¿A
qué obedece el empecinado propósito de demostrar
la supuesta eterna juventud de la commedia dell'arte? Generación
tras generación reincide en un empeño que
parece ser algo más que un desafío profesional.
Se diría que unas instancias antropológicas,
químicamente puras, obligan a revisitar, una y otra
vez, el mundo de Arlecchino y Colombina, del Capitano y
el Dottore, de los enamorados que deberán burlar
la ingrata tutela del avaricioso Pantalone...
En alguna
esquina de nuestro aprendizaje cultural palpita, oscura
o inocente, una secreta fascinación por los pícaros.
Gemma Beltràn (1960) eligió esa especie humana
para dar nombre a su compañía recién
creada: Dei Furbi. Se trata de una tropa juvenil, energética,
muy ambiciosa a la hora de intentar adueñarse de
amplios recursos interpretativos y cuya trayectoria habrá
que seguir con suma atención. “Scherzo”
es su primer espectáculo y con él, Gemma Beltran
–inquieta actriz y directora de dilatada experiencia–
ha conseguido un espectáculo extraordinariamente
dinámico, colorista, de una enrevesada y confusa
dramaturgia, relegada, por fortu-na, a un segundo plano
gracias al empuje y vitalidad del propio juego escénico.
La alborozada
furia de los intérpretes conlleva que el espectador
no sepa muy bien cuál es la historia que le están
contando, pero no importa. La acción trepidante,
la gestualidad ostentosa, la desastrada escenografía
de feria, el vestuario y las máscaras... encienden
constantes estímulos visuales, igual que las intermitencias
luminosas de un tiovivo.
El propósito
de instalarse en la estética de la “commedia”
popular del siglo XVI no deja de expresarse con cierto acomplejado
candor. “Scherzo” flirtea con la aproximación
anacrónica de forma tímida, ingenua, perfectamente
banal. Aún cuando Arlequí se declare aficionado
al Cola-Cao y en algún momento se diga que “el
del bigote limpie el chapapote”, la juerga no consigue
acomodarse a ningún tipo de sátira contemporánea,
reducida a fugaces alusiones, reclutadas por obligación
mucho más que por devoción. Y es que resulta
muy evidente que la devoción esencial de Dei Furbi
es aquella técnica mediante la cual lo excesivo se
hace normal, cualquier conflicto deviene caricatura y la
gesticulación actoral, motivo de continuas sorpresas
y acrobacias.
El maestro
Pawel Rouba ha estado detrás de la pantomima y las
reyertas que abundan generosamente en “Scherzo”
y ello se advierte en numerosos detalles de gran profesionalidad,
poco accesibles por aquella vía autodidacta que suele
confundir el dinamismo escénico con el puro barullo.
En este
su primer asalto, Dei Furbi son cuatro actrices y cuatro
actores con un nivel interpretativo muy homogéneo.
En líneas generales, no obstante, creo que las damas
ganan la partida a los caballeros, destacando, en especial,
las actuaciones de Anna Sahun y Eva Cutura. El grupo se
muestra muy bien dotado para la canción barroca,
de la que ofrecen, a capella, dos interesantes piezas, la
segunda de ellas como generosa propina al respetable que
haya insistido en sus aplausos.
Fuente:
La Vanguardia
Enero 2003