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Sin pies ni cabeza
JOAN-ANTON BENACH
Los giros audaces, por inesperados,
de la acción, desembocan en soluciones
temerarias, perfectamente gratuitas
Entre la audacia y la temeridad hay un lugar
para la inconsciencia. O eso creí advertir
en cuanto hube leído las cinco primeras
páginas de “L'últim cigarro”.
A partir de ahí, el texto efectuaba extrañas
piruetas, el presunto humor de los diálogos
se desvanecía cada vez en la decepción
más desoladora y las situaciones se hacían
teatralmente torpes e ingobernables.
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L'ÚLTIM
CIGARRO
Autora: Daniela Feixas
Intérpretes: Daniela Feixas, Susanna
Garachana, Gavina Sastre, Mònica Glaenzel,
Jacob Torres, Marta Domingo
Director: Jacob Torres Escenografía:
Lluís X. Villanueva
Estreno: teatro Principal (9/XII/2003) |
Alguna vez, sin embargo, uno ha visto aparecer al
director-milagro que de la pura inanidad textual consigue
hacer un producto mínimamente ameno. Mientras
se imponía una ardua lectura, el arriba firmante
abrigaba, pues, la esperanza de que Jacob Torres,
conductor inerme del inapelable estropicio escénico,
pudiera pertenecer a esa raza de profesionales. Pero
no.
Y es que, en mi opinión, el texto de “L'últim
cigarro” no tiene remedio. No es nada grato
reseñar que una excelente actriz como Daniela
Feixas haya querido estrenarse de autora con una obra
tan poco afortunada. Ejercicio aproximadamente psicoanalítico
y vagamente feminista en torno a una insatisfecha
(?) generación treintañera,
“L'últim cigarro” delata el incontenible
deseo de escapar de lugares demasiado comunes. Pero
este visible empeño por la originalidad a cualquier
precio no tiene ninguna recompensa por el lado del
ingenio o de la crítica –sociológica
o meramente costumbrista– de cierta consistencia.
Los giros audaces, por inesperados, de la acción,
desembocan en soluciones temerarias, perfectamente
gratuitas. Los aplausos en “off” de las
comedias televisivas se administran sin ton ni son,
los fundidos para la introspección y distanciamiento
de los personajes principales no tienen ningún
sentido y en cuanto aparece “la pistola del
abuelo” el desbarajuste es total.
Es preciso reconocer que el programa de esa historia
de mujeres no engaña. Promete “absurd,
desconcert, bogeria, drogues, violència...”
y, en efecto, todo ello se administra con perversa
contumacia en el espectáculo. A la autora,
sin embargo, le ha faltado oficio suficiente para
ordenar tales elementos con alguna coherencia.
Y de todos ellos, en fin, el desconcierto es el que
se impone de manera hegemónica y a modo, sospecho,
de secreta e inaceptable coartada. A esa llamada comedia
se le ven las buenas intenciones pero no los pies
ni la cabeza, por la sencilla razón de que
éstos no existen.
“L'últim cigarro” brinda, eso
sí, ocasiones bastantes para no poner en duda
las buenas aptitudes interpretativas de sus actrices
y, en primer lugar, las de la propia Daniela Feixas.
Fuente
- La Vanguardia
Diciembre - 2003
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