El 2002 terminó con una triste noticia para el teatro
en Cuba: el director Roberto Blanco, una reconocida personalidad
de la escena cubana y latinoamericana, falleció en
La Habana víctima de un paro cardíaco. Tenía
66 años.
Considerado uno de los grandes teatristas cubanos del siglo
XX, Blanco creó un inconfundible estilo de representación
escénica mediante montajes marcados por la espectacularidad,
la riqueza plástica de la imagen dramática
y la intensidad del trabajo actoral. Sus puestas en escena
de la dramaturgia de Federico García Lorca marcaron
hitos en el teatro cubano.
El fallecimiento del teatrista, quien padecía hace
años de cirrosis hepática, ocurrió
en su hogar la mañana del 24 de diciembre. El entierro
se produjo el día de Navidad, con la asistencia de
familiares y gente de teatro.
Rumbo al Cementerio de Colón, el cortejo fúnebre
se detuvo frente al Teatro Mella, escenario donde el fallecido
estrenó, en 1968, María Antonia, el espectáculo
teatral con mayor asistencia de público en Cuba en
los últimos 50 años.
''Hubiera querido estar allí en ese momento, porque
Roberto Blanco fue para mí maestro y padre, la persona
que más apostó por mi condición de
artista'', expresó entre sollozos la actriz Liliam
Rentería, quien protagonizó en Cuba una aplaudida
versión de Mariana Pineda bajo la dirección
de Blanco.
Rentería, residente en Miami desde 1996, destacó
la obra de Blanco como maestro de dirección teatral
y su huella en las más jóvenes generaciones
de actores cubanos.
''Lo más que lamento es que no pudiera venir a hacer
teatro con nosotros aquí en Miami'', dijo Rentería,
presidenta de Abanico Productions, que había invitado
a Blanco a Montar un espectáculo en Miami.
Su carrera en las tablas se inició como actor del
Teatro Universitario de La Habana, a finales de los años
40, y luego pasó al legendario Grupo Prometeo, de
Francisco Morín.
Pero su despegue como teatrista se produjo al frente de
los colectivos teatrales que fundó y lideró,
el Teatro de Ensayo Ocuje, en los años 60, y Teatro
Irrumpe, en 1981.
Entre ambas etapas creativas, Blanco fue víctima
de la marginación oficial impuesta por el llamado
''proceso de parametración'', una política
que excluyó a los artistas que no cumplían
ciertos ''parámetros'' políticos e ideológicos.
En 1992 viajó a Venezuela para trabajar con el grupo
Rajatablas y permaneció en Caracas por cinco años.
Regresó a Cuba enfermo y estuvo dedicado últimamente
a la dirección de espectáculos de cabaret.
En el 2000 recibió el Premio Nacional de Teatro,
otorgado por el Ministerio de Cultura de Cuba.
Lo sobreviven su esposa, Gloriosa, y sus hijos Leonardo,
Kasay y Miguel Angel, los dos primeros exiliados en Italia.
Fuente: El
Nuevo Herald
Enero 2003