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"¿Cambiar
lo artístico por lo otro? No, nunca"
Ivana Costa.
En 2002 bajó
del escenario para convertirse en defensor de
los ahorristas. Con Robó, huyó
y lo votaron bate récords de taquilla
en Mar del Plata.
El 2002 fue un año atípico
y agitado para Nito Artaza. Mucho más
agitado de lo que solían ser los días
en los que Artaza era, solamente, el artista
más taquillero del teatro argentino;
el humorista que convoca la mayor cantidad de
público de todas las salas porteñas.
El 2002 fue un año agitado para casi
todos en la Argentina, pero Artaza sintió
que esa agitación lo obligaba a un "cambio
de roles".
Durante muchas temporadas —al
menos nueve; desde que se unió en un
dúo teatral invencible con Juan Carlos
Cherutti— el vínculo de Artaza
con la política fue próspero.
Es decir: la política proveía
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personajes y situaciones disparatadas
y él las aprovechaba para su sátira escénica
que tanto éxito le deparó. Pero el final
de 2002 encontró a Artaza entre muchos miles
de perjudicados por la crisis del sector financiero,
y acorraló sus ahorros.
Comenzó así para Artaza
un año especial, en el que convivieron dos
actividades intensas: la artística —con
la que convocó a 260.000 espectadores—
y la movilización por la causa de los ahorros
incautados —que lo llevó a discutir el
tema en foros de economistas y funcionarios en Washington
y Nueva York—. Con todo, llegó al 2003
con un nuevo show humorístico, Robó,
huyó y lo votaron, en el que comparte cartel
con Cherutti, Roberto Carnaghi, Moria Casán
e Ingrid Grudke, más 12 bailarines que eligió
Eleonora Cassano.
Robó..., el espectáculo
que estrenó en el teatro Lido de Mar del Plata
el 21 de diciembre, ofrece 14 funciones semanales
—dos funciones de lunes a viernes, tres el sábado
y una el domingo—. En sus primeras 31 funciones
fue visto por 17.878 espectadores, 577 espectadores
por función lo que augura un posible récord.
¿La política cambió
su vida en el 2002?
Sí, sobre todo la vida familiar
y artística, porque queda poco tiempo para
ensayar , para pensar el espectáculo. Nos pasó
a todos: cambiamos un poco los roles. Espero que esto
sea transitorio; espero volver tranquilo a mi camarín
y estar disfrutando más tiempo con la familia.
¿Lo que "nos pasó
a todos" quiere decir a los ahorristas perjudicados
por el corralito?
Sí. Lo que pasa es que cuando
esto empezó, las perjudicadas eran 12 millones
de cuentas. Después se fueron liberando de
a poco y hoy quedan cerca de 800 mil personas damnificadas.
Los que empezamos a participar tuvimos que cambiar
de rol. Yo tuve que descuidar un poco mi trabajo.
Me habría gustado aplaudir desde abajo a alguien
que me defendiera, pero tuve que inventar un personaje
para que me defienda a mí y al resto.
Habla de cambio de roles: ¿pensó
en que este nuevo rol político podía
ser definitivo?
¿Cambiar lo artístico
por lo otro? No, nunca, en absoluto. Siempre tuve
claro que esto, el teatro, es lo que a mí me
gusta. Esto es mi profesión, lo que amo: salir
a contar chistes y a hacer reír a la gente.
Lo creativo me distiende. Ahora mismo vengo al teatro
contento. ¿A ver qué quilombo hubo entre
Moria y Cherutti? Me encanta volver a esto. Los prefiero
a ellos antes que a Lavagna.
¿Pensó cómo conservar
todo lo que ganó en el espectáculo sin
perder la actividad política?
Te voy a decir algo: desde hace 4
años, con el show Lo que el turco se llevó,
empezamos a ayudar a comedores infantiles. Primero
a un comedor por semana y después agregamos
dos por semana.
¿Qué significa eso,
en la práctica?
Entregamos alimentos y una parte de
la recaudación. Es decir: no descubrimos el
hambre ahora, como algunos funcionarios. Esa sensibilidad
social ya estaba en mis productores, en Miguel Angel,
en mí. En el futuro yo seguiré apoyando
campañas que sirvan al bien común. Pero
no me voy a dedicar a la política. Antes éramos
solidarios y ahora también. Si mañana
tienen problemas los deudores hipotecarios me pondré
de su lado. No debemos dejar en manos de los supuestos
profesionales políticos nuestro destino. Tenemos
que ocuparnos de convencer a los notables de que se
ocupen de la cosa pública, porque en la Argentina
hay hombres notables en economía, salud, educación.
La semana pasada, en improvisada rueda
de prensa, Artaza anunció que en febrero lanzará
el Frente Alternativo Independiente "si la Corte
Suprema no ratifica la seguridad jurídica y
no ratifica los derechos de propiedad en la Argentina",
es decir, si no redolariza los depósitos pesificados.
Aunque negó toda posibilidad de ser candidato
a presidente, "ni a jefe de gobierno porteño
ni a nada", aseguró que el Frente podría
pelear en las elecciones por imponer criterios frente
al ganador de una eventual segunda vuelta. Pero insistió:
"El 27 de abril, voy a estar en el teatro, como
siempre".
¿Los políticos conocidos
no le ofrecieron cargos?
Sí, algunos sí. Pero
lo rechacé porque seria confundir las cosas,
sería subestimarme y erosionar esta lucha confundiéndola
con aspiraciones de poder. Me han ofrecido cargos,
pero en general los candidatos a la presidencia nos
abandonaron. Yo no vi a Carlos Menem ni a Elisa Carrió
ni a otros acompañarnos a una marcha, ni ayudando
concretamente.
¿Hallar una solución
al tema del corralito daría por terminada su
actividad política?
Sería el cierre de ésta
y el comienzo de otras reinvindicaciones. No podemos
dejar en este camino a la gente que lucha para que
no suban las tarifas o para que no rematen casas de
deudores hipotecarios.
¿Cómo influye todo esto
en su manera de hacer humor?
No... yo sigo hablando las mismas
pavadas de siempre. Arriba del escenario soy un artista
y la gente no quiere que yo le venga a contar dramas.
¿No le cuesta reírse?
No, no. Todo esto, en el fondo, me
resulta apasionante. Mi oficio de actor me ayudó
en esta otra tarea. Sé cómo dirigirme
a la gente, me conocen, puedo concentrar atención,
y porque siempre hice humor político. Pero
influyó también mi historia: toda mi
vida he hablado de estas cosas en mi familia porque
todos han sido políticos. Me extrañó
muchísimo que la gente del ambiente artístico
—y sé que el 90 por ciento quedó
atrapada en todo esto— no haya venido jamás
a sumarse. Pobres los artistas... A veces los comprendo.
Pensaron: Esta es la lucha de Nito, pensaron en el
cartel, y no se dieron cuenta de que no era una lucha
por el protagonismo sino la de millones de personas
por la seguridad jurídica. Defendiendo este
derecho yo gasto más plata que la que tengo
en el corralito, que nunca superó los 150 mil
dólares.
¿En el ambiente lo consideran
diferente?
No sé, no puedo tener esa soberbia
de decir que soy un hombre singular. He tenido mis
luchas; me costó imponer una forma independiente
de producir; he tenido discusiones con los sindicatos
de actores, pero siempre tuve buena fe.
Tal vez el género revisteril
tal como usted lo desarrolla en sus espectáculos
sea singular.
Terminamos llevando a la gente masivamente
hacia un género criollo y argentino: el teatro
de revista entre comillas.
¿El show está marcado
por su actividad política?
No, trato de no mezclar... Me pasó
durante todo el 2002: me bajo de un escenario y me
subo a otro. Cambio de rol, digamos. Pero acá
no puedo hacer un discurso... La gente viene a entretenerse,
a divertirse y a pasar un lindo momento con nosotros.
No puedo empezar con un discurso de defensa de los
derechos individuales porque tengo otro escenario
para decir esas cosas. Trato de que la gente se divierta;
cuento los chistes más estúpidos para
que se olvide. Si quiero hablar de la realidad busco
otro ámbito.
El año pasado, con Miguel Angel
Cherutti dijeron que se separarían artísticamente.
¿El intento de hacer ingresar a Guinzburg o
a Carnaghi al show es una manera de evitar esa separación?
A los diez años pensamos que
sí nos vamos a separar, por una cuestión
de marketing también. Este año cumplimos
diez años juntos y vamos a tomar caminos diferentes;
quizá yo pueda producirle cosas a él,
y después volveremos a unirnos. Como los Chalchaleros:
empezamos a despedirnos y no terminamos más.
¿Piensa dejar el escenario
y ser sólo productor?
No. La gente que trabaja conmigo me
decía: Vos lo traes a Guinzburg, porque si
decidís dedicarte a la política nos
lo dejás a él. Yo alguna vez lo pensé:
Jorge, Cherutti, Moria y Alfano un elencazo.
¿Y?
No, en absoluto. Era un chiste que
me hicieron mis compañeros. Hasta me armaron
un afiche con ese elenco.
Se dice que los chistes tienen algo
de serio.
Sí, pero yo no tengo en mi
horizonte eso de ninguna manera.
Fuente:
Clarin.com
Enero 2003
TeatroenMiami.com
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