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Nilo Cruz, Una inteligencia en escena
MIGUEL A. SIRGADO

En un panorama de facilismo y comercialización, un teatrista cubanoamericano se afirma con obras coherentes, legibles e intelectualmente audaces

Para Nilo Cruz, el teatro es como un viaje de exploración capaz de trazarle el camino hacia el descubrimiento. El dramaturgo, que nació en la provincia de Matanzas, Cuba, y emigró a Miami a la edad de 10 años, considera que escribir una obra es, además, un acto de exorcismo que le permite especular y trazar el curso de determinados acontecimientos o conductas que no tienen respuesta aparente en la realidad inmediata.

Nilo Cruz, dramaturgo cubano-americano

''Toda pieza de teatro es un experimento. Cuando escribo siento un temor muy grande y la primera pregunta que me viene a la cabeza es: ¿cómo pude crear la obra anterior?'', asegura el escritor que reside en Nueva York desde hace más de 12 años.

Cruz --cuyo extenso repertorio dramatúrgico está escrito en inglés y enfatiza mayormente en la problemática social cubana y en ciertos cuestionamientos de carácter filosófico-- considera que ese terror es necesario porque cuando el artista comienza a sentirse demasiado cómodo con lo que hace, disminuye la calidad de su trabajo.

``Escribir una obra de teatro es como explorar un terreno no transitado. Se sabe más o menos el punto al que se quiere llegar y desde donde se partirá, pero no se conoce el camino a recorrer. Es un proceso de descubrimiento y aprendizaje''.

El dramaturgo dió sus primeros pasos en el teatro junto a Teresa María Rojas en el Grupo Prometeo, estudió en el Miami-Dade Community College y obtuvo una maestría en Brown University de Rhode Island. Su credo es que el teatro debe transgredir el espacio de lo personal y llegar a planteamientos universales pero sin violentar la narrativa de una situación específica.

''En la descripción del detalle está lo general, con todos sus matices. Siempre parto de lo íntimo, lo personal y me gustaría que esta crónica le sirviera al espectador para cuestionarse su propia realidad''. Pero para un hombre como él, interesado en todos los aspectos del teatro y con una férrea disciplina de trabajo, las fuentes de inspiración y referencia no siempre llegan a la cabeza por las mismas vías.

``Cuando comienzo a escribir una obra no me la imagino en las tablas, terminada, sino que vizualizo a los personajes en situaciones cotiadianas. También recojo imágenes que de alguna manera me remiten a alguna pregunta que me hecho o me hago sobre el comportamiento humano. Me interesa investigar asuntos relacionados con la conducta del hombre. Pero también me interesan ciertas figuras evocadoras que salen de las artes plásticas''.

Tal es el caso de su obra A Bicycle Country (Un país de bicicletas, en español), estrenada en Miami a finales del año 2000 en el Coconut Grove Playhouse. El detonante que dio lugar a este texto fue el cuadro titulado Los amantes, del pintor surrealista francés René Magritte.

'En aquel momento, mi primer cuestionamiento fue: `¿Qué habrá detrás de esas caras cubiertas?' . Poco a poco empecé a dibujar la historia detrás de la serie de personajes que fueron apareciendo como resultado del encuentro''.

Al definir el tipo de texto que le interesa escribir, Cruz no hace alusión directa o específica a un teatro de diálogo naturalista u otro donde se impliquen los conflictos a través de imágenes del cuerpo o sugerencias visuales.

``No soy un escritor temático. Me gusta descubrir el texto mientras lo escribo. Mi teatro es un teatro neorrealista, que va más alla de la realidad en su estado primario y que hecha mano a diálogos líricos, imágenes de fuerte contenido imaginativo y algo de surrealismo, aunque no me gusta mucho usar el término surrealista como definición''.

Sobre su afición primigenia a la escritura, en lugar de la dirección teatral, el dramaturgo afirma que prefiere la primera porque le da un poco más de perspectiva sobre los textos.

``Es común en el teatro norteamericano que otra persona dirija e interprete en la escena el texto de un dramaturgo. En ese sentido, prefiero mantener la distancia y que sea otro quien ofrezca un punto de vista diferente, aunque a la larga esté involucrado en el proceso de montaje''.

Cruz asegura que, de todas las artes, el teatro es la más generosa por el nivel de colaboración que se establece entre artistas de diferentes procedencias. Esto hace que un texto se transforme en muchos subtextos, gracias al aporte del director, el actor y la concepción escénica en general. Es ahí donde radica su magia y ductilidad.

``Vivo del teatro, lo que en mi caso significa vivir con mucho miedo. Uno se encuentra en el azar de no saber si mañana habrá una producción o si su obra será comisionada. Pero creo que este miedo es parte de la vida del artista. Creo que si tuviera un trabajo estable, mi obra se hubiera estancando. Hay que vivir al filo del riesgo: eso nos obliga a producir más y mejor''.

Fuente: El Nuevo Herald
Enero 2003

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