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Reinaldo
Miravalles. La escuela de la verdad
JOSE ANTONIO EVORA
Cuando
hace tres décadas el director de la película
cubana El Hombre de Maisinicú le entregó
el guión, le propuso un personaje presente
en casi tres cuartas partes del filme, pero
el actor Reinaldo Miravalles le pidió
hacer otro, Cheíto León, que aparecía
sólo al final.
''Estaba
más en mi cuerda'', dice Miravalles.
``Tenía más contradicciones, estaba
vivo''.
Y
el resultado fue contraproducente: lo que iba
a ser una elegía a la Seguridad del Estado
cubana pasó al recuerdo en una frase
irónica, visceralmente despectiva y demasiado
humana, dicha por el enemigo: ``Alberto Delgado,
cará, el Hombre de Maisinicú''. |
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Miravalles
ha trabajado en decenas de películas, desde los
clásicos de Tomás Gutiérrez Alea
Las doce sillas (1962) y Los sobrevivientes (1978) y
comedias como Los pájaros tirándole a
la escopeta (1984, de Rolando Díaz) y Alicia
en el pueblo de Maravillas (1990, de Daniel Díaz
Torres), hasta una producción española
que se estrenará este año, en la cual
comparte roles protagónicos con Harvey Keitel.
Aún guarda más de 40 guiones de los programas
radiales de La Tremenda Corte en los que tomó
parte. Y en la televisión cubana arrasó
con su personaje del guajiro Melesio Capote.
En
menos de tres semanas, el 22 de enero, Miravalles
cumplirá 80 años en el apartamento de
Coral Gables donde vive con su esposa, Nena.
¿Aquello
de ''Alberto Delgado, cará, el Hombre de Maisinicú'',
estaba en el guión de la película o
lo pusiste tú?
Eso
ya estaba en el guión. Yo lo que hice fue darle
forma al personaje, y agregarle alguna que otra cosita.
Cuando Alberto Delgado llega al campamento, prueba
el café y dice: ''Coño, buen café''.
Le digo: 'Especial pa' los amigos, je jé'',
porque lo que estoy es cazándolo. Por regla
general, yo utilizo la improvisación en el
ensayo.
¿De
quiénes has aprendido más?
De
los americanos. De actores como Marlon Brando, Robert
de Niro. En el cine en español la gente evita
repetir las palabras. Por ejemplo, yo digo: ''Bonita
esa mujer, ¿eh? Bonita. A mí me gustan
las mujeres bonitas. Bonitaa''. Si tú dices
eso en cuatro o cinco tonos la palabra no molesta.
Ahora, los autores te ponen en el libreto bonita,
bella, hermosa. . . te buscan siete u ocho sinónimos.
Pero eso no es natural. La gente no anda buscando
sinónimos cuando está hablando. Es mucho
mejor decir cinco o seis veces la misma palabra en
tonos diferentes. Acuérdate de Are you talking
to me? Siete veces la misma frase. Cuando yo vi esa
película me quedé con la boca abierta:
la gente actúa como si fueran seres humanos,
no como si fueran actores.
Los
americanos utilizan mucho las interrupciones, que
es lo que la conversación natural produce.
Tú tienes una idea, yo tengo otra. El cine
en español usa en los diálogos la técnica
de seguir el tono: tú terminas tu bocadillo
en tal tono y yo cojo el mismo tono y sigo hablando.
Sin embargo, la gente no habla con tonos: la gente
habla con ideas, que son las que impulsan las palabras
y determinan el tono. En la vida real, a lo mejor
yo quiero hacerme valer y mi tono es cuatro veces
más elevado que el tuyo, pero los dos empastan.
¿Qué
es lo que debe ponerle un actor a un texto?
Según
como esté escrito, tienes que buscarle la cadencia
para que sea creíble. Si un español
te escribe un texto y tú hablas con acento
cubano, contrasta y parece un postizo.
En
la película que acabo de hacer me dieron una
posibilidad muy buena: la primera escena que tengo
con la protagonista se iba a hacer originalmente en
inglés. Pero el director sacó por conclusión
que si ella hablaba en español con otra gente,
y mi personaje era cubano, conmigo también
debía hablar en español. Me dieron una
traducción, y les dije: ''Mira, yo voy a traducir
esto al cubano''. Cogí la idea directamente
del inglés y la traduje al cubano. Había
situaciones como ésta: la mujer está
en Santo Domingo, y yo la estoy invitando a que vaya
a Nueva York para darle una información que
necesita. Entonces ella me pide buscar otra solución
y le digo que no tengo ninguna: 'Además, a
Santo Domingo yo no puedo ir. . . pa' su madre''.
Si en vez de eso tengo que decir: ''En Santo Domingo
yo no puedo poner un pie'', !Auxilio!
Hay
una raza de actores tan buenos que cuando trabajan
no se nota que lo hacen. ¿Cómo
aprendiste el oficio?
Yo
aprendí exactamente lo que indica el
método de Stanislavski: cada personaje
tiene una serie de conflictos que debe resolver,
y que son diferentes a los míos. Hay
una historia y una serie de obstáculos.
Si tú estudias bien la trayectoria del
personaje en relación con la generalidad
de la obra, te permite ser diferente, que no
salgas tú mismo cuando lo haces. |
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Hay que hacer una historia clínica del personaje
de acuerdo con el superobjetivo de la obra. Pero el
personaje tiene también objetivos inmediatos
que debe ir resolviendo paulatinamente. Sin el carácter
del personaje no hay nada que te mueva.
¿Hace
falta ir muy lejos en la búsqueda de ese carácter?
Mucha
gente se pierde en la historia clínica, que
si el personaje tiene complejos es porque la tía
era cojita. . . Eso no resuelve ningún problema.
Hay antecedentes, pero el carácter tiene que
estar en la historia. No le puedes imponer un carácter
al personaje. Lo que tienes es que asimilarlo, estudiarlo
y echarlo a rodar. Si le impones un carácter
estás haciendo una contraproposición,
y entonces todo aquello se desbarata. Por mucho que
tú hagas, tienes que limitarte a lo que los
personajes exigen. Si quieres destacarte, te destacas.
Pero entonces matas al personaje, porque le das cosas
que no tiene.
¿Cómo
llegaste al método de Stanislavski?
Yo
empecé en radio, en Cadena Azul, en 1945, haciendo
''bolitos'', como se les llamaba a los trabajos episódicos.
Me ponía a oír a los actores consagrados,
y la intuición me decía que eran falsos.
Un día un amigo mío me invita a un cine
de la calle Consulado, y allí choqué
con El limpiabotas, la película italiana de
Vittorio De Sica. Y dije: ``¡C..., esta es la
vida, así hablan los seres humanos!''
Todos
los actores usan el sistema de Stanislavsky, aunque
no lo hayan estudiado. Por ejemplo, lo que después
supe que él llamó memoria de los sentidos.
Este personaje tiene tal situación en el guión,
y no eres tú, pero tú eres el instrumento
que va a tocarlo, y aquí vas a tocar blues,
y aquí fox trop, y aquí guaguancó.
El guión es la partitura. Empiezas a analizar
el personaje, a estructurarlo, y encuentras situaciones
que tienen cierto parecido con vivencias tuyas. Simplemente
te colocas en esa vivencia tuya, te pones a pensar,
y sientes cómo la circulación de la
sangre es más rápida, cómo te
falta el aire. . . ¿Eso te sirve para actuar?
No. Es sólo la afinación del instrumento.
Cuando vayas a hacer esa situación, ya sabes
cuál es el punto de partida, porque a partir
de ahí viene la ficción. Hay que entrar
a escena con ese tempo después de haberlo modulado
mucho en los ensayos, porque eso no brota del primer
brochazo.
¿En
qué consiste el talento de un actor?
El
talento de un actor consiste en repetir como si fuera
espontáneo lo que se ha aprendido de memoria.
Fotos:
PEDRO PORTAL/El Nuevo Herald
Fuente: El
Nuevo Herald
Enero 2003
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