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Teatro
en Madrid
VUELVE EL MITO: “DON JUAN TENORIO” EN
EL PAVÓN
por Salvador Enríquez
Tras
su estreno en el Teatro Juan Bravo de Segovia, y una
gira por diferentes ciudades, ha llegado al Teatro
Pavón (Embajadores, 9) el drama de José
Zorrilla “Don Juan Tenorio”, en un montaje
Compañía Nacional de Teatro Clásico,
con versión y dirección de Maurizio
Scaparro, que estará en cartel hasta el 9 de
febrero.
El amplio reparto está encabezado por Luis
Merlo en el papel de “Don Juan Tenorio”;
interpretando la “Doña Inés”
Bárbara Lluch y Gabriel Garbisu el “Don
Luis Mejía”; completan el elenco José
Luis Gago, José Luis Massó, Manuel Álvarez,
Roberto Quintana, Ángel Amorós, Carlos
Santos, José Luis Patiño, Sergio Román,
Ignacio García-Bustelo, María José
Del Valle, Empar Ferrer, Cecilia Soraguren, Assun
Planas, Palmira Ferrer y Juan Meseguer. |
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Maurizio
Scaparro, italiano, que como director ha montado “otros
donjuanes” (“Don Giovanni”, “El burlador
de Sevilla”) hace su primer Tenorio de Zorrilla en esta
ocasión y se acercó a él con las ganas
de “no limitarse a conoce a Don Juan a través
de un solo espectáculo, sino de verificar todas las
caras o al menos algunas de ellas, -dice- de sondear las posibles
mutables reacciones frente al amor y la muerte, de elegir
la “alegría” y de intentar descubrir qué
hay detrás de la sonrisa del diablo”.
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Aunque
se haya roto la tradición de representar el Tenorio
en Día de los Difuntos, cuando en tiempos todas
las compañías lo llevaban en repertorio,
no es mal momento para volver a escuchar versos de Zorrilla
en este montaje con visión mediterránea
del italiano Scaparro que hace diez años sintió
en Sevilla, entre jardines, palacios y calles, la sombra
de Don Juan.
Para mi sorpresa y satisfacción, pese a las fiestas
de estos días de año nuevo, el remozado
Teatro Pavón estaba prácticamente lleno
la tarde que fui a ver la función. Sin duda fueron
muchos los que prefirieron escuchar las bravatas del
burlador antes que irse “de tiendas”. Es
de anotar también que entre ese público
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abundaban
las persona jóvenes que no se acercaban a ver el
último musical con marchamo extranjero, sino a un
clásico del romanticismo que, en esta ocasión,
se ha acentuado en algunas escenas por el diseño
del vestuario, lejano al consabido de “capa y espada”.
La visión que Scaparro da a “su Don Juan”
se aleja algo del clásico personaje tocado con sombrero
de pluma, luciendo bigote, perilla y untuoso en sus ademes.
Este Don Juan es más joven, digamos, que el “convencional”,
es casi barbilampiño y, en ocasiones, con gestos
más cercanos al joven travieso que al pendenciero
adulto. Doña Inés, a quien tantas veces hemos
visto como una novicia a la que horroriza la posibilidad
del amor terrenal, tiene destellos menos seráficos
mientras lee en su celda la carta de Don Juan; percibí
en su voz y en su sonrisa quizá una escondida ilusión
por conocer algo más que las tapias de la clausura
monacal. Una forma muy hábil de acercar los personajes
a nuestro sentir actual.
A lo largo de la función se percibe un aroma italiano,
de la Comedia del Arte, tanto en las máscaras y el
vestuario como en la minimalista escenografía que
se resuelve hábilmente con telones, trampillas y
fosos. Sin faltar la música que aporta un importante
valor a la conocida obra de Zorrilla.
| Alguna
confusión puede llevar a quines vean por primera
vez la obra el cambio de escena del convento a la quinta
de Don Juan, a orillas del río Guadalquivir.
Sólo las luces, un sencillo banco y una media
luna a modo de teloncillo que se descuelga desde los
telares, sugieren el cambio, cuando se mantiene como
fondo el que simula el interior de convento. Aún
pienso si sería un fallo accidental pues en la
casa de Don Juan, mientras éste cena con el Capitán
Centella y Avellaneda, sí que cae un teloncillo
en el foro con un clásico y romántica
vista de Sevilla y el Guadalquivir. |
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Quizá
es que cada uno tenemos una idea “del Tenorio”,
nuestro propio Don Juan, y si se le “peinan” algunas
escenas o versos creemos que ya no es él, pero me parece
que lo importante es el resultado, qué se siente cuando
cae el telón final, y en este caso es la satisfacción
de haber visto una buena función con un final, añadido,
más que sorprendente: cuando al final, muerto y salvado
el protagonista por el amor de la novicia, y tras el verso:
“es el Dios de la clemencia / el Dios de Don Juan Tenorio”
ambos, la novicia y el burlador, se besan en la boca y cae
el telón.
Fotos:
Ros Ribas
Salvador
Enríquez Website
senriquez@worldonline.es
Colaboración desde Madrid (España)
para www.teatroenmiami.com
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