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Matias Montes Huidobro en la encrucijada de Guadalajara
por Olga Connor

''Por cubano en el exilio, tenía que ir por mi cuenta y riesgo a la Feria del Libro de Guadalajara. No en balde sigo, como lo estuve en 1959, en el vórtice del compromiso''. Con esas palabras concluye y define Matías Montes Huidobro su punto de vista en la polémica de Guadalajara, adonde asistió para presentar, el viernes 6 de diciembre, El teatro cubano en el vórtice del compromiso: 1959-1961, invitado por Juan Manuel Salvat, de Ediciones Universal que publicó el libro.

Estuvo precedido ese mismo día por la publicación de una extraordinaria y sentida entrevista que le hiciera Ligia García Béjar en El Informador, el periódico más antiguo de esa ciudad, que lo definía como escritor de la cultura del exilio. De ese modo, el dramaturgo actuó independientemente de los que se excusaron de ir para evitar la confrontación con la delegación oficial de la isla.

En la Feria, Montes Huidobro resaltó que ''es más fácil aceptar la historia oficial y reproducirla de acuerdo con los dictámenes de la oficialidad del caso, en un espejo de contradicciones, que escribir una historia que no reciba los beneficios directos de la oficialidad y el aplauso de la mayoría''. Lo dijo con la misma determinación que el mexicano Christopher Domínguez, quien atacó de frente la complacencia de la Feria con ciertas exigencias de la delegación cubana, lo que por supuesto era una gran preocupación de los organizadores que, según me informaron, invitan a un país cada año, y no a los escritores individualmente. Pero Montes Huidobro no enfocó su crítica hacia los organizadores de la Feria, sino hacia un período más lejano, cuando tuvo que tomar decisiones impuestas por su conciencia, dentro de la isla.

No hay duda de que como crítico teatral de Lunes de Revolución, a principios de los 60 --base de El teatro cubano en el vórtice del compromiso--, y como dramaturgo premiado, le sería muy difícil en ese momento (del 59 al 61) tomar la decisión del desterrado. Presentar en Guadalajara el libro fue una gran idea, porque estaba revelando su historia del modo más dramático. Su participación en la Revolución incipiente, sus esperanzas, sus dudas y temores, y su sacrificio, no sólo emocional, sino literario.

El facilismo, el ser acomodaticio, dijo allí, eso era lo usual en su país. ''Todas estas trampas se abren a cada paso al escritor y sus intérpretes, y son más fáciles las cosechas inmediatas que las últimas''. Se quejó de que esa falta de acomodamiento del escritor en Cuba, o en cualquier sitio donde se admirara a ese gobierno, fue siempre un acecho contra la popularidad de los escritores cubanos, dentro y fuera, sobre todo, como en este caso --diría yo--, cuando sus obras son dramas que tienen que ser representados para poder apreciarlos en toda su dimensión.

Y donde mejor encuentra el ejemplo de la encrucijada es en el de un personaje de su obra Exilio (estrenada en el Museo Cubano de Miami bajo la dirección de Dumé). Este personaje representa el discurso oficial cubano y advierte sobre los riesgos de dejar la isla.

'No, yo no puedo irme de Cuba. Lo perdería todo. Hasta el nombre que estoy ganando. La Cantata ya empieza a recitarse en toda Latinoamérica. Y contigo pasará lo mismo. Estrenarás en todas partes. En el Teatro Nacional, en México, en Colombia, en Argentina, en Venezuela, en el Perú. Te traducirán al ruso, al checo, al alemán, al francés. Te darán el Premio Casa de las Américas. Es fácil. No cuesta trabajo. Sólo tienes que ponerte para tu número. Pero se dio cuenta, al escribir en 1961 La madre y la guillotina de que se trataba de una representación de la historia imposible de dar a conocer en Cuba, ``y de que no había nacido, como escritor, para oficialidades históricas, que dejaba para otros `personajes' ''.

A García Béjar, quien hizo la crónica de su desencanto con la Revolución, le dijo: ''El teatro, como todo en Cuba, está politizado, pasó de ser republicano a nacionalista, realista, experimental y de vanguardia, pero siempre politizado''. Fue certero el análisis que hizo la reportera: ``Lo más curioso del devenir de la literatura cubana es que tiene una doble territorialidad: interna y externa, eso la enriquece y la obstaculiza a la vez''.

Montes Huidobro, que actualmente reside en Miami, es un ejemplo de ello. Se destaca dentro de esa cultura cubana en el exterior que se autodefine como ''exilio'', el mismo vocablo que escogió como título para esa pieza dramática suya que es espejo de nuestras dudas, gozos y sufrimientos en la extraterritorialidad.

Fuente: El Nuevo Herald
Enero 2003

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