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Volar es
para los cuerpos
Olga Cosentino
En Ronda, la compañía
liderada por Gerardo Hochman rinde festivo homenaje
a la murga, el circo y los códigos barriales.
La compañía que
dirige Gerardo Hochman, ya convirtió
su línea de repertorio —inspirada
en el circo de destrezas físicas y malabares—
en una marca de identidad estética. En
Ronda, que acaba de estrenar en la enorme sala
AB del Centro Cultural San Martín, confirma
y renueva las virtudes plásticas, técnicas
y teatrales de sus espectáculos. Desde
su primera creación (Emociones simples,
1993), pasando por títulos cuya brevedad
—Gala, Vibra— parece aludir a la
modestia de los recursos materiales con que
eligieron |
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trabajar, los desafíos acrobáticos
de los artistas no sólo muestran el resultado
de un entrenamiento riguroso sino que, saltando por
encima de las pirámides humanas que construyen
en escena, a veces consiguen levantar vuelo poético
concretando tácitos homenajes al viejo circo
popular en el que se inspiran.
En el caso de Ronda, la música
rioplatense (tango, candombe, milonga) es a la vez
el principal sostén de una evocación
murguera y futbolera. El barrio y el potrero aparecen
en el escenario sin necesidad de imágenes escenográficas.
El ingenio y la alegría con que el piberío
de otro tiempo afrontaba la escasez (pelota de trapo,
dos camperas para marcar el arco) vuelve en este espectáculo
con los cuerpos de los ocho intérpretes en
igualmente precario e ingenioso equilibrio. Cierta
vulnerabilidad física vinculada a la altura,
el riesgo, la rapidez de reflejos o el vigor incansable
del baile es utilizada dramáticamente por la
compañía. Y la coronación exitosa
de cada prueba remite al arrobamiento y el posterior
alivio de espectadores que, en otro tiempo, ponían
su ingenuidad a los pies de osados equilibristas sin
red.
El diseño intencionadamente
kitsch del vestuario remite al disfraz de las comparsas,
que tías y abuelas cosían a mano con
retazos en desuso, y también a la imaginería
remendada de la commedia dell'arte.
Lo curioso es que Ronda propone un
tributo a la sencillez de las antiguas rutinas circenses
sin caer en los lugares comunes de aquellas mismas
rutinas. Las escenas que combinan baile y acrobacia
no sorprenden sólo por la dificultad del desafío
(que no siempre es enorme) sino por el significado
tácito de los movimientos, por la gracia de
los gags y por la originalidad de las ideas que comunican.
El número en el que una pareja
de equilibristas suben, bajan, se encuentran y se
separan a lo largo de un mástil de varios metros
de altura, mientras juegan una suerte de cortejo amoroso
al ritmo de un tango despliega a la vez destreza,
sensualidad y regocijo. En grupos de dos o de tres
intérpretes, el show multiplica el atractivo
con situaciones simultáneas y cada grupo establece
a la vez diferentes formas de complicidad con la platea,
ironizando o subrayando las acciones de sus compañeros.
Recomendable para espectadores sin
edad —grandes y chicos se divierten, se emocionan
o contienen la respiración, según el
caso—, sólo reclama una mirada desprejuiciada,
capaz de distanciar su expectativa de la desmesura
tecnológica de ultimísima generación.
En Ronda, la maravilla está en los cuerpos.
Fuente:
clarin.com
Enero 2003
TeatroenMiami.com
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