Encuentro
en el Parque Peligroso
"Encuentro en el parque peligroso",
presentados por el CONAC Y ESTIVAL TEATRO, bajo
la dirección de Juan Martins y en el
elenco siguiente: José Ygnacio Ochoa
en la representación de Pedro y Mirla
Campos en la representación de Ana respectivamente,
la iluminación y la escenografía
es de José Miguel Castrillo. Se representará
en el marco de "III Lecturas dramatizadas"
de la ciudad de Maracay. Con esta pieza el grupo
ha tenido un éxito inesperado con el
público y sobre todo con el público
estudiantil, puesto que se ha dirigido a este
público en particular, obteniendo lleno
de salas que en otras ocasiones no suele suceder.
En esta oportunidad se presentará el
día 11 de Agosto en el teatro del Ateneo
de Maracay a las 7:30 PM. Esto es sólo
parte de un programa ambicioso que tiene la
agrupación con esta renombrada pieza
de uno de nuestros más destacados dramaturgos:
Rodolfo Santana. |
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Encuentro en el Parque Peligroso
Escrita en 1988. Estrenada en el
teatro Las Palmas. Caracas. Venezuela (1991) San Cristóbal.
Grupo de Freddy Pereira (1996) Teatro Príncipe.
Madrid. España. (1993). Teatro Universitario
de Valencia. España (1996). Compañía
Teatral Revuelta. México (1999).
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Elenco
- Mirla Campos es Ana
- José Ygnacio Ochoa
es Pedro
Escena
La tarde cae sobre un parque
en un área cercana a un tiovivo fuera
de uso y casi desmantelado. Hay dos caballos
rotos y caídos a la izquierda, tras un
banco de parque descascarado en su pintura.
Una jirafa y un elefante, bastante maltratados,
aún se sujetan a sus tubos, precariamente
sostenidos en el techo del tiovivo.
A la derecha se ve un grupo
de margaritas descuidadas. |
Sinopsis:
Santana va disponiendo en el discurso
de la historia un sentido de significación.
Por ejemplo, la historia está dicha de modo
tal que los personajes tienen un perfil en sí
bien definidos, ellos están caracterizados
para que sólo tengan una conducta determinada,
sus destinos están marcados en forma contundente.
La situación se presenta sin cambios en sus
destinos y con una vida que no sea la que el autor
les ha creado para tal: el perfil de los personajes
es configurado por lo que la historia tiene que decir.
Dependen de su desenlace. El autor no da lugar a las
digresiones. Los personajes ya traen consigo su destino.
Ellos, en diferentes momentos del texto teatral, pueden
ir cambiando —y de hecho es así—
sus conductas. Varían en giros emocionales
y nunca una forma del personaje se da por terminada.
Se van descubriendo a medida que la historia del relato
teatral se va terminando. Ellos van adquiriendo condición
de personaje: el lector-actor sólo va descubriendo
al final quiénes son los personajes que representa.
Sabe tanto el público como el actor, quién
es cada quién sólo al final de la historia.
Lo que si es invariable es el destino de cada quién.
Por eso es que las acotaciones de la autor, expresada
en sus signos no-verbales, se presentan cuando son
estrictamente necesarias. Cada acotación apunta
a cambios de la estructura muy específicos.
Pero esos cambios se dirigen implacablemente para
diseñar el destino de cada personaje. Ahora
esta forma del sentido de los personajes viene dado
en el lenguaje mismo y en su modalidad pragmática.
Existe una lógica racional que dirige el destino
de los personajes.
Cada quien vive la vida que tiene
que vivir. Y mejor aún, la vida que el autor
les impone. El texto rodea a los personajes y quiere,
con sentido casi pedagógico, conducir al espectador
a recorrer el destino de éstos: víctimas
de una sociedad y de sus conflictos que acontecen
en las ciudades contemporáneas. Por momentos
un discurso político soterrando en la formalidad
del lenguaje: la sintaxis precisa la complejidad de
estos personajes. Son quienes son, porque reconocen
su destino en el diálogo.
Agosto
- 2003
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