|
Un
striptease emocional
por SANTIAGO FONDEVILA
La
Pavlovsky vuelve a vestirse de largo y de negro en un espectáculo
con título admonitorio entresacado del himno nacional
de su patria natal, Argentina. Claro que la admonición
la pronuncia un ser humano tan mortal como todos los espectadores,
a los que la Pavlovsky se entrega con sinceridad, con honradez,
y con esa ternura que hay en un alma doliente que mira los
conflictos humanos desde la distancia que da el humor para
hacerlos más llevaderos.
No,
no es que Pavlovsky se ponga trascendente. A estas alturas
del viaje, la actriz no tiene nada que esconder y sí
mucho que decir sobre la belleza, la fama, el hambre, la
rutina, la memoria, el oficio y la muerte. Tampoco vamos
ahora a descubrir sus recursos como “show woman”,
acuñados en el durísimo género del
cabaret.
Pavlovsky
no es una humorista. Lo dice ella y quienes la conocen lo
saben muy bien. Ni Club de la Comedia, ni Hombres puntocom.
Su monologuismo no es un mero ji, ji, ja, ja, sino que tiene
algo de agridulce striptease personal y emocional, con abundante
espacio para la risa de pecho, la sonrisa, la poesía
y hasta algunas geniales sentencias.
Pavlovsky
a solas en el escenario. Sin canciones. Sin música.
Pavlovsky yendo y viniendo de sus historias a la platea.
A la que escucha como pocos intérpretes. Pavlovsky
jugando con el humor y la melancolía, hilvanando
un discurso bellamente iluminado por unas luces que se erigen
en auténtica escenografía. Pavlovsky de vuelta
de casi todo.
Los
materiales textuales escogidos por Pavlovsky para su nuevo
espectáculo son prometedores y la puesta en escena
augura un show contundente, aunque la actriz haya llegado
al estreno algo corta de ensayos y la memoria le juege alguna
mala pasada.
Lo
cierto es que los espectáculos de Pavlovsky necesitan
como agua de mayo el contraste con el público. Más
aún en este “Oíd mortales”, donde
establece una relación confesional con el respetable.
Recordemos que su anterior creación, “Orgullosamnte
humilde”, cambió notablemente desde su estreno
en el pequeño Malic hasta su presentación
en el Capitol. No habrá que esperar tanto para que
este “Oíd mortales” se asiente en el
Teatreneu y se convierta en un buen espectáculo de
un gran artista.
Fuente:La
Vanguardia
Enero 2003
Teatro en Miami
|