|
Una
frivolidad bien servida
por JOAN-ANTON BENACH
El
tándem Joe DiPietro y Jimmy Roberts ha puesto la
ciudad de Barcelona en un pedestal. El éxito de su
espectáculo “T'estimo, ets perfecte... ja et
canviaré” motivó que su siguiente experiencia
en el género musical tuviera en esta ciudad su estreno
planetario.
Es
así como, después de un brevísimo rodaje,
la primera representación de “Amants”
– adaptación escénica de “Men”,
la película de Doris Dörrie– se celebró
anteanoche en la sala Villarroel, sin que la referida circunstancia
extraordinaria alcanzara, de todas formas, un relieve significativo.
La obra, sin duda, gustó. La obra fue aplaudida,
pero no se registró ninguna apoteosis especial. Que
“Amants” tenga una singladura tan afortunada
como “T'estimo, ets perfecte...” dependerá,
pues, de la respuesta del público “normal”,
es decir, del público desprovisto de aquella alta
cuota de parientes, amigos y conocidos que desfigura con
frecuencia el acuse de recibo de un espectáculo.
El
director de “Amants”, Paco Mir, define el producto
como “una comedia con canciones” puesto que,
efectivamente, los diálogos y la parte musicada y
cantada se reparten, más o menos, al cincuenta por
ciento las dos horas que dura la función. El libreto
refiere las peripecias que vive un alto ejecutivo publicitario,
orgulloso de su status, en el empeño por recuperar
el amor de su
esposa
que, inesperadamente, se lanza a un apasionado idilio con
un hippy, artista fracasado.
La
amable y tópica confrontación de los valores
que representan los dos caballeros del cuento, así
como una ligera y evanescente reflexión sobre el
“eterno femenino” referido al matrimonio, al
dinero, a la fidelidad e infidelidad constituyen el relleno
formal de un pasatiempo al que le bastan unas calculadas
gotas de cinismo para boicotear cualquier flaqueza sentimentaloide.
Con todo y sin salirnos de su materia prima, juraría
que las virtudes placenteras de “Amants” residen
mucho más en la música que en un texto de
muy limitado interés, edulcorado, según decían
anteanoche quienes conocían la versión cinematográfica
que origina la comedia.
Gran
Boixaderas
La
puesta en escena de la pieza de DiPietro y Roberts es otro
asunto. La frivolidad está servida por una muy buena
actuación de cinco intérpretes, al frente
de los cuales el gran Jordi Boixaderas no sólo exhibe
un dominio absoluto de todos los registros de la comedia
sino que canta sorprendentemente bien. De Nacho A. Vidal
habría que decirlo a la inversa: con importantes
antecedentes en el género musical, para el que está
muy bien dotado, su trabajo en la parte dialogada es correctísimo.
Igualmente completa es la labor de Muntsa Rius y muy logradas
resultan, en fin, las numerosas, polifacéticas y
fulgurantes intervenciones de Mercè Martínez
y Xavier Lite.
La
dirección de actores no es el único mérito
que debe anotarse en la cuenta de Paco Mir. El alopécico
triciclero ha hilvanado las escenas a un ritmo muy alegre
y vigoroso, y un imaginativo movimiento objetual, que hace
posible prescindir de los fundidos – muy funcional
la escenografía de Jordi Bulbena–, mantiene
viva la atención del espectador de principio a fin.
La de “Amants” quizá sea la mejor puesta
en escena que Mir ha conseguido hasta hoy. Una expresiva
interpretación pianística de Cindy Izzillo
y el contrabajo de Miguel Ángel Cordero nos devuelven
el gusto de la música en directo. En este caso, la
más brillante orquestación enlatada no sería
mejor que la música de los dos instrumentistas.
Fuente:
La Vanguardia
Enero 2003
Teatro en Miami
|