|
Alberti con uñas
y dientes
Liz PERALES
Salvat vuelve con Noche de guerra en el Museo
del Prado
El 27 de noviembre se estrena en
el teatro Madrid la séptima versión
que Ricard Salvat hace de Noche de guerra en el
Museo del Prado, de Rafael Alberti. La obra vuelve
a Madrid, a iniciativa de la Sociedad Estatal
de Conmemoraciones Culturales, 25 años
después de que la escenificara por encargo
del Centro Dramático Nacional. Un ejemplo
del mejor teatro político de Alberti en
el que hace una defensa de la República
y del heroísmo del pueblo de Madrid.
Escrita en los años 50, Noche de guerra
en el Museo del Prado está considerada
por los profesores Francisco Ruíz Ramón
y Ricard Salvat como la mejor obra del teatro
político de Rafael Alberti, por ser un
ejemplo de teatro popular no adulterado por formas
didácticas. En ella, el poeta hace una
defensa de la República, de sus ideas revolucionarias
y del heroísmo del pueblo de Madrid recreando
un universo de personajes inspirados en el Goya
de Los fusilamientos del 3 de mayo, de Martes
de Carnaval y de su serie de grabados los Desastres
de la Guerra. |
 |
La obra tiene una estructura dramática de
un único acto que Salvat logra, afortunadamente,
levantar. Desde un punto de vista argumental, el director
señala que “creía que el texto
había envejecido, pero pude comprobar, después
de una lectura que hicimos en Barcelona con actores
contra la guerra, y a modo de cantata, que sigue vivo”.
¿Es pues un ejemplo de ese teatro que cobra
sentido en situaciones de urgencia?
Comunión revolucionaria
Desde un punto de vista ideológico, la obra
comulga con los postulados revolucionarios del Alberti
comunista. En ella, el autor establece un paralelismo
entre la Guerra Civil del 36 y la Guerra de la Independencia
con motivo de la evacuación de 300 cuadros
del Museo del Prado durante la Guerra Civil, primero
a Valencia y después a Francia. La acción
transcurre durante una noche en el Prado, en los días
más graves de noviembre del 36 en el que la
capital sufre el asedio más duro por los nacionales.
Hasta allí han llegado los milicianos republicanos
para llevar los cuadros al sótano, y allí
se encuentran con los fantasmas de las escenas de
Goya como huidos de sus lienzos. Nos cuentan la invasión
naopoleónica hasta culminar con el ajusticiamiento
de los representantes de la monarquía, concretamente
de Godoy y la reina Maria Luisa de Parma, en el mejor
estilo revolucionario: juicio popular y horca.
El tono más lírico lo ponen dos poetas:
un joven que nos descubre ese museo, símbolo
de España, y otro poeta maduro que sale al
principio y fin de la obra como si quisiera devolvernos
al presente, poeta que no es otro que el Alberti de
vuelta a España tras su largo exilio. Luego
hay tres escenas añadidas, –dificultosas,
que rompen el ritmo dramático, en opinión
de Salvat– y que a modo de alegoría representa
una, el amor de Venus y Adonis roto por Marte, el
dios de la Guerra; la otra, nos retrotrae a los años
de Alberti en la Residencia de Estudiantes, con Lorca
y Dalí representados por dos arcángeles,
y una tercera, un diálogo entre el rey Felipe
IV y su enano Sebastianillo.
Estreno forrado de policías
En conjunto, es la escenificación muy plástica
y cercana al esperpento de una noche de guerra, que
puede ser la de 1808 o la del 36, es lo mismo, porque
lo que pretende Alberti es subrayar el caracter popular
y heroico del pueblo de Madrid y animar a la lucha
“con uñas y con dientes”, “con
la risa en la boca”, aún con los pocos
medios que se tengan, como así fue.
Ricard Salvat ha representado la obra en repetidas
ocasiones en el extranjero, pero la puesta en escena
que se recuerda en nuestro país fue cuando
Adolfo Marsillach se la encargó para inaugurar
el Centro Dramático Nacional, en el María
Guerrero, en 1978: “Sentí mucho que luego
no la quisieran estrenar para abrir el centro”,
explica Salvat. Sorprende que un texto claramente
antimonárquico se llevara a escena en aquellos
conflictivos años de la Transición,
pero entonces se hicieron tantas cosas sorprendentes:
“Recuerdo que fue un estreno muy tenso, el teatro
estaba forrado por dentro y por fuera de policías,
pero la obra tuvo bastante éxito. Contaba con
Juan Diego y Carmen Maura, entre muchos otros, y desde
luego puedo decir que casi todos los actores eran
miembros del PCE. Sí, desde luego que Marsillach
puso en nómina a los actores comunistas”,
comenta Salvat.
Séptima versión
Ésta es la séptima adaptación
que Salvat dirige y lo hace, según cuenta,
tras desestimar otros títulos del poeta y a
sugerencia de César Oliva, asesor de la Sociedad
Estatal de Conmemoraciones Culturales, quien para
esta producción se ha unido a la empresa Artibus.
Salvat también ha preparado la edición
del segundo volumen del teatro de Alberti que pronto
editará la citada sociedad en colaboración
con Seix Barral.
Esta versión ofrece algunas novedades respecto
a sus predecesoras. “Me aburre repetir”,
dice, “y por ello cada una de las versiones
que hago es distinta. La primera que estrené
fue en Roma, en 1973, siguiendo la edición
de Losada (1956) y luego, al año siguiente
le pedí a Alberti que incluyera dos escenas
más para presentarla en el teatro Belli, en
el Trastevere, muy cerca de donde vivía”.
Una de ellas hace referencia a la inclusión
de Picasso junto a los grandes maestros que cobija
el Museo del Prado, tal como el pintor deseaba y que
Alberti plasma aquí. La versión del
CDN, con un prólogo de Álvaro del Amo
y Miguel Bilbatua fue la quinta, y llegó tras
otras dos que hizo para México y Europa. La
que estrena mañana tiene la particularidad
de haber integrado como personaje a la mujer del poeta,
Maria Teresa León, que en el prólogo
lee un artículo que publicó durante
su exilio en Argentina.
Para esta ocasión Salvat se ha rodeado de
un joven y amplio equipo de actores que llegan a interpretar
tres y hasta cuatro papeles cada uno. Vicente Gisbert
hace de poeta maduro, mientras del joven se ocupa
Pablo Rojas. María Luisa Armenteros da vida
a Maria Teresa León, pero también es
una de las tres esperpénticas brujas que hacen
Yolanda Diego y Luisa Gavasa. Manu Aguilar, Marisol
Rozo, Juan Nieto y Raquel Ortega, Leandro Rivera,
José Antonio Ferrer son algunos nombres del
elenco. Respecto a la escenografía dice el
director que también es completamente nueva,
aunque sigue las indicaciones de Alberti que contemplaba
reproducir la sala central del museo con un dibujo
en perspectiva proyectado sobre una pantalla. Los
muros están desprovistos de los cuadros que
han sido evacuados y en el suelo, sacos terreros.
Antes se proyectan muchos de los cuadros que al autor
le gustaban especialmente y que menciona en la obra.
El final se reserva para unos versos de Machado: ¡Madrid,!
¡Madrid! ¡Qué bien tu nombre suena!/
Rompeolas de todas las Españas./ La tierra
se estremece, el cielo atruena./ Tú sonríes
con plomo en las entrañas.
La obra se estrena el 27 de noviembre en el Teatro
Madrid, donde permanecerá hasta el 14 de diciembre,
y luego girará por la Comunidad de Madrid,
Murcia y Canarias.
Reconocido por ser el introductor
en nuestro país del teatro de Bertolt Brecht,
a Ricard Salvat (Tortosa, 1934) también se
le identifica por crear en los 60, en Barcelona, la
Escuela Adrià Gual junto al propio Gual y Maria
Aurelia Capmany, que ha contribuido a promover la
dramaturgia catalana y en la que se han formado generaciones
de actores. A pesar de ello, Salvat se siente maltratado
por los políticos catalanes, reconocimiento
que sin embargo sí ha tenido en el extranjero.
Es también profesor de la Universidad de Barcelona,
prolífico ensayista, y autor de numerosas adaptaciones.
Uno de sus éxitos escénicos ha sido
Ronda de mort a Sirera.
Fuente:
El Cultural
Diciembre - 2003
|