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Raúl
de Cárdenas, Exponente del
Teatro Cubano de la Diáspora
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Uno de los autores más representantivos
del teatro costumbrista cubano de todos los tiempos,
Raúl de Cárdenas ha hecho de su labor
teatral una continua revelación de las inquietudes
y preocupaciones de los cubanos de su tiempo. El humor
más refinado y "criollo", y las situaciones
más sensibles de los últimos 40 años
son los ingredientes básicos de sus obras.
Este año se cumplen cuatro
décadas del estreno de su primera pieza, La
Palangana. En septiembre se cumplen también
40 años de su salida definitiva de Cuba. Representado
por conocidas compañías teatrales e
incluido en importantes antologías, De Cárdenas
no perdió en su largo exilio las raíces
y el sabor propios de la realidad que refleja su quehacer
teatral.
Desde el Puerto Rican Traveling Theater
de Nueva York, dirigido por Miriam Colón, hasta
la Fundación Bilingüe de las Artes y el
grupo Havanafama de Los Angeles, así como la
Sociedad Pro-Arte Grateli de Miami, se han preocupado
por escenificar las piezas que han fluido de su cubanísima
imaginación.
En esta entrevista concedida a CONTACTO
Magazine, De Cárdenas expone su visión
del teatro costumbrista cubano, de los autores de
la diáspora y del teatro hispano de Estados
Unidos, de esta manera:
- ¿Que significa el teatro
costumbrista cubano?
- Significa nuestro cubanismo. El
teatro costumbrista cubano adquiere una vital importancia,
especialmente en las últimas cuatro décadas
de exilio. Existe una necesidad emocional y espiritual
de salvaguardar nuestras tradiciones, nuestra forma
de ser, nuestra idiosincracia, frente a una vida en
un mundo de idioma y tradiciones diferentes. Corremos
el peligro de envejecer, ser absorbidos por el país
que nos dio refugio y perder nuestras raíces
en un inconsciente proceso de adaptación. La
necesidad de integrarse a la nueva vida y adoptar
nuevas costumbres tiene tal fuerza que hace peligrar
nuestra propia identidad.
Por otra parte, el factor nostalgia
es un componente primordial, si se quiere, romántico,
en la reconstrucción de nuestras vidas. Venimos
de un pasado imperfecto que en el exilio idealizamos
y la escena costumbrista es el vehículo adecuado
para canalizar esas imágenes. Muchas veces
se trata de piezas sentimentales, llenas de gracia,
fijadas especialmente en un cubanismo rico y variado
en su gama de matices, como el español y el
negro, mezclados con armonía.
El teatro costumbrista cubano es el
indispensable sostén de nuestras vidas frente
al pesimismo que a veces nos abruma tan lejos de nuestra
patria.
- Dentro y fuera de Cuba el llamado
teatro costumbrista cubano apenas se pone en escena.
¿Por qué ocurre esto?
- El teatro costumbrista dentro de
la Isla tuvo definitivamente una motivación
ideológica, de acuerdo con los cánones
del régimen. Hubo un momento, una necesidad,
para adoctrinar a las masas, de criticar y desprestigiar
el pasado republicano, la sociedad burguesa esclerosada
causa de todos los males del país.Y eso ha
quedado atrás porque ya no es tan necesario.
Si se analiza el teatro escrito por los mejores dramaturgos
costumbristas que aún residen en Cuba, como
Héctor Quintero, Abelardo Estorino, Nicolás
Dorr o Abrahan Rodríguez, se descubre en los
textos un constante vituperio a lo que fue Cuba antes
del castrismo. El surgimiento de un neo-costumbrismo
en Cuba implicaría la crítica, la ironía,
la reflexión, la mirada a una sociedad decepcionada
y eso no es permisible en Cuba.
En el exilio la mayor dificultad está
en la miopía de los productores que no se han
aventurado a descubrir la riqueza del teatro costumbrista
escrito fuera de Cuba. Si repasamos la cartelera teatral
de Miami, ciudad donde se concentra el mayor número
de cubanos, vemos que lo que abunda es el teatro bufo,
el sainete, y los espectáculos de variedades.
Obras inspiradas en los titulares del momento, sin
otra preocupación que buscar el chiste a toda
costa. El teatro, ya sea drama o comedia, necesita
de una visión, de imaginación, y al
parecer no hay muchos interesados en hacer esa inversión.
- Los criticos teatrales tienden a
hacer una división entre el teatro de entretenimiento
y el teatro de ideas, cómo ocurre con casi
todas las obras de arte. ¿A cuál de
estos dos mundos pertenece el teatro de Raúl
de Cárdenas?
-Yo creo que a ambos. Después
de un breve comienzo en Cuba, al llegar a los Estados
Unidos, sin tener en mente una dirección predeterminada,
mi teatro comenzó a renacer en la nostalgia
que sentía. Los recuerdos que por tanto tiempo
permanecieron embotellados se convirtieron en la fuente
de mi inspiración dando paso a un teatro netamente
costumbrista. De esta segunda y más larga etapa
de mi vida como dramaturgo surgen, entre otras, comedias
como "El Barbero de Mantilla", "Díle
a Fragancia que yo la quiero", "Aquí
no se baila el danzón", y la trilogía
de las hermanas Carbonell.
Sin embargo, fue imperativo que no
descartara otras ideas, quizás más serias
e importantes. En este grupo debo mencionar "Un
hombre al amanecer", que evoca la figura de nuestro
Apóstol José Martí; el docudrama
"Las sombras no se olvidan", que versa sobre
la vida del Dr. Alberto Fibla, quien sufrió
26 años de prisión política en
Cuba; "Los hijos de Ochún", que narra
la tragedia de Playa Girón; y "Recuerdos
de familia", que trata sobre un período
decisivo de la historia de Cuba, 1944-1960.
- Su teatro, como el de casi todos
los autores cubanos que han abandonado Cuba, no se
representa en la isla. ¿Por qué sucede
esto?
- Fidel Castro, hace casi cuatro décadas,
dijo en su famoso discurso a los intelectuales cubanos,
"dentro de la revolucion, todo; fuera de la revolucion,
nada". Obviamente, yo estoy física, ideológica
y espiritualmente fuera de la revolución. Si
una obra mía se llegase a escenificar en Cuba,
eso significaría que Cuba habría recuperado
su libertad artística. En 1992 el Hispanic
Research Center de la Universidad Estatal de Arizona
publicó en inglés una antología
de "Teatro Cubano en los Estados Unidos"
donde se enumera una lista parcial de más de
50 dramaturgos residentes en este país. La
mayoría de esos escritores no se conocen en
Cuba. No existen. El régimen ha intentado monopolizar
la cultura cubana sin darle reconocimiento a todos
los que escribimos fuera de la Isla. Hoy en día,
algunos intelectuales en los Estados Unidos pretenden
llevar a cabo un intercambio cultural entre los dos
países, el llamado "diálogo de
las dos orillas". Pero la falta de la libre expresión
en Cuba hace que este diálogo sea simplemente
un monólogo.
-¿Por qué hay tan poco
teatro en español en Estados Unidos?
-A pesar que el teatro es un fenómeno
vital, social e histórico, con una gran tradición
en todos los países de la América Latina,
el público hispano no ha sabido captar su trascendencia
en los Estados Unidos. Aunque el idioma es sin duda
el común denominador de nuestra cultura, y
el censo norteamericano ha intentado unificarnos bajo
el término de "hispanos", creo que
el regionalismo que heredamos de España nos
define y separa, y muchas veces mostramos poco conocimiento
e interés en nuestros propios hermanos.
La televisión en español,
con su mediocre cargamento de telenovelas y programas
copiados de la televisión estadounidense, ha
tenido un nefasto impacto cultural en nuestra comunidad.
Se ha creado un público de "living room",
enviciado en la cursilería por capítulos
que se transmite todas las noches, que no tiene interés
en descubrir algo un poco más interesante y
original.
Se ha revestido al teatro de una máscara
elitista, como si fuese para unos pocos, y se le teme
como algo raro y extraño. En realidad es todo
lo contrario, porque el teatro es dinámico
y vivaz, es un pedazo de nuestro corazón entre
bambalinas, luces y bastidores.
Fuente:
CONTACTO Magazine
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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