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NUEVAS ESQUINAS DEL
TEATRO VENEZOLANO (III) —Y DE OTRAS PARTES—
Omar Valiño | La Habana
Otros espectáculos
pueden destacarse entre los de tantas partes
que llegaron a esta vigésimo octava edición
del Festival Internacional de Teatro de Oriente.
Los mexicanos de Casa del Teatro con Agata,
un amor criminal, crean, a partir del original
de Marguerite Duras, una interesante partitura
dramática. Ella y él son hermanos
de sangre, pero se aman como la pareja que nunca
han podido ser. Una vez más se encierran
para discutir ese amor prohibido. La dirección
de Angeles Castro acentúa ese encierro
creando una habitación pequeña,
aséptica, gris, casi vacía, a
la cual solo se le levanta la cuarta pared.
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Ellos están allí, vuelven una y otra
vez sobre los detalles del pasado, sobre la huida
a la que ella se aboca. Cierta uniformidad emana de
sus vestuarios, aunque las piezas respondan convencionalmente
al género. Milleth Gómez (Ella) y Llever
Aiza (Él) apenas se desplazan o mueven, por
eso ciertas acciones o gestos adquieren notorios énfasis,
dejando ver la pasión de este amor jamás
consumado.
Con Nojo, de Quinta Parede (Portugal) palpamos el
problema de la discriminación a los inmigrantes
a través de las confesiones de Sad, un joven
estudiante iraquí anclado en Alemania después
de su deserción en los tiempos de la primera
Guerra del Golfo. Ahora es vendedor ilegal de rosas
en bares y cafés. Por eso, el director José
Caldas ubica al personaje en medio de un cafetín
con el público sentado a las mesas, obligado
a escuchar la poca suerte de Sad, muy bien representado
por el actor angolano Dom Petro Dikota.
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Tres relatos del gran autor mexicano
Juan Rulfo reúnen los integrantes del colombiano
Teatro El Portón en Cuentos del llano en
llamas. Edgar Bello, el director, centra el montaje
en el desempeño de la actriz Martha Isabel
Rodríguez, quien asume varios roles. En
la primera historia, la mirada del niño;
en la segunda, la voz del padre que carga a su
hijo herido; en la tercera, el diálogo
entre el padre y el hijo que se va al Norte. Aunque
obviamente predomina lo narrativo, ella logra
con delicadeza y sencillez representar. También
destaca el trío musical con sus corridos
mexicanos que sirven de cortinas entre los cuentos.
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Teatro Gayumba, de República Dominicana, asume
el clásico de Calderón La dama duende,
en versión libre del director Manuel Chapuseaux
para dos actores, él y Nives Santana. Decididos
por el estilo del actor popular, recorren la comedia
entrando y saliendo constantemente de varios personajes.
Ello resulta beneficioso para la dinámica del
montaje, aunque dentro de ese mismo código
pudiera aplicarse nuevas soluciones.
Del centro de Cuba llegó el Estudio Teatral
de Santa Clara con La quinta rueda, una metáfora
sobre las marginaciones dentro de la condición
humana. La relación entre la loca y la enfermera,
la mujer que confunde un casual visitante con el hijo
que siempre ha esperado y el Rey de la basura, nos
hablan en el acostumbrado tono experimental de este
grupo, de aquellos que parecen sobrar en la sociedad.
Dirigidos por Joel Sáez, Roxana Pineda, Gretzy
Fuentes y Alain Carballo se entregan a la construcción
de un espacio difícil de desentrañar,
pero por eso mismo más atractivo.
Lajiribilla.cu
Diciembre - 2003
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