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Perdidos
en el desierto
JOAN-ANTON BENACH
Al punto de acabar la escritura de
“Le retour au désert” en 1988 y
de producirse su estreno en París, bajo la
dirección –cómo no– de Patrice
Chérau, Koltès insistiría una
y otra vez en que su texto no pretendía hablar
de la guerra de Argelia. En aquel momento, en el 88,
era ya acuciante el problema de los inmigrantes indocumentados,
y BernardMarie Koltès, que ya se sabía
condenado por el sida, quiso lanzar una violenta denuncia
testamentaria, un exabrupto, sarcástico y tragicómico,
contra la xenofobia persistente de muchos de sus compatriotas.
Ciertamente, el drama argelino está presente
en la obra. El autor la sitúa a principios
de los años sesenta, cuando las bombas de la
OAS y las tropelías del general Massu venían
a menudo en los diarios y en Marsella desembarcaban
cada día cientos de “pieds noirs”.
Eran tiempos sobresaltados, con frecuentes explosiones
en el barrio latino de París y amenazas de
muerte a periodistas y escritores que propugnaban
una retirada honrosa de la colonia norteafricana...
“El retorn al desert”
nos llega, como tantas otras del mismo autor, traducida
y dirigida por Carme Portaceli. Es la única
obra de Koltès que transcurre íntegramente
entre cuatro paredes, una casa francesa de provincias,
cerrada ferozmente a cualquier influencia exterior.
Metáfora del propio país, cerrado a
todo influjo extraño, Portaceli ha concebido
dicho escenario como una fortaleza, con dos grandes
escalinatas encaradas que parecen conducir a una muralla,
y separadas entre sí por las puertas que llevan
al jardín y a las habitaciones de la mansión.
Es una fortaleza menguante, cada vez más opresiva,
asediada por los conflictos exteriores y por las insoportables
provocaciones que su dueña, Mathilde (Anna
Lizaran), se ha traído de Argelia, alterando
la existencia –y la conciencia– de su
hermano (Pep Anton Muñoz) y de su sobrino (David
Bagès). Mathilde ha viajado con sus hijos Edouard
(Marc Rodríguez) y Fatima (Gabriela Flores),
muchacha que parirá dos hijos negros, “un
parell que faran merder en aquesta ciutat (...) i
ho faran molt aviat”, dice la incendiaria abuela.
Está claro: personajes, situaciones y diálogos
sólo pueden “leerse” en función
del compromiso político del autor y de su furiosa
reinterpretación de unos hechos que dividieron
a la opinión pública del país.
Lejos de toda forma de discurso grave y reposada,
se diría que el autor vomitó su malestar
ideológico combinando la propia indignación
con ráfagas de un humor desaforado, un vaivén
tan atractivo como difícil de interpretar y
que, a mi entender, la interesante propuesta de Portaceli
no acaba de subrayar suficientemente.
Exceso de grandilocuencia
La directora ha querido contar con el mismo tándem
de lujo –Paco Azorín, en la escenografía,
y Xavier Clot, en la iluminación– que
tan buenos resultados consiguió en “Salinger”,
la obra de Koltès que se vio en el Mercat el
pasado año. Tal vez haya sido éste un
“hermoso error”. Una fascinación
incontrolada por el elemento simbólico parece
haber conducido a una visión escenográfica
arquitectónicamente soberbia, plásticamente
muy sugestiva pero funcionalmente desafortunada. En
medio del colosalismo del montaje, los intérpretes,
aquejados por una especie de “síndrome
de la tragedia griega”, se hallan un tanto perdidos
en el vacío y sin hallar el registro más
conveniente para que se entienda el sentido de sus
palabras.
| A
mi juicio, al espectáculo le falta domesticidad,
intimidad, y le sobra grandilocuencia. En sus
acotaciones, el autor fue sugiriendo los diversos
escenarios de la obra. Están, por supuesto,
el “recibidor y la gran escalera”,
pero también el “jardín”,
“el salón”, “la habitación”,
etcétera, espacios que, por necesidades
logísticas, se integran en un único
paisaje, del que no se ha logrado erradicar
su abrumadora prepotencia.
De entre los intérpretes,
destacan poderosamente Anna Lizaran y Pep Anton
Muñoz. Espléndida la intervención
de Lluïsa Castell. |
EL
RETORN AL DESERT
Autor: Bernard-Marie Koltès
Dirección y traducción: Carme Portaceli
Intérpretes: Anna Lizaran, Pep Anton Muñoz,
David Bagès, Marc Rodríguez, Gabriela
Flores, Pepa López, Lluïsa Castell,
etcétera
Estreno: Teatre Lliure-Teatre Fabià Puigserver
(23/I/2003) |
Fuente:
La Vanguardia
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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