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Un enredo
entretenido
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Desde el momento
en que el espectador se fija en el decorado
de ¿Dónde está el tenor?,
el reciente estreno del Hispanic Theater Guild
en el Teatro 8, se da cuenta de que esas seis
puertas que aparecen en fila en la suite de
un hotel tendrán un significado esencial.
Efectivamente, serán
las que sirvan al entra y sale de personajes
encargados de armar el despelote en esta farsa
de Ken Ludwig, estrenada en Londres antes de
llegar a Broadway en 1989. Una farsa al típico
estilo de la comedia de enredos, con sus consabidos
elementos de fondo y forma: equívocos,
tergiversaciones, malos entendidos, usurpación
de identidades y sus indispensables toques sexys. |

Lourdes Simón |
Para hacer este tipo de comedia
es imprescindible un gran ritmo, y el director, Marcos
Casanova, lo logra con un constante movimiento y acción
vertiginosa que los intérpretes captan muy bien.
La compañía que presenta
el Otelo, de Verdi, en el Cleveland de los años
30, se vale de un ardid para sustituir al famoso tenor
italiano que, víctima de sus excesos, no puede
hacer la función. Eso desencadena una serie
de líos que revelan la tónica de una
compañía teatral, con los tejemanejes
del empresario ansioso, el ingenuo aspirante a cantante,
la jovencita soñadora y fanática de
estrellas, la artista trepadora y el gran tenor mujeriego
y decadente.
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La versión
de Casanova traspone la acción de Cleveland
a Tampa, pero aparentemente mantiene intactos
los personajes y situaciones. Los primeros minutos
son tediosos y asustan, pero una vez que aparece
la pareja de ''italianos'' --el famoso tenor
y su esposa-- la escena sube el tono.
Gonzalo Madurga es un actor
de peso que aquí muestra su faceta de
comediante. En el papel del tenor Tito Merelli,
habla un italiano chapurreado y sostiene magníficamente
un personaje abatido, al borde del colapso,
que provoca risa tan sólo de mirarlo. |
El joven Claudio Giudice es su contrapartida
y sale triunfante en esta segunda aparición
teatral (la primera fue en La Lechuga) con mucha gracia
y seguridad escénica. Su caracterización
de muchacho tímido y despistado lo hace irreconocible.
Los dos actores como dos Otelos de
caras embadurnadas y peluquines rizados, son el eje
del enredo. Sólo que Madurga y Giudice son
tan diametralmente opuestos en apariencia física
que jamás se puede creer que todo el mundo
los confunda.
Casanova interpreta
al agitado empresario con un nerviosimo útil
al papel; Lourdes Simón encarna a la
furibunda esposa del tenor con una fuerza de
italiana de pueblo y hace una buena caracterización
con peinado y vestuario de la época.
Los avances seductores de Gladys
Cáceres, como la directora de la junta
operística, son simpáticos; y
Hugo García, en el papel de botones entrometido,
crea un personaje amanerado y zafio que, aunque
se inclina al astracán, resulta gracioso.
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En la obra se escuchan algunas selecciones
operísticas, pero no vayan a creerse que se
trata de una comedia musical ni de una ópera
ya que las selecciones son brevísimas, sólo
esbozadas con el propósito de apoyar algunas
escenas. Se trata de un enredo para pasar el rato.
Photos:
Ernesto Garcia
Fuente: El
Nuevo Herald
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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