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Decepcionante
por SANTIAGO FONDEVILA
ARSÉNICO, POR
FAVOR
Autor: Joseph Kesselring
Versión y dirección: Gonzalo Suárez
Intérpretes: Julia Martínez, Alicia
Agut, Jorge Sanz, Vicente Díez, Santiago Meléndez,
Míriam Gallego, Carlos Moreno, Germán
Montaner, Gorka Aguinagalde, Félix Cubero,
Eduardo Antuña
Escenografía: Wolfgang Burmann
Estreno: teatro Tívoli (16/I/2002)
Decepcionante. El doble debut de Gonzalo
Suárez y Jorge Sanz en el teatro nos dejó
tristes y aburridos porque estábamos deseosos
de saludar con vítores el aterrizaje de un
cineasta y escritor de la talla de Suárez en
los escenarios. Como poco, para no hacer bueno el
dictamen de Kesserling sobre la crítica teatral
(Mortimer es un crítico): “La crítica
escribe contra el teatro”.
Me pregunto por qué el director
de “Remando al viento” o “El detective
y la muerte” escogió una comedia para
este debut. No cabe pensar en la inconsciencia. Suárez
dice en la presentación que la obra es ante
todo un “soberbio divertimento. No exento de
peligros” y recuerda, sabiamente, que “divertimento
no es sinónimo de facilidad”. Exacto.
Suárez detectó que la obra original
tenía un parón a partir del segundo
acto, cuando el enredo está ya planteado y
se ha descubierto el nudo. Decidió versionar
el original alargando el papel de algunos personajes,
reescribiendo diálogos e incluso “modernizando”
los gags verbales con expresiones como “pelillos
a la mar o “que se joda”, que desafinan
en el contexto victoriano de Brooklyn, donde transcurre
la acción, y en la boca de esas dos tiernas
viejecitas que interpretan con solvencia Julia Martínez
y Alicia Mut (las mejores). Cuando un taco en el escenario
no funciona, algo pasa. Es el recurso más fácil
y eficaz.
Pese al buen envoltorio escenográfico
(pantalla incluida con cameo de Aitana Sánchez-Gijón)
y cinematográfico espacio sonoro, el texto
choca contra una interpretación, en general,
mecánica, exagerada, previsible y en casos,
como el papel de la novia de Mortimer (Jorge Sanz),
Elena Harper (Míriam Gallego), francamente
desenfocada. A Jorge Sanz se le nota su bisoñez.
Decía Eduardo De Filippo, el
gran comediógrafo italiano, de moda ahora en
Barcelona: “Tenía seis, siete años
y pasaba jornadas enteras en el teatro. Recuerdo claramente
que al final los actores que más admiraba y
que más me entusiasmaban suscitaban en mí
pensamientos críticos: cuando haré de
actor no hablaré tan deprisa”. O bien:
“Aquí habría que bajar la voz”;
o bien
“Antes de aquel grito tendría
que hacer una pausa larga, como mínimo tres
respiraciones”. Apuntes biográficos pronunciados
en el año 1983 en la Universidad de Roma que
definen los requerimientos de la comedia. Tanto del
gag en sí mismo como del imprescindible ritmo
general de la obra. Tal vez con las funciones, “Arsénico,
por favor” (exraño título), mejore
algo ese ritmo. Lo deseamos. En la media parte hubo
bastantes fugas y al final aplausos y bravos por parte
de incondicionales.
Fuente:
La Vanguardia
Enero 2003
TeatroenMiami.com
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