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Circo en estado puro
JOAN MARIA MINGUET

El espectáculo impulsado por el payaso Tortell Poltrona se aleja de las más clásicas y empobrecidas fórmulas circenses

Sebastià Gasch, uno de los críticos circenses más influyentes de la segunda mitad del siglo pasado, decía que el circo ambulante es el circo cien por cien, el circo en estado puro. Aunque se trata de un espectáculo con muchos semblantes, tanto en su historia como en la actualidad, es cierto que uno de los que más tópicos ha generado en la literatura y en el cine ha sido el circo nómada, ése que encuentra en el viaje su razón de ser.

Ahora, Jaume Mateu (el payaso Tortell Poltrona) ha querido hacer bueno el aserto de Gasch y desde el pasado septiembre y hasta abril está de gira, primero por Catalunya, después por toda España, presentando su renovado Circ Cric.

El Circ Cric, nombre palindrómico con el que se pusieron los cimientos de muchas de las aventuras circenses contemporáneas de los últimos veinte años en Catalunya, nació en 1981 con la voluntad de erigirse como propuesta alternativa al empobrecimiento en el que se encontraba el circo clásico en aquellos momentos. A pesar de disfrutar de una vida muy corta, apenas año y medio, su experiencia supuso la aparición de un nuevo concepto de circo: la apuesta por un espectáculo total que no se fundamente en la mera sucesión de números; la contribución de elementos estéticos que provienen de otras artes escénicas; la exclusión de los animales; el rechazo al “más difícil todavía” como exaltación del riesgo por el riesgo o la estricta exhibición de habilidades...

Veintiún años después, el nuevo Circ Cric sigue fiel a aquella idea de circo (por otra parte extendida ya en todo el mundo a través de diversas compañías extranjeras que, al contrario que el Cric, contaron con apoyos institucionales). Sin embargo, ahora el empresario Mateu y el artista Poltrona cuentan con una experiencia muy notable que no poseían en 1981: en estos cuatro lustros el empresario ha levantado una experiencia singular, el Circ Crac, que es al mismo tiempo un centro de estudios sobre las artes del circo, una productora de espectáculos circenses y un circo estable, instalado en Sant Esteve de Palautordera, por el que cada año pasan miles de escolares para adentrarse en el mundo del circo contemporáneo. Y el artista ha crecido como payaso, ha centrado su atención en los más necesitados a través de la organización Payasos Sin Fronteras, y en la pista ha llegado a convertirse en un excéntrico de primera magnitud. Esa experiencia acumulada se deja notar en el nuevo Cric, que se desplaza de ciudad en ciudad con una carpa flamantemente nueva y con una impresionante profusión de vehículos y de remolques en los que conviven el medio centenar de artistas y técnicos que conforman la compañía.

El nuevo espectáculo, titulado “20 Circ Cric 02”, se estructura a partir de la idea de un viaje durante cuyo trayecto vamos encontrando una serie de personajes enigmáticos y poéticos. Un trayecto que simboliza la idea de un circo “de la tierra, solidario, diferente y contemporáneo”, como rezan los reclamos publicitarios. Así, van desfilando por la pista el malabarista navarro Asier, que propone un juego sutil, casi minimalista, entre unas pelotas y su propio cuerpo; el acróbata catalán Ignasi Gil, que trabaja tanto en el mástil vertical como en una percha flotante en la que realiza, junto a la brasileña Carla Fontes, un número de gran sensualidad; los acróbatas Claudio & Dani, el equilibrista Boris Caetano “El Tigre” y la acróbata aérea Carol, todos ellos brasileños, ofrecen distintos números de destreza tanto en el suelo como en la cuerda; lo mismo que el marroquí Mohamed El Mirri, con un notable repertorio de saltos, o la chilena Sol Espinoza, en las telas verticales. Por su parte, los Mortimer son, al mismo tiempo, unos activos mozos de pista y unos ocasionales payasos de gran eficacia. La música en directo, bajo la dirección de Víctor Ammann, aporta una nada despreciable carga de conexión con el público, tanto infantil como adulto. En conjunto, el espectáculo respira juventud (un rasgo que ya caracterizó al primer Cric) y profesionalidad a raudales.

Mención aparte merece la actuación de Tortell Poltrona, por la vitalidad de su personaje y por su enorme poder de seducción, tanto en sus ya clásicas entradas del micrófono o de las sillas, como en su particular versión, junto a Montse Trías (la clown Titat Craconi), de la representación de una obra de Shakespeare (“sin subvención”, apostilla durante la función el payaso, pero me temo que también el empresario).

En esta época en la que el circo vuelve a retener la atención del público, que se apasiona de nuevo por ese lenguaje ecléctico por antonomasia, el Circ Cric vuelve a regalar sonrisas, emociones y, sobre todo, instantes de gran intensidad poética.

Fuente: La Vanguardia
Enero 2003

Teatro en Miami
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