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Alfonso Armada:
«Mi teatro, en general, es bastante incómodo
y turbador»
SUSAÑA GAVIÑA
MADRID. Después de cinco años
de silencio, Alfonso Armada estrena el martes en la
sala Cuarta Pared de Madrid, dentro de Escena Contemporánea,
«Los niños no pueden hacer nada por los
muertos», una obra sobre la inmigración
y un alegato contra la indiferencia, dirigida por
Maite Aguirre
Dramaturgo, poeta, corresponsal de
guerra, Alfonso Armada tiene multiples aristas creadoras.
Una de ellas, la teatral, llevaba un lustro adormecida,
«un poco a raíz de la desaparición
de la compañía teatral Koyaanisqatsi»,
confiesa el autor gallego (Vigo, 1958). Después
de poner sobre un escenario obras como «Sin
maldita esperanza», donde habla sobre la guerra
de Bosnia, o «El alma de los objetos»,
en contra del capitalismo y la mercantilización
del ser humano, Armada vuelve ahora con un texto donde
aborda el sufrimiento de los emigrantes hacinados
en el contenedor de un barco. Páginas duras,
claustrofóbicas, que consiguen desvelar las
conciencias dormidas en el sueño de indiferencia.
-¿Cómo surgió
«Los niños no pueden hacer nada por los
muertos»?
-Quería escribir una obra aquí,
en Estados Unidos, pero no sabía muy bien sobre
qué ni cómo. Entonces empecé
a ver noticias de inmigrantes muertos, sobre todo
dentro de contenedores. En concreto recuerdo un caso
de un grupo de inmigrantes chinos encontrados en un
contenedor en Seattle, y al abrirlo los vieron en
posturas atroces, de angustia, transmitiendo lo que
habían sido sus últimas horas... Entonces
pensé que quizá ahí había
una obra de teatro. A partir de eso, me dediqué
a recoger todo lo que veía en los periódicos
sobre casos de inmigrantes que habían muerto
intentando llegar a la parte rica del mundo. También
me influyeron lecturas de Kenzaburo Oé, como
su novela «Arrancad la semillas, fusilad a los
niños», del que tomé el título.
-¿Existe alguna relación
con su obra teatral anterior?
-Yo pensaba que no, pero hablando
con Julián López Montero, un actor con
el que he trabajado mucho, me dijo que veía
una relación muy estrecha con las dos anteriores.
Que era como la tercera parte de una trilogía.
Y quizá sí hay una especie de hilo conductor
entre «Sin maldita esperanza», «El
alma de los objetos» y esta obra. Pueden ser
tres visiones sobre la desesperanza y el capitalismo.
-Desde luego que en esta última
hay una absoluta falta de esperanza. Es un viaje en
constantes oscuridad cuyo único destino es
la muerte...
-Sí, realmente es atroz. No
le deja muchas salidas al espectador. La verdad es
que mi teatro, en general, es bastante incómodo
y turbador. Por la experiencia anterior de mis otras
dos obras, los espectadores después de verlas
pasaban mucho tiempo enfervorecido discutiendo sobre
lo que había visto. Eso es quizá lo
que busco con mi teatro. Creo que hay tantas vías
de escape, de autoengaño, en nuestra sociedad
que con mi teatro quiero provocar todo lo contrario,
como un contrapeso. Aunque realmente no sirve para
nada, porque la influencia del teatro en nuestra sociedad
es muy reducida, sobre todo en España.
-La sensación claustrofóbica
en los contenedores nos puede traer a la memoria los
trenes repletos de judíos con destino a las
cámaras de gas...
-No lo he hecho de manera consciente
pero sí puede existir cierta concomitancia,
aunque aquí en principio los inmigrantes asumen
voluntariamente este viaje. Sin embargo, el maltrato
que reciben después de quienes les trasporta
es terrible.
-El hombre parece no aprender de sus
errores y se vuelve a repetir el maltrato hacia el
ser humano de segunda clase.
-Sí, es una especie de deshumanización
absoluta, de considerarlo como ganado, de quitarle
los rasgos, la identidad, de convertirlos en mercancia.
Una tendencias tanto del capitalismo, que convierte
a los seres humanos en mercancias y les extrae un
beneficio, como de los grandes inventos fracasados
del siglo XX, como fue la Unión Soviética.
-Usted concluyó esta obra ante
de los sucesos del 11-S, del hundimiento del «Prestige»,
y del conflicto con Irak. Si se planteara escribir
ahora otra obra teatral sobre cuál de estos
temas se centraría.
-Tengo varias ideas, me imagino que
no directamente influidas por estos temas de actualidad.
Una de ellas es sobre la inmigración porque
tengo una buena amiga actriz, Anne Serrano, que me
ha pedido un texto. Sería un monólogo
sobre una inmigrante y una maleta. También,
a cuenta del «Prestige», hice una especie
de esperpento, muy breve, me pidieron en Galicia para
un libro que se va a publicar sobre la marea negra.
Curiosamente le busque un nexo de unión con
la guerra y, de hecho, se llama «Marea negra
en la Casablanca». Es una especie de convite
en el que participan altos mandatarios del mundo -Bush,
Aznar, Blair, Bin Laden...-. Es una obra muy irreverente,
una especie de gran guiñol o esperpento, que
resulta útil para transmitir una realidad que
es difícil de creer.
Fuente:
ABC.es
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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