguridad.
Los cacos, siguiendo con el lenguaje policial, actuaron
con gran pericia porque quitaron sin un solo rasguño
el parabrisas posterior, al que delicadamente colocaron
sobre el césped de la casa, ubicada en Pueblo
Libre, uno de los barrios de esta capital. Posteriormente
se introdujeron en el vehículo y se dedicaron
a revisarlo cuidadosamente.
Felizmente, la mayor parte del equipaje se encontraba
dentro de la casa, lo que minimizó las pérdidas.
La campera tenía otras pertenencias pero estas
fueron deshechadas y dejadas en el vehículo;
alguien involuntariamente dejó su pasaporte
oficial, pero éste fue también descartado.
Lo mejor fue que o no tuvieron tiempo o no era lo
que buscaban, pero el parabrisas posterior quedó
en el césped, totalmente sano, por lo que solamente
hubo que volver a colocarlo para reiniciar el viaje
hacia la frontera peruano-ecuatoriana, en busca del
principal destino de esta gira, Quito, donde se desarrollará
a partir de mañana el Primer Encuentro Internacional
de Maestros y Escuelas de Teatro.
HOSPITALIDAD LIMEÑA
El grupo Los Tuquitos agasajó en la noche anterior
al grupo con un delicioso plato tradicional peruano,
ají de gallina, aunque en realidad era de pollo
porque aquí -curiosamente- es más barato
que la gallina, lo que quizás abriría
un mercado a las gallinas uruguayas que en el mercado
interno no tienen aceptación.
Antes, un brindis con pisco sour (pisco, limón
y azúcar) y después ron con cola y mucho
limón.
Después, un bienvenido baño y un reparador
descanso en colchones colocados en el suelo, pero
que semejaron una habitación de un cinco estrellas.
A las 6.50 (8.50 de Uruguay) Mario Coppes y este escriba
precedieron a los demás, levantándose
para preparar el tradicional mate, aunque también
hubo un delicioso desayuno con queso, manteca, mermelada,
café y leche.
El Taller de Teatro arribará mañana
a Quito, en la jornada inaugural del Encuentro, aunque
hay dudas desi podrá arribar para la ceremonia
inaugural, que será a mediodía.
Viajeritas
En la ciudad de Ica, al sur de Lima, el grupo se detuvo
para permitir que este enviado produjera y enviara
sus reportes. Posteriormente concurrimos a un lugar
de comidas caseras donde todos pidieron salchipapas,
una especie de ensalada con papas fritas, tomate y
repollo. El escriba tomó una de las salsas
disponibles y cuidadosamente depositó una pequeñísima
porción sobre el plato, para investigar de
qué se trataba. ¡Bien! «Salsa golf»,
pensó, y generosamente distribuyó una
gran porción sobre todo el plato. Al primer
bocado comprendió -tarde- que vaya uno a saber
cómo se llamaba la salsa, pero que era picante
como el demonio. Comparados, los dragones mitológicos
eran dragoncitos de pecho.
***Una similar. Gabriel Nan se ha hecho famoso por
su insaciable apetito. Para comer el ají de
gallina, había también algunas salsas.
Antes de empezar a cenar, curioso y gourmet a la vez,
tomó una cucharada de una salsa roja y se la
comió. Ahí comprendió el significado
de la palabra picante. Tanto que después casi
no cenó. «No puedo, no puedo, trato,
pero no puedo», decía.
***Hoy, 31 de mayo aquí en Lima, se cumplen
33 años del impresionante terremoto que afectó
a Perú, especialmente al departamento de Ancash.
En recuerdo de esa tragedia, se celebra el Día
Internacional de Reflexión sobre Desastres
Naturales.
***Precisamente, en el ciber-café desde donde
se envía esta información, hay un cartel
que dice «Zona segura en caso de sismos».
***La broma más común del grupo, ante
cualquier «mal paso» de alguno es: «¡Fuiste,
mañana salís en EL TELEGRAFO!»
***En Lima, en el local de Los Tuquitos fue posible
lavar algunos vaqueros. Originalmente azules, parecían
de mineros. Y hasta «se paraban» solos.
***En Perú buena parte de la delegación
aprovechó para comunicarse con sus familiares
mediante la modalidad de «cobro revertido».
Es el único país en la región
con un convenio de ese tipo.
2/6 El Telégrafo
Escoltado por oficial de Aduanas
el Taller de Teatro arribó a Quito
SANTA ROSA, Ecuador, 1º (Por Enrique Julio Sánchez,
enviado especial). La historia se repite. Con curiosa
similitud. El viaje a Moscú en el 2000 sigue
en la mente de quienes lo vivieron, mientras avanzan
por estos caminos de América, en este caso
rumbo a Quito.
Es que a las peripecias ya vividas —en realidad
anécdotas de viaje que se cuentan con cierto
orgullo— se sumó ahora que al llegar
a la frontera con Ecuador, el Distrito IX (Huanquillas)
de la Corporación Aduanera Ecuatoriana detuvo
durante cuatro horas a la delegación en virtud
de que el vehículo no estaba autorizado a ingresar
a territorio ecuatoriano, porque no existen convenios
con Uruguay que permitan asegurar que el minibus saldrá
del país (podría ser vendido, como ocurrió
con muchos vehículos chilenos).
Por lo tanto, primero se prohibió su ingreso,
luego se pidió el depósito del equivalente
al veinte por ciento del valor estimado y finalmente
se designó a un escolta, que en estos momentos
viaja junto a la delegación con la misión
de asegurar su llegada a Quito y retener el vehículo
hasta tanto se entregue el permiso de circulación
que es de uso en este país para el transporte
automotor extranjero.
Fueron cuatro largas y tensas horas. Las personas
no tuvieron inconveniente alguno, en la medida que
sus pasaportes oficiales sirvieron de maravillas,
como en todos los otros países. Pero en cuanto
al vehículo, el teniente Hidalgo impidió
durante horas cualquier acuerdo, aduciendo que no
era posible autorizar el ingreso del minibus uruguayo.
Fue necesario la presencia del capitán —al
mismo tiempo abogado— César Jacho, quien
entendió las razones de la delegación
uruguaya, especialmente porque Raúl Rodríguez,
que rápidamente revisó la ley que regula
el tránsito de vehículos según
juridiscción de Aduana, encontrando que en
el capítulo 10, artículo 87, queda establecido
fehacientemente que las delegaciones oficiales pueden
viajar con vehículos particulares, es decir
no sujetos a la normativa general ecuatoriana, que
previene el ingreso de automóviles desde el
extranjero con el único propósito de
venderlos dentro de fronteras.
Desde la frontera con Perú, un oficial de Aduanas
escoltó a la delegación hasta la central
zonal, a diez kilómetros, concretamente a la
localidad de Chacras. Allí se desarrolló
el grueso de la negociación, que varias veces
quedó en «punto muerto». De todas
formas, el que se tratara de una delegaciòn
en misión oficial finalmente abrió el
camino, estableciendo la excepción de que un
oficial de Aduanas viajara en el mismo minibus.
Al momento de escribir este artículo faltan
unas diez horas de viaje hasta llegar a Quito, pero
al momento en que el lector acceda al mismo, sin dudas
el Taller de Teatro de Paysandú estará
ya en la capital ecuatoriana, alojado en su hotel
y listo para hacer lo que ha venido a hacer, participar
en el Primer Encuentro Internacional de Escuelas y
Maestros de Teatro, organizado por la Universidad
Central.
El vehículo, en tanto, deberá ser sometido
a otros trámites burocráticos, pero
ya contando con la participación directa de
la embajada de Uruguay aquí en Ecuador. En
tanto, la delegación recuerda con agradecimiento
al capitán Jacho y con rebeldía al teniente
Hidalgo, que una y otra vez interpuso trabas para
continuar el viaje.
En camino a Quito van los sanduceros, con un oficial
de la Corporación Aduanera Ecuatoriana a bordo,
quien encontró «demasiado amargo»
el tradicional mate uruguayo, pero que ya ha demostrado
amabilidad, lo que sirve a otro propósito de
este viaje: promover el intercambio cultural entre
países que —más allá de
barreras burocráticas— son hermanos,
hablan en un mismo idioma y al final, terminan siempre
por entenderse.
Viajeritas
Desde Santa Rosa, en Ecuador, a pocos kilómetros
con la frontera peruana, algunas anécdotas
de viaje.
Pese a que indicamos que los cacos se habían
llevado solamente una campera y la parte trasera de
la radio del vehículo, una inspección
posterior demostró que también faltaban
dos cámaras fotográficas, parte del
vestuario de la puesta en escena y una mochila.
Cristina Gaudín, que estuvo todo el tiempo
junto a la delegación, no se había enterado
del robo. Cuando abandonábamos Lima, muy inocentemente
preguntó el motivo de tanta agitación.
«¿Ah sí?... No sabía
Con esto de viajar por varios países, se acumulan
las monedas de todos. Así, el escriba intentó
pagar su cuenta de Internet en un ciber café
con bolivianos en lugar de soles. Menos mal que había
buena onda en el local...
Aquí en Perú no se usa pedir «una
docena de huevos», sino «un kilo de huevos».
Cada país, con sus cosas...
El «galán uruguayo» Gabriel Nan
—así fue presentado por Coppes—
«se dignó» a sacarse fotografías
con algunas peruanas. Pobres, ellas piensan que tienen
una foto con un famoso...
Impresionante control militar se verificó al
Norte de Lima. En 550 kilómetros, el minibus
fue detenido por lo menos quince veces.
El tránsito en Lima (y en general en Perú)
es ciertamente infernal. «Es un curso. Quien
conduce aquí puede hacerlo en cualquier parte»,
comentó Rodríguez. Ferreira y Marsfiglia
ya aprobaron.
Como los peruanos son —en términos generales—
no muy altos, el modelo Tico de Daewoo es el más
usado como taxi.
Rodríguez recibió una buena noticia:
es abuelo otra vez. La delegación lo ha felicitado
como corresponde, y no ha perdido la oportunidad de
bromear al respecto.
Nan estaba preocupado porque hoy domingo no había
podido llamar a su madre para desearle «Feliz
cumpleaños». A pedido, EL TELEGRAFO sirve
de nexo entre madre e hijo para unirlos a la distancia,
en un abrazo.
Como en Perú la situación estaba ciertamente
convulsionada, utilizamos un cartel que providencialmente
dio muy buen resultado. Dice «Prensa - EL TELEGRAFO
- Press». Así que, por estos caminos
sinuosos de montaña y de sierra, transita un
vehículo de EL TELEGRAFO. Al ingresar a Ecuador
la pregunta de la Policía Militar fue obvia:
«¿De Guayaquil?», porque en esa
ciudad se edita un diario con el mismo nombre.
Algarabía causó en la delegación
la noticia que la Junta Departamental de Paysandú
considera la posibilidad de declarar de Interés
Departamental este viaje. Y se espera una pronta y
favorable decisión.
La zona fronteriza peruano-ecuatoriana es un sitio
muy parecido al de Clorinda, en la frontera argentino-paraguaya.
Mucha gente, muchos interesados en estafar a los turistas
o viajeros y cierto «olor a peligro» en
el aire.
La aduana de Ecuador no trabaja los domingos, al menos
no en el puesto fronterizo con Perú.
En la línea divisoria, a las 8.15 local (10.15
de Uruguay) se realiza una ceremonia de izamiento
de bandera nacional, que impide el tránsito
de personas y vehículos durante unos quince
minutos.
Ecuador es más caro que Perú y Bolivia.
La principal razón es que aquí la moneda
oficial es el dólar estadounidense, que «duele»
demasiado a los bolsillos uruguayos. Con todo, hay
un beneficio, porque el galón de combustible
es más barato que en Perú.
Ferreira y Marfsiglia, como todos, disfrutan del mate,
con yerba traída de Uruguay. Lo curioso en
su caso es el mate. No uno cualquiera, sino una suerte
de «taza». Es que Juan , cansado que su
mate no «tirara», resolvió cortarlo
al medio y usar la parte inferior. Una verdadera «taza».
Como no hay radio, el grupo se ha dedicado a jugar
a las cartas y a cantar. Quien más desafina
es Gabriel Nan y las chicas —Iara Scarmatto,
Gabriela Gaye y Victoria Balbuena—, a veces
entonan y a veces no. Lo seguirán intentando.
3/6 El Telégrafo
En marcha festival teatral en
Quito; Paysandú está presente
QUITO, 2 (Por Enrique Julio Sánchez, enviado
especial). Finalmente, a las 3 de hoy hora local (5
de la mañana de Uruguay) la delegación
arribó a esta capital, a tiempo para comenzar
el segundo día del Primer Encuentro Internacional
de Maestros y Escuelas de Teatro, que se desarrollará
hasta el domingo 8, organizado por la Escuela de Teatro,
Facultad de Artes, de la Universidad Central de Ecuador.
A su arribo a Quito, siempre escoltados por un Oficial
de la Corporación Aduanera Ecuatoriana, concretamente
del IX Distrito de Huanquillas, el Taller de Teatro
de Paysandú se alojó en el Hostal Casa
Olimpia, ubicado en el centro turístico y comercial
de esta capital, a unos quince minutos de la Universidad
Central de Ecuador, donde hoy al mediodía,
el grupo presenció la puesta en escena «Todas
solas», por la Escuela Superior de Artes «Débora
Arango», de Colombia, en el Teatro Facultad
de la UCE, donde más tarde, a las 19, se apreciará
otra propuesta, «Mejor solas que...»,
por la Congregación Teatral Preciosas Anónimas
de Argentina.
Mañana martes habrá tres propuestas
teatrales, destacándose a las 19 «Chiquilladas»,
por la Escuela Internacional Pequeño Teatro,
de Bolivia, uno de los anfitriones del Taller de Teatro
durante esta gira que en estos días continuará
por Colombia, para regresar a Quito, donde el sábado
7 a las 19, presentará «El pan nuestro»,
de Ernesto Herrera.
En lo que refiere al trámite de Aduanas propiamente
dicho, que involucra al minibus en que se traslada
la companía, en estas horas se están
realizando los trámites correspondientes, con
la presencia permanente de personal de la embajada
de Uruguay en este país, por lo que se estima
que esta misma noche el tema quedará completamente
resuelto.
CONSTRUIR, DESTRUIR LA PAREJA
«Todas solas», el trabajo presentado por
el elenco colombiano, responde puntualmente a las
propuestas que se espera encontrar en un festival
de teatro, donde las corrientes de experimentación,
simbolismo y reestructura de corrientes clásicas
generalmente están entre las más utilizadas.
«Todas solas» pone a las mujeres en primer
lugar, como protagonistas y víctimas de las
relaciones personales, especialmente las de pareja.
Utilizando textos de Franca Rame, Darío Fo
y Segi Belbel, dirigido por Luz Amparo Londoño
—apropiadamente, una mujer— se interna
por conflictos que azotan a la mujer de hoy, desde
el amor hasta el desamor, desde la amenaza física
hasta la opresión cultural, social y política.
Clara Estefany Gómez, Alejandro Ruiz, Estella
Giraldo, Paulina Stagnaro, Eliza Kractc Gil, Aracelly
Rivara y Leoyan Ramíres integran este elenco
muy parejo, técnicamente bien capacitado y
que cumple eficazmente sus roles.
Sin embargo, en la base parece estar la parte menos
interesante de la propuesta, en la medida que este
tipo de teatro experimental, propio de los años
80, cuando la palabra era cuestionada en beneficio
de la expresión corporal, aparece hoy por hoy
anticuado y por tanto fuera de época.
No obstante, por tratarse de una escuela de teatro,
igualmente puede aceptarse el punto de vista elegido,
en la medida que incentiva la expresión corporal
y la búsqueda interior de cada uno de los intérpretes.
Viajeritas
Desde Quito, ciudad capital de Ecuador, en un clima
húmedo, donde llueve y al rato sale el sol,
y en cuyas calles se venden todo tipo de frutas tropicales,
así como comidas rápidas que suenan
extrañas al oído uruguayo y saben diferente
al paladar idem, algunas anécdotas de viaje.
El grupo ha recibido, entre otras, las felicitaciones
de Américo Chirigliano, quien precisamente
con su grupo coral se prepara para viajar a Montecaseros
y a Buenos Aires. A la vez, la delegación teatral
retribuyó los saludos y envió un escueto
pero contundente mensaje: «Querer es poder».
Muy contenta se la ve por estos días a Gabriela
Gaye, quien en Ica, Perú, hizo buenas migas
con algunos nuevos amigos, que a través de
Internet se han mantenido en contacto, comentando
aspectos del viaje y de sus avatares. Es que no solamente
se hace camino al andar, también se hacen amigos.
Camino a Quito, pasada ya la medianoche, el grupo
se detuvo en una ciudad para cenar algo, pues todavía
quedaban horas por delante. En una calle, el minibus
encontró un puesto de comida rápida,
muy parecido a los «carritos» uruguayos.
Pero lejos de chorizos al pan y frankfurters, lo que
había para comer era un plato con arroz —todo
es con arroz aquí—, una salsa cuyo nombre
nunca se supo —pero sabrosa— y una presa
de pollo. Con una gaseosa, un dólar cincuenta.
En ese «carrito», a todo dar, un parlante
emitía música de los años sesenta
y setenta. «Los Iracundos» sonaron una
y otra vez.
También camino a Quito, el Oficial de Aduanas,
invitó al grupo con una fruta que nadie conocía:
la rosada, un tipo de banana que se ve mucho en Ecuador
pero que es prácticamente desconocida en el
mercado intenacional. Rica, pero indigesta si uno
come varias.
Hablando de bananas, la delegación pasó
por Machala, conocida como la capital mundial del
banano. El principal productor es Gustavo Moura, ex
candidato a presidente y dueño de un tercio
de la riqueza de este país. Su banana «Bonita»
es vendida en Uruguay.
4/6 El Telégrafo
Dios, ¿estás ahí?
QUITO, 3 (Por Enrique Julio Sánchez, enviado
especial). La delegación sanducera, la del
Taller de Teatro de Paysandú, presente en este
Primer Encuentro Internacional de Maestros y Escuelas
de Teatro de Latinoamérica, a la vez que concurre
a cada una de las puestas en escena que se desarrollan
en los diferentes escenarios, especialmente en el
teatro de la UCE (Universidad Central de Ecuador),
también participa en los diferentes talleres
que se llevan a cabo, a través de prestigiosos
maestros de teatro en diferentes disciplinas.
En el mediodía ecuatoriano (las 14 de Uruguay),
en el teatro de la UCE se presentó el grupo
de teatro de la Pontificia Universidad Católica
del Perú (TUC), con un elenco dirigido por
Alberto Isola, con la actuación de Julia Trayo,
Flor de María Bromley Mellado, Sofía
Humala Pasco, Laura Sofía del Bristo Guerin.
El elenco peruano presentó la obra «Colegialas
católicas», de la estadounidense Casey
Kurtti, estrenada en el Off Broadway en 1982.
«Colegialas católicas» sigue la
vida de cuatro estudiantes del colegio San Jorge,
en Yonkers, Nueva York, donde la educación
es eminentemente católica y donde se parte
de la certeza de que Dios existe y es todopoderoso.
La obra comienza y termina en espejo (del mismo modo),
con las cuatro estudiantes colocadas bajo fuertes
luces cenitales, pero entre ambos momentos pasan años
de estudio y parte de sus vidas, cambiantes, diferentes.
De la certeza del comienzo se pasa a la duda crucial
del final. «¿Estás ahí?
¿estás ahí?», se preguntan
las estudiantes después de vivir la presidencia
de Kennedy, el twist, el furor Beatle, la lucha de
Martin Luther King, la llegada del hombre a la Luna
y así hasta finales de los setenta.
La propuesta escénica tiene interés,
pero en verdad es demasiado extensa —dura 1
hora 40‘— para un planteo de este tipo,
que pudo ser bastante más vigoroso si se hubiera
reducido el texto, si se concentrara el conflicto.
De todas formas, conviene recordar que este es un
festival de escuelas de teatro y por tanto, los objetivos
pueden ser diferentes.
Solas, ellas están solas
QUITO, 3 (Por Enrique Julio Sánchez). El segundo
día del festival estuvo dedicado a una postura
«feminista», con la ya comentada puesta
en escena colombiana «Todas solas» y,
más tarde de «Mejor solas que»,
por la Congregación Teatral Preciosas Anónimas,
de Argentina.
«Mejor solas que» (solas acompañadas),
mostró una postura teatral bastante más
definida que la propuesta colombiana. Un notable trabajo
actoral de las dos actrices argentinas permitió
que el texto cobrara la debida relevancia, mientras
se transitaba por ese cascoteado camino donde el ser
humano —y en este caso la mujer en particular—
no encuentra afecto, cariño ni amor, este soltera
o casada, en pareja o en soledad.
A partir del humor, a veces bastante corrosivo, «Mejor
solas que» demostró que en un festival
no solamente tienen cabida las propuestas renovadoras
o experimentales, sino el teatro en su expresión
más tradicional, la del actor enfrentado en
primer término a un personaje, a una expresión
a partir de la palabra, el gesto y la intención
del texto y del gesto.
Dos mujeres que están solas, aunque tienen
marido y una vida que aparentemente las mantiene activa;
dos mujeres solas que deben hacer grandes esfuerzos
para mantenerse «en línea» a fin
de que el «mercado masculino» las tome
en cuenta.
Pero, después de todo, no hay solamente dolor,
sacrificio y lucha, hay también esperanza,
la de una sociedad en que el ser humano se vea como
es y no solamente como su «ser exterior»
lo muestra.
Una buena propuesta teatral. Ojalá llegue a
Paysandú 2004, al segundo festival «Atahualpa
del Cioppo».
Viajeritas
La noche del lunes fue la del esparcimiento.
La mayoría de los integrantes del Taller de
Teatro de Paysandú, junto a grupos de Colombia
y Perú, salieron juntos a disfrutar de momentos
de camaradería.
La cerveza fue la bebida preferida, especialmente
porque en la zona del hostal Olimpia rige el «dos
por uno». Una cerveza cuesta dos dólares,
pero en realidad se reciben dos. Igual, barato no
es, porque en un supermercado cercano, seis cervezas
de igual tamaño cuestan —también—
dos dólares.Pero bueno, la camaradería
merece inversiones.
Igualmente, pese a que la noche fue larga, a las 7
prácticamente todos estaban desayunando, porque
a las 7.30 había ensayo, el que a último
momento fue cancelado por actividades conexas de Rodríguez.
Esto fue aprovechado por algunos de la delegación
para visitar un cercano mercado de artesanías,
donde la rica cultura ecuatoriana atrapa en cada puesto.
Aunque tiene su freno, pues todo se mide en moneda
estadounidense.
Además de las funciones estipuladas en el programa
oficial, se desarrollan pequeños pasos de comedia
en los accesos a los teatros. Previo a cada función,
es común ver en los pasillos a algunos comediantes
atrapar al público con sus breves actos.
Como ya se ha indicado, el Taller de Teatro actuará
el sábado 7, y después de la función
partirá hacia Cuenca, donde tiene pactadas
dos funciones. Posteriormente, seguirá camino
a Lima, donde también actuará.
5/6 El Telégrafo
«Chiquilladas»: no es cosa de chicos
QUITO, 4 (Por Enrique Julio Sánchez, enviado
especial). El boliviano Sergio Caballero, de Pequeño
Teatro de La Paz, brindó la primera gran lección
de teatro en el Festival Internacional de Maestros
y Escuelas de Teatro que se vive en esta ciudad, al
presentar su monólogo «Chiquilladas»,
dirigido por una de las personalidades más
importantes del teatro latinoamericano, Guido Arze.
En la sala de la UCE (Universidad Central de Ecuador),
Caballero cautivó a una platea experimentada
(teatristas de Latinoamérica, Estados Unidos
y España) con un trabajo simplemente fascinante,
que seguramente podrá ser apreciado el año
que viene en Paysandú, en el marco de la bienal
«Atahualpa del Cioppo», que organiza el
Taller de Teatro de Paysandú (el único
grupo capaz de tal hazaña prácticamente
sin apoyo, aunque con el incondicional respaldo de
Yolanda, la viuda del notable teatrista uruguayo,
cuya figura sigue inspirando a las nuevas generaciones).
«Chiquilladas» habla de experiencias infantiles,
pero ciertamente no es cosa de niños. Como
la propuesta peruana ya comentada, y vista también
hoy, el inicio y final de la puesta en escena es en
espejo (idéntica), pero de igual forma que
con el elenco del TUC, las implicancias de una y otra
postura, aunque iguales, son bien diferentes.
«Chiquilladas» mira el mundo desde la
óptica infantil, pero con una claridad, una
fuerza, una ternura que solo se encuentra en las almas
puras; esto es, precisamente, los niños.
El sexo primero como curiosidad desde el orificio
de la cerradura, luego como experimentación
o como negación de esa posibilidad; la mujer
como madre, hermana; el poder representado por la
Iglesia que, como todo poder, se las ingenia para
oscurecer la verdad, para hacerla lo más incomprensible
que se pueda, de modo de mantener el poder en manos
de pocos, ni ilustrados ni valientes, pero sí
encaramados en la cima («the top of the hill»
de la que hablan los yankis); la educación
que parte de la opresión y del castigo, por
aquello de que la letra con sangre entra (pero también
sale); y la muerte, horrenda, atroz, desconocida,
que con su presencia convierte todo lo anterior y
lo posterior en meras palabras.
Palabras. Chiquilladas. Tonterías. Porque no
otra cosa es la vida, frente a la muerte.
Viajeritas
Desde Quito, a 2.850 metros de altitud, a los pies
del volcán Pichincha (4.800 metros) en la provincia
del mismo nombre, antigua capital Incaica, algunas
anécdotas de viaje.
El vehículo en que se traslada la delegación
ya está debidamente autorizado para circular
por todo Ecuador, por un plazo de 30 días.
No fue sencillo el trámite, sin embargo. Según
contó Juan José Ferreira, ingresó
a la oficina de un coronel de Aduanas a las 9 y 30
y no salió de allí sino hasta las 17
y 30 (hora local, en Uruguay dos horas más),
cuando finalmente, después de superar varias
barreras burocráticas consiguió el permiso.
Notable el apoyo de la Embajada de Uruguay en Ecuador,
pues un funcionario de alto rango estuvo siempre junto
a los transportistas, para que todo llegara a buen
término.
La gira por Colombia sufrió alteraciones de
último momento, debido a las posibilidades
de quienes la patrocinan, por lo que quedó
reducida a Cali.
Solo tres personas del Taller de Teatro viajaron a
Colombia: Rodríguez, el director, y las actrices
Iara Scarmatto y Zully García. EL TELEGRAFO
estará presente, a través de su enviado.
El resto de la delegación queda en esta ciudad,
para seguir disfrutando a pleno del festival.
El viaje a Cali, por razones prácticas y de
economía, se hace en ómnibus.
El menu que se sirve a los participantes del festival,
en el restaurant de la UCE, incluye siempre, pero
siempre, siempre, arroz y sopa. No es abundante, pero
sí sustancioso.
Este ejemplo debe servir para quienes en Paysandú,
tanto la Interteatral como el propio Taller de Teatro
de Paysandú, se preocupen menos por la comida.
Que no es abundante, «a la uruguaya»,
sino que simplemente se ajusta a los requerimientos
mínimos.
Algunos integrantes de la delegación «morían»
por una pizza. Así que se salieron con la suya:
llegaron a «Tomato Pizza- Internet» y
pidieron una mediana con aceitunas verdes. Golosos,
esperaron pacientes el momento de volver a comer «en
cristiano».
Pero en lugar de la tradicional pizza que se conoce
en Uruguay, apareció una suerte de torta frita
sin fritar con salsa de tomate por encima, luego queso
fundido y, por encima, algunas aceitunas. Todo «con
una blanca palidez» que a la vista aparecía
como crudo. Todo por la módica suma de seis
dólares (¡ay, qué dolor! ¡ay,
qué sinsabor!).
Gabriel Nan y Gabriela Gaye encontraron la forma de
saciar el apetito en el restaurant de la UCE. Simplemente
se han conquistado a las cocineras y siempre consiguen
«replay». Curioso privilegio, solo para
estos dos uruguayitos.
Aquí en Quito el minibus tuvo su primera limpieza
«en serio» desde que salió de Paysandú.
El pobre ecuatoriano que tuvo que limpiar su interior
no dejó de protestar por el esfuerzo que tuvo
que poner para dejar la camioneta en regla. Varias
veces intentó terminar con «¿Ya
está?», pero fueron solamente vanos intentos.
Pobre, seguramente no estará muy contento con
los uruguayos...
Gabriela Gaye está desconsolada. Hace una semana
que espera noticias de «alguien» pero
no llegan. Jura que comprará «El Principito».
¡Ufa!
6/6 El Telégrafo
Taller de Teatro actuó en Cali,
tras superar otros inconvenientes
CALI, Colombia, 5 (Por Enrique Julio Sánchez,
enviado especial). A las 6 local de hoy (8 de Uruguay),
con un último rezongo, se detuvo el ómnibus
que desde Ipiales, Colombia, trasladó a Rodríguez,
Scarmatto, García y este enviado, para participar
unos y presenciar el otro, en una función en
el prestigioso Teatro Experimental de Cali (TEC),
dirigido por el ilustre teatrista y poeta Enrique
Buenaventura.
Culminaba así un viaje que había comenzado
a las 6 y 30 del miércoles, en Quito. Un largo
día que -para no perder la costumbre- tuvo
también sus sinsabores e inconvenientes.
Inicialmente, estaba previsto tomar un ómnibus
de servicio directo entre Quito y Tulcán, pasar
luego en taxi a Rumichaca, ya en Colombia, hacer allí
los trámites de Migración y en otro
taxi hasta Ipiales, para desde ahí tomar un
ómnibus hasta Cali.
Pero, este escriba, que había quedado «encargado»
de despertar al resto, directamente ni se enteró
de la hora hasta pasadas las 5, así que hubo
que utilizar el plan «B», inicial de alguna
palabra que por aquí se escuchó más
de una vez.
Los cuatro, en taxi, se dirigieron hacia la terminal
de ómnibus de Quito, donde compraron un pasaje
en un coche que partía a las 6.15 y lo hizo
quince minutos después.
Al tratar de ingresar al área de embarque,
una curiosidad: había que pagar veinte centavos
de dólar (seis pesos uruguayos) aún
si se tenía pasaje comprado.
Es que aquí todo se cobra: para ir al baño
hay que pagar, para ingresar a la terminal de ómnibus
hay que pasar por un peaje (0,50 dólar) y también
para embarcar hay que pagar. Hijole, si solo falta
tarifar el aire. Pero, como siempre sucede, finalmente
«allá vamos». De Quito a Tulcán,
recorriendo la montañosa geografía ecuatoriana,
ahora salpicada de caseríos, pueblos y algunas
grandes ciudades.
Una vez en Tulcán, se hicieron los trámites
migratorios de salida de Ecuador y en taxi se partió
a Rumichaca para hacer lo mismo del lago colombiano,
donde dos gentiles enfermeros del gobierno invitaron
a vacunarse contra la rabia, lo que pareció
al grupo especialmente indicado para el escriba, hasta
que cayeron en la cuenta que era caso perdido.
Otro taxi, esta vez para Ipiales, en su terminal -tan
bullanguera como todas las de la región, donde
los empleados se pelean a gritos los posibles pasajeros-
se compraron boletos para Cali, en la Transipiales.
Diez horas de viaje era el tiempo previsto, pero éste
se extendió a quince cuando a las 22 y 30,
en el medio de la nada, en la oscuridad y en plena
montaña -válgame Dios- el ómnibus
se detuvo y el chofer y su ayudante literalmente desaparecieron.
Los cuatro uruguayos se miraron intranquilos, pero
los colombianos como si ’na. «Todo bien,
mi hermano», como dicen por aquí. Nadie
se inmutó, como si fuera algo común
y corriente. Pero el tiempo pasaba. No minutos, sino
horas.
Hasta que Rodríguez partió como delegado
a ver qué pasaba. Pues, ni más ni menos
que el progreso, chico. Efectivos de vialidad estaban
colocando la parte central de un puente peatonal elevado.
Ahora, por qué lo hacían en medio de
la noche, pues purita curiosidad colombiana, mi hermano.
Finalmente, a las 3 y 30 local, el ómnibus
partió en frenética carrera, en medio
de otros ómnibus y decenas de camiones de todo
tipo y capacidad. De allí a Cali, quedaban
poco más de dos horas. Llegó a la parte
trasera de la terminal de ómnibus de Cali,
pero otro atasco -esta vez de tránsito- decidió
a todo el pasaje a abandonar «y ya» el
catasfalco.
Al retirar el equipaje, otra sorpresa desagradable.
El bolso del matrimonio Rodríguez-García,
que junto con los otros dos de sanduceros habían
sido colocados en el habitáculo trasero, resultó
quemado por el calor despedido por el motor.
Sentados los cuatro en una casa de comidas, tratando
de entender colombiano -y aprendiendo a los golpes
que si se pide café traen «café
en leche» y que si se quiere tomar café
negro hay que pedir «tinto»-, las pertenencias
fueron clasificadas en sin deterioro, recuperables
e irrecuperables. Estas últimas fueron destinadas
a la basura, lo mismo que el bolso.
De pronto, Rodríguez comienza a sentirse mareado.
Pucha, ¡lotería de problemas! Sentía
mucho sueño y le costaba expresarse. Pasados
algunos momentos de incertidumbre, él mismo
dio la respuesta: en lugar de tomar su pastilla para
controlar la presión arterial, había
tomado una que era para dormir.
Así las cosas, en un taxi al Domus teatro,
donde tras un café -este sí, digno café
colombiano, chico- se descansó algunas horas.
Posteriormente, el grupo se trasladó al Acto
Teatro -que actuó en Paysandú en la
primera bienal Atahualpa del Cioppo-, desde donde
fueron al TEC, adonde efectivamente se realizará
esta noche la función.
Al momento de escribir este artículo, en la
calurosa tarde de Cali, una ciudad realmente tranquila,
de callecitas estrechas y empedradas, faltan algunas
horas para la función de «Puertas adentro»
y una charla sobre teatro uruguayo. Pero todo aparece
tranquilo en el horizonte, y se espera partir de regreso
a Quito esta misma noche, porque en la capital ecuatoriana
hay que ajustar la puesta de «El pan nuestro»
que mañana se presentará en el Primer
Encuentro Internacional de Maestros y Escuelas de
Teatro.
El Taller de Teatro de Paysandú ha cumplido
su etapa más al Norte, la de Cali. Hubo que
cancelar las de Pasto y Popayán, también
en Colombia, debido a problemas de logística
de los organizadores locales. Pero se ha llegado.
Con inconvenientes sí, pero éstos ya
-de tantos verlos- hasta parecen simpáticos
y todo.
Viajeritas
Desde Cali, a unos 7.400 kilómetros de Paysandú,
a unos 700 metros sobre el nivel del mar -casi nada
después de andar a 4.500 metros-, en una tarde
de calor pegajoso pese a que para los caliqueños
está «fresquito» con sus 25º
C, algunas anécdotas de viaje.
Viajar en ómnibus de línea, tanto ecuatorianos
como colombianos, es una experiencia ciertamente significativa,
que debe ser bien valorada. Como siempre, y como buenos
uruguayos, al subir en Quito al ómnibus que
llevaría a la frontera con Colombia, los ecuatorianos
miraron con extrañeza al cuarteto. Es que apaciblemente,
disfrutaban del mate mañanero. Cosa rara de
ver, al menos por estas tierras.
En estos países no se ve a muchas personas
pidiendo dinero o bucando trabajos casi imposibles
-como «cuidar» coches y motos-, tal y
como sucede en Uruguay y concretamente en Paysandú.
Y no es que no haya necesidades. Las hay, pero cada
cual tiene una forma distinta de buscar su sustento.
En las terminales y en las paradas de ómnibus
pululan los vendedores ambulantes, que ofrecen una
gran variedad de artículos, especialmente comidas
caseras. Suben a los omnibus «en manada»
y hablan a los gritos ofreciendo sus mercaderías,
que generalmente son siempre baratas y no superan
el dólar. Desde lechón frito con salsa,
hasta ananá trozado, pasando por una increíble
variedad de comidas -casi todas fritas-, aunque hay
también algunas «sudadas», es decir
hervidas,
|