|
Escena y Texto: geometría
del Espacio Actoral
Juan Martins (dramaturgo-editor)
Para el actor el espacio también
es inspirado, recreado desde su noción.
Por más apego ideológico que este
actor tenga, él siempre estará
reducido a la abstracción de su actuación
Esa inspiración le confiere de modo intuitivo
su organización espacial. Conque, cualquier
conformación expresiva —incluyendo
los movimientos del actor— se compone
en espacio escénico.
Desde luego, no es nada nuevo: se halla en
las formas del arte contemporáneo: ninguna
realidad es inalterable y unívoca. La
palabra (el texto) busca significar nuevas experiencias,
anhela significar en sí misma. Mediante
los signos descubrirá el actor del texto
un lenguaje que se identifique con sus emociones.
Cuando el actor figura su expresión (identificando
al personaje) está coincidiendo con el
lugar que ocupará la palabra.
En tanto que la palabra es constante búsqueda
del silencio, éste, será el breve
instante con el que se puede implementar un
nuevo significado para el escenario.
|
 |
De aquí en adelante es cuestión de
creatividad. En esta inapelable búsqueda con
el lenguaje, no se está seguro de lo que se
encuentra: es la búsqueda misma lo que nos
interesa. La palabra se contiene del silencio para
afirmarse: imponemos una nueva codificación
en la medida en que el enredo es mayor: a nuevos significantes,
nuevos significados. Allí la palabra se enfrenta
a sí misma. En vista de que se contiene sobre
sí, se entiende que el silencio es su máxima
expresión. Y el actor se halla en medio de
todo esto. Él tendrá que dar con el
silencio.
Los impulsos del actor trazan las características
expresivas de su silencio. Determina la palabra, el
acierto con el silencio. Por consecuencia la naturaleza
de esa expresión estará definida conforme
a lo que se ve, la palabra es vista por medio del
cuerpo del actor. Cada desplazamiento del actor lee
sobre el escenario porque reconstruye en nuevos códigos
a la palabra.. Tan pronto que el ritmo sea la condición
corporal para decirle al actor, en un momento dado,
cómo debe ver la palabra sobre el escenario.
Como se decía ahora en el subcapítulo
anterior, la respiración, en tanto es instrumento
del ritmo, contiene a la palabra, porque de allí
el actor instrumenta todas las formas de su expresión:
el movimiento, la dicción, la expresión
corporal y el sentido del espacio físico son
los elementos que le permiten reconstruir a la palabra
sobre el escenario.
Los ritmos del actor varían según el
método que aplique. Ahora método es
una manera artificial o técnica y no el proceso
en sí mismo. El método es abstracción
y como tal debe definirse en su contexto teatral.
Porque sencillamente él, el actor, se vale
técnicamente de uno u otro método, a
objeto de aplicarlo como mejor le asiente. Es cuando
debe hacer abstracción de los métodos
adquiridos: instrumentar su ejecución por medio
de un método, si se quiere, un método
sentido y emocionalmente corporizado que lo hace ser
un método abstracto en cierta forma porque
se trata del espacio interior del actor. Cuando se
aprecia este proceso de abstracción, pueda
que empecemos a darle el lugar correcto al actor.
Le otorga el lugar correcto al texto.
Se decía entonces que el ritmo adquiere, acuñando
el término, cierta arritmia propia del jazz,
una música que en particular establece sus
ritmos a partir de la improvisación musical
y el mestizaje sonoro. Se impone la intuición
y lo impredecible. El actor también de alguna
manera arma su propia música.
Aquí lo mejor, el hecho impredecible. Los
espacios son abiertos o cerrados, dependiendo de que
así lo quiera el actor, el hecho se define
por sí solo y desde el mundo interior del actor.
Quiere decir que ese encuentro del actor con el espacio
no tiene una línea psicológica. La psicología
aplicada aprecia métodos que aquí no
están planteados. El hecho psicológico
requiere de un arreglo científico. Y, por el
contrario, el ritmo, cuando el actor domina su técnica,
se vale del hecho irracional y espiritual. Y es hora
de dejar claro que lo espiritual no se ajusta al concepto
religioso del vocablo, sino al carácter intelectual,
si se quiere antropológico: a ello se hacía
referencia cuando se indicaba la importancia de intelectualizar.
Diciembre
- 2003
|