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Los raros deleites del señor
Masoch
María Ana Rago
Besaré tus Pies se inspira
en la vida del escritor de cuyo apellido deriva
la palabra masoquismo.
La sala oscura y una música acompasada
y tétrica definen al comienzo el clima
de Besaré tus pies, la obra teatral de
la novelista, poeta y dramaturga Patricia Suárez
(autora de la trilogía Las Polacas y
ganadora del Premio Clarín de Novela)
y Leonel Giacometto, dirigida por Julio Piquer,
que sube a escena en el Centro Cultural Konex
los viernes y sábados.
Con recursos convencionales, los actores (tratándose
de "tú" para acentuar la idea
de que los episodios que se representan no son
contemporáneos al espectador), interpretan,
en una sala con pocas localidades, una historia
simple, que transcurre en Austria en el siglo
XIX.
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La puesta es sencilla y recrea la vida de Leopold
von Sacher-Masoch, nacido en Lemberg, en 1835. Reconocido
escritor de su época (La Venus de las pieles
es una de sus novelas), ha pasado a la posteridad,
más que por su obra literaria, por el término
masoquismo, que deriva de su apellido y define una
perversión sexual conocida: la búsqueda
del placer a través del sufrimiento propio
(desde la humillación moral hasta la tortura
física directa). Besaré tus pies expresa
esa desviación del protagonista en cada uno
de sus actos.
Toda la historia se construye alrededor de una anécdota:
Masoch disfruta de la crueldad de los demás
sobre él. Por lo tanto el desarrollo de la
pieza se cierra sobre sí mismo, y su reiterada
fagelación, y no se profundiza mayormente en
otros aspectos que tal vez ofreciera el personaje.
La disposición del escenario es muy particular.
Se extiende a lo largo de la sala, hacia el fondo,
y abarca dos escenografías que permanecen simultáneamente
a la vista del espectador. Hacia adelante, un escritorio
y sobre él la pluma y el tintero del escritor.
Alrededor, viejos libros desparramados sobre el piso.
Detrás, la cama en la que Leopoldo demanda
y exige ser humillado y maltratado por su esposa y
por sus ocasionales parejas, para encontrar el gozo
en el dolor.
El sonido refuerza las palabras y las acciones de
los personajes. Cuando una cortina oculta lo que sucede
en el fondo del escenario, en off se escuchan los
latigazos con ramas de avellanos que Masoch sufre
voluntariamente sobre su cuerpo.
Leopoldo —Sergio Piornedo—, amante de
la impiedad, expresa su desequilibrio al nombrar a
su mujer —Stella Maris Closas—, como a
una de sus criaturas literarias y pedirle que se comporte
como ella. El personaje imaginario se llama Wanda.
El verdadero nombre de la mujer del escritor es Aurora,
quien soporta difíciles requerimientos de su
marido. A él le gusta la mujer infiel porque
"los celos provocan una deliciosa tortura en
el alma", asegura; y desconcierta.
Masoch le anuncia a su esposa que viajará
a París en busca de éxito, meta fundamental
del personaje, a pesar de su amor por el sufrimiento.
El matrimonio tiene dos hijos y uno de ellos es rechazado
por su padre. Aurora debe elegir entre ese presente
despreciable y un destino distinto, junto a otro hombre.
La lucha interior la domina y la obliga a tomar una
decisión.
La escena de las dos mucamas (Susana Fernández
Anca y María Eugenia Otero) espiando a sus
amos en la cama es una de las más logradas.
Mientras conversan y comentan lo que ven (y que sucede
en la extra escena), van brindando información
sobre los protagonistas y aportando una pequeña
dosis de humor a una obra en la que predomina el tono
grave.
Fuente:
Clarin.com
Diciembre - 2003
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