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Malayerba: de la palabra un
conjuro
María E. Mayer, La Opinión
El reconocido grupo ecuatoriano abrió el segundo
Festival Internacional de Teatro Latino con una obra
excepcional
“En estos tiempos de desencuentro, en que todos
estamos un poco enfermos, esto es un encuentro que
nos sana y exorciza”, dice María del
Rosario Francés a un público que apenas
puede contener el fervor terminada la función.
El grupo Malayerba acababa de inaugurar el viernes
7 de noviembre dos semanas del Festival Internacional
de Teatro Latino de Los Angeles (FITLA) con Nuestra
Señora de las Nubes, escrita y dirigida por
Arístides Vargas, quien comparte la escena
con la excelente actriz.
El encuentro de dos latinos exiliados y solos que
descubren su común origen —o se lo inventan
para sacar un rato de conversación que les
permita paladear su propio idioma— es la historia
de muchos de nosotros, los habitantes de una ciudad
de nombre semejante: Nuestra Señora de Los
Angeles.
“Yo, la virginidad no la perdí, más
bien la extravié…”, dice ella al
arrancar el primer acto. El público ríe
nervioso y baja la guardia, dispuesto a hacerse vulnerable,
a abrirse.
“Nos miran como si fuéramos de otro
mundo”, dice él, escudado tras su imperdible,
su sombrero y su afectación de latinoamericano
cosmopolita. “Ha de ser por el accccento”,
remacha la mujer, a horcajadas sobre su vieja maleta,
para luego pasar a chapurrear unas frases en inglés
dirigidas a un público invisible.
Ambos actores nos van envolviendo, tejen y destejen
recuerdos reales e historias fingidas, les dan vueltas,
nos dan vueltas, nos fascinan.
El escenario entero se pone a contar historias:
el velo de la novia incestuosa parece la vela de un
barco en manos de su padre, las hilachas del tonto
del pueblo arrastran la momia amortajada de su abuelita,
conocedora de todas las intimidades penosas de su
pueblo, harta de no poder salir afuera de noche porque
siempre hay toque de queda.
“Supongamos que yo me escapé el día
que los soldados tocaron a la puerta…”.
“Supongamos que tú te escapaste…”.
“Supongamos, supongamos…”, repican
las palabras en círculo. El libro en las manos
de él se convierte en pelícano que vuela
hacia los muertos. A ella la recuerdan porque no se
callaba y parecía tener alas.
Malayerba, grupo ecuatoriano de renombre internacional,
hace de la palabra un conjuro, como ya recomendaba
Antonín Artaud en 1938.
El lenguaje auditivo de los sonidos, el lenguaje
visual de los objetos, movimientos, actitudes, gestos
—a veces mecanizados otras no— es lo que
traen en sus maletas los dos exiliados de ese pueblo
quizá inventado, más allá de
las nubes.
La obra no tiene pretensiones metafísicas,
pero trae a escena ideas sobre el ciclo de creación
y destrucción de memorias, que constituye el
bagaje interminable de un exiliado.
“El exilio comienza cuando comenzamos a matar
las cosas que amamos”, dice ella. De a poquito,
nos aclara, no lo hacemos de una vez.
La segunda edición del FITLA continúa
hasta este domingo 16. Si lo que resta es tan bueno
como lo ya visto, es para recomendar.Aparte de las
obras representadas, FITLA estará ofreciendo
un simposio público hasta el 12 de noviembre
y hasta el 16 de noviembre una serie de talleres para
actores jóvenes y niños, a cargo de
actores y directores y sesiones de teatro leído.Información:
(323) 960-5132 o www.fitla.org.
Nota de La Opinión
Diciembre
- 2003
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