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'Les Miserables'
continúa su marcha
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Basada en un clásico
de la literatura universal, con una extensa
permanencia en Londres y Broadway, con la etiqueta
de El musical más popular del mundo,
Les Miserables es una de esas obras que todo
seguidor del teatro debe haber visto una vez
en la vida.
El estreno en inglés
de esta teatralización de la novela de
Víctor Hugo (de 1862) tuvo lugar en Londres
en 1985 y aún se encuentra en cartel.
Hasta la fecha se conocen cerca de 30 versiones
internacionales del musical. En Miami, la hemos
visto en más de una ocasión, en
inglés, a cargo de las compañías
de gira que la han llevado fuera de Nueva York.
La Florida Theatrical Association acaba de presentarla
en el Teatro Jackie Gleason, de La Playa, y
tal vez esta sea la última vez que veamos
una de estas giras, ya que en marzo tendrá
sus funciones finales en Broadway.
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Es curioso que Les Miserables, de
Alain Boublil y Claude-Michel Schonberg, una historia
compleja ubicada en el marco de la Revolución
Francesa, con menor ligereza característica
de los musicales, esté catalogada como el más
popular; y su música se encuentre entre las
grabaciones más vendidas (al menos, la que
tuvo la voz de Patty Lupone, vendió 3 millones
de copias), cuando solamente tuvo éxito I Dreamed
a Dream, una de las 29 canciones compuestas para la
obra por Schonberg y Herbert Kretzmer.
Pero es que esta historia plena de
agitación revolucionaria, que se enfoca en
las luchas callejeras de las barricadas parisinas
y en tres décadas de la Francia del siglo XIX,
cuenta con un libreto coherente, personajes humanos
y creíbles, bien delineados y fuertes; héroes
románticos, amores que llegan a un final feliz,
con boda y todo; además de una escenografía
extraordinariamente creativa.
En esta trama donde el héroe,
Jean Valjean, es un ex convicto que huye de por vida
del inspector Javert, que lo persigue por años
y por pueblos; llevando su secreto y a una niña
huérfana consigo, salvando de la muerte al
enamorado de ésta, escapando celadas y encierros.
Elementos de melodrama, sin duda, realizados con buen
gusto y enaltecimiento de la lealtad y la nobleza.
La credibilidad de la historia está
reafirmada por el conocimiento de primera mano de
los hechos, ya que Víctor Hugo participó
en las barricadas del París del siglo XIX.La
escenografía resume diversos escenarios con
pocos elementos. El elenco se mueve sobre una plataforma
giratoria que hace milagros a la hora de hacer entrar
o salir a los actores, cambiar un escenario o ver
dos planos de una escena, con sólo hacerla
girar (como en el caso de la batalla en la barricada).
Imponente es el amasijo de metal que forma una torre
gigantesca como barricada, y más imponente
cuando se juntan las dos partes del amasijo en el
centro del escenario.
De gran belleza, la escena de la fuga
por la alcantarilla, cuando la iluminación
y la plataforma giratoria crean la ilusión
de encierro y traslación.
Si es cierto que después de
haberla visto tres veces (tres horas cada una), Les
Miserables ha perdido el elemento sorpresa para este
crítico, no es menos cierto que el montaje
que nos visitó esta vez, tiene menos lustre
que los anteriores.
El elenco no sobresale ni las voces
son extraordinarias, salvo buenas excepciones, como
el protagonista, David Michael Felty, quien crea un
Valjean atormentado, aguerrido y vulnerable al mismo
tiempo; y cuya magnífica voz e interpretación
de los temas le hizo ganar la mayoría de los
aplausos.
Aún con todo lo dicho, Les
Miserables es uno de los musicales más edificantes
que conozco y sería capaz de verlo una cuarta
vez de aquí a unos años.
Fuente:
El Nuevo
Herald
Enero 2003
TeatroenMiami.com
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