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Pinter
y sus formidables traidores
JOAN-ANTON BENACH
Dos
íntimos amigos, la relación oculta de uno
de ellos con la mujer del otro, el eterno triángulo
aderezado, esta vez, con las secretas infidelidades del
engañado y la engañada, componen, de nuevo,
una de las materias predilectas de Harold Pinter. En “Traïció”
(1978) el adulterio y las escaramuzas sentimentales circulan
tranquilas, sin estridencias, y es que el autor nos presenta
aquí la representación de una burguesía
intelectualmente cultivada para la cual son más dolorosas
las heridas de la vanidad y de la inteligencia que las de
los celos. Los dos amigos, Jerry y Robert, son editores,
educados en su día, uno en Oxford y el otro en Cambridge.
Emma, la mujer de Robert, dirige una galería de arte,
y Judith, la otra esposa –que no aparece en escena–,
es médica y sabremos de ella que se las apaña
con algún colega.
“Traïció”
registra los trazos del dramaturgo que bucea hábil
y tenazmente en los mecanismos de la relación de
pareja. Huellas de “Un ligero malestar” o de
“Viejos tiempos” andan pegadas a unas incisivas
formas de diálogo que alcanzarán su máxima
expresión en obras muy posteriores, como “Ceniza
a las cenizas”. Diez años antes de escribir
“Traïció” Pinter logró que
la BBC emitiera “Landscape” (“Paisaje”),
pieza terrible que ilustra la incomunicación absoluta
entre un hombre y una mujer y cuyo estreno en el Aldwych
Theatre tuvo que vencer serias dificultades de censura.
Algunos pensaron que “Paisaje” era el final
de un filón agotado. Pero no. Pinter regresaría
de nuevo a su exploración ilustrando las múltiples
vertientes –culturales, sociales...– que ofrecen
los crepúsculos matrimoniales, de los que, al parecer,
puede hablar por experiencia propia.
“Traïció”
es un texto notable, tanto por su hechura coloquial, meticulosamente
perfeccionista, como por su estructura narrativa. El relato
es una sucesiva marcha atrás en varias etapas, de
1977, cuando Emma (Lina Lambert) acaba de dejar a Robert
(Pep Tosar), el marido, y se encuentra con Jerry (Jordi
Collet), su antiguo amante, hasta 1968, cuando éste,
en una furtiva maniobra de seducción, declara su
pasión a la esposa del amigo. Entre ambas fechas
discurrirán siete años de relaciones clandestinas
en los que la mentira, la simulación y el cinismo
se habrán instalado en medio de todos ellos.
Tanto
o más que dialogar, los protagonistas de “Traïció”
se escudriñan mutuamente. Miden las palabras y cada
una de ellas es un paso más en la indagación
del deseo del adversario, a la vez que un nuevo dato que
añadir a la búsqueda inconfesada de una anterior
felicidad. Como pocas veces, los silencios que el autor
impone a sus criaturas permiten oír atronadoras tempestades
interiores. Con todo, ni el estallido de la ira ni la vomitona
de reproches alcanzan un relieve significativo dentro de
un juego de engaños en el que lo que cuenta es el
“dominio” de la situación, esto es, el
ejercicio de poder de uno sobre otro.
Apacible
aunque implacable biopsia de unas relaciones desdichadas,
Pinter no formula ningún diagnóstico. Si uno
recuerda la última mirada entre Emma y Jerry que
ha cerrado la primera escena, es posible imaginar que el
inclemente cirujano tuvo un instante compasivo y concedía
a los amantes una segunda oportunidad. La especulación
es irrelevante y, en todo caso, queda prendida en una inquietante
atmósfera de ambigüedades en la que parecen
ahogarse los personajes.
La
pieza la ha dirigido magistralmente Xavier Albertí,
responsable, asimismo, de una solución escenográfica
tan sencilla y útil como audaz. De otro lado, en
tanto que director de interpretación, Albertí
consigue uno de los mejores trabajos de su carrera. Claro
es que ha contado con tres oficiantes de excepción.
Formidables Pep Tosar y Jordi Collet. Imponente Lina Lambert
en todo, incluida una dicción catalana impecable.
No se pierdan la función. Un trío traidor
tan colosal no se ve todos los días.
TRAÏCIÓ
Autor: Harold Pinter
Dirección: Xavier Albertí
Intérpretes: Lina Lambert, Pep Tosar, Jordi Collet
y Jordi Ballester
Lugar y fecha: Sala Muntaner (12/XII/2002)
Fuente:
La Vanguardia
Enero 2003
Teatro en Miami
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