CUANDO UN ESCENARIO
ES CUALQUIER SITIO
por Javier Vallejo
En un salón
de bodas o en una mazmorra. Los espectáculos
salen fuera del teatro en algunos montajes del
maratoniano ciclo escena contemporánea.
El espectador que quiera verlos
todos no va a poder ni respirar. Son 43 espectáculos
en 33 días. La tercera edición
del festival Escena Contemporánea ofrece
del 22 de enero al 23 de febrero un verdadero
maratón de teatro, danza, música,
o todo mezclado, y que en ocasiones, se libera
del escenario. Por ejemplo, en los salones de
boda Lady Ana, Animalario representa Alejandro
y Ana, lo que España no pudo ver del
banquete de boda de la hija del presidente.
En el sótano del pub Madragoa, los actores
de la Compañía Interno, que dirige
Juan Carlos Montagna, se encierran durante 30
horas, y los de Proyecto Sur utilizan una antigua
mazmorra de la Inquisición para recrear
la presencia de algunas víctimas femeninas
de la historia.
Otro bocado importante son los
montajes en los que se ha pasado un difumino
sobre las fronteras entre las diferentes artes
escénicas. Como en Los ojos rotos, historias
de aparecidos, un relato de la escritora madrileña
Almudena Grandes que los chilenos teatro del
Puente se encargan de dramatizar, coreografiar
y cantar.
Interdisciplinar hasta la médula
es el teatro óptico de los rusos Akhe
Group, donde se combina dramaturgia, cine, fotografía,
circo, marionetas y artes plásticas,
con lo que actualiza una tradición nacida
en las vanguardias de comienzos del siglo XX.
1. La inquietante pieza Desert rain, que se
presenta en el ciclo Experiencias. 2. La danza
aérea y etérea de Mírate
dentro del círculo. 3. Ronald McDonald,
según Rodrigo García. 4. Jan Fabre
y sus animales.
Otros montajes convierten al espectador
en protagonista de una experiencia: Blast theory, viaje
virtual en el que la compañía británica
Desert Rain intenta demostrar que la televisión
genera noticias que suplantan a la realidad, o Alicia
se murió de un susto, de Moro Anghileri, recorrido
que evoca el Pasaje del Terror de los parques de atracciones.
Para quien prefiera teatro puro y
sin vuelta, hay un montaje del monólogo La
noche, de Bernard-Marie Koltès, protagonizado
por Michel Didyim, que ha tenido gran éxito
en Francia. También en clave textual están
A quien madruga…, la última locura de
los madrileños Cambaleo, y Morir soñando,
de Teatro El Globo, que se estrenó en el Festival
de El Cairo (Egipto).
En una línea más fronteriza,
Maite Agirre ha puesto en escena Los niños
no pueden hacer nada por los muertos, de Alfonso Armada;
y Rodrigo García, La historia de Ronald, el
payaso del McDonald’s, que se apunta a la teoría
de que somos lo que comemos.
Además, hay un ciclo de nuevos
creadores, con las compañías Pezrana,
Depié, Titzina y Sanedrín 54. Por lo
que a danza se refiere, destacan Atrás los
ojos, de Mal Pelo; My movements are alone like streetdogs,
de Jan Fabre; dos piezas del Trava Theater Group;
Nighttown, del Hans Hof Ensemble, y Hara, solo de
Andrés Corchero con el pianista Agustí
Fernández. Mírate dentro del círculo,
de Morocha Mordaz, ofrece danza aérea, disciplina
de tradición circense. Con todo esto, que no
te pierdas.