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Vieja y nueva tradición
Federico Monjeau
El anuncio del viernes profundiza la renovación
de repertorio, revitaliza la ópera de cámara
y el CETC.
La temporada 2004 del Colón, anunciada con
detalle en la edición de ayer, profundiza ciertas
líneas de renovación y fortalece vínculos
recientes. Charles Dutoit, que este año debutó
en el foso del Colón con El holandés
errante, abrirá la tetralogía wagneriana
(que él mismo completará en 2007), y
el dramaturgo Alfredo Arias, que tuvo su primera intervención
en La carrera del libertino de 2001, para volver con
Bomarzo en 2003, tendrá a su cargo el estreno
sudamericano de Muerte en Venecia de Britten, además
de un espectáculo en el CETC. El Teatro consolida
sus nuevas tradiciones.
En cuanto a los títulos, después de
una temporada inicial (2003) basada más en
la novedad de las realizaciones que en la novedad
del repertorio, la gestión actual abre significativamente
el panorama. Al título de Britten se suma el
estreno latinoamericano de Ubu Rey de Krzysztof Penderecki
y el estreno mundial de una ópera del destacado
compositor argentino Virtú Maragno, Fuego en
Casabindo (sobre la novela de Tizón), en una
selección donde el repertorio tradicional es
representado por La flauta mágica de Mozart,
Don Carlo de Verdi (una deuda con los abonados), El
oro del Rin de Wagner y Manon Lescaut de Puccini,
y se completa con Diálogo de Carmelitas de
Poulenc más una rareza rossiniana nunca representada
en el Teatro, Elisabetta, regina d' Inghilterra.
Se profundiza la revitalización de ciertas
áreas. La Opera de Cámara, que se creó
en 1967, resucitó en 2002 y sorprendió
en 2003 con el extraordinario hallazgo de El emperador
de la Atlántida, tendrá dos nuevas óperas
como El retablo de las maravillas de Hans Werner Henze
(que compartirá la fecha con una escenificación
de Renard de Stravinski) e I due timidi de Nino Rota,
además de la reposición del hallazgo
de Viktor Ullmann. Y el CETC vuelve con una auténtica
temporada paralela de diez títulos, entre ellos
Jacob Lenz, una ópera de un autor central como
Wolfgang Rihm, y encargos a significativos artistas
locales.
El abono de la Filarmónica no tiene el mismo
interés. Hay títulos atractivos, como
la Sinfonía de los Salmos de Stravinski, la
Séptimas de Sibelius y Penderecki o el Réquiem
de Takemitsu; hay algunos solistas notables como los
pianistas John Lill (con el 2 de Brahms) y Pascal
Rogé (Concierto en Fa de Gershwin), o el violinista
Gidon Kremer (Sinfonía concertante de Mozart),
pero el criterio general oscila entre un convencional
menú variado (obertura+concierto+sinfonía)
y un discutible integralismo, que se tomará
nada menos que un cuarto del abono para celebrar el
centenario de la muerte de Anton Dvorak. El mexicano
Arturo Diemecke dirigirá la integral de sus
nueve sinfonías (no presentadas en una serie
didáctica sino agrupadas al tun tun) más
el Réquiem, en los cinco conciertos de septiembre.
A partir de entonces, nuestros archivistas musicales
tendrán tres motivos menos de reclamo: las
sinfonías 1, 2 y 4 de Dvorak, que se escucharán
por primera vez en el país. Pero, como se sabe,
con primeras audiciones y celebración de aniversarios
se pueden hacer los programas más correctamente
protocolares y menos audaces.
Fuente:
Clarin.com
Diciembre
- 2003
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