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La fiesta
de la perversidad
JOAN-ANTON BENACH
| La crítica
furiosa y la ironía, el sarcasmo y la severidad
suelen producir un combinado de alta graduación
espirituosa en muchas piezas teatrales de David
Mamet (1947). Y sobre el escenario, esos varios
acentos pueden revelar las múltiples formas
de manifestarse que adopta la tragicomedia cotidiana.
“Perversitat sexual a Chicago” se
presta a dicho enfoque oscilante. Hace unos años,
un muy estimable montaje de Jordi Mesalles subrayaba,
creo recordar, la violencia subyacente en el texto
y la extrema mala uva que circulaba por los diálogos
de la doble pareja protagonista, dos chicos y
dos chicas. |
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Los jóvenes de Mendax
Teatre se inclinan por una visión muy sarcástica
y aparentemente frívola de la pieza de Mamet,
sin que por ello ésta se vea desposeída
de su fuerza provocadora. En “Perversitat...”,
el autor se burla de forma estentórea de los
roles, social y culturalmente adjudicados a los actores
de la relación heterosexual. E implícitamente,
por extensión, arremete contra los tópicos
del sexo débil y el sexo fuerte.
Con “American Buffalo”,
“Sexual perversity” hizo furor en el “off-off”
Broadway de los setenta, con lo cual está claro
que la crítica de Mamet aparece con la pátina
de un cuarto de siglo, muy fértil en asuntos
relacionados con la emancipación femenina.
Decir, por tanto, que en “Perversitat...”
las mujeres son las “vencedoras” desde
todos los puntos de vista no es hablar de un reclamo
especialmente original.
La originalidad, el vigor, la fuerza
del texto, está en el léxico, en la
propia escritura –ya que no en la “tesis”–
y en la capacidad que ésta tiene para sugerir
un montaje divertido y vibrante.
El director de Mendax Teatre, Abel
Coll, alcanza plenamente este objetivo. Desde el prólogo
onanista, que anticipa un primer fracaso en las relaciones
sexuales, hasta el final de la playa, con los dos
hombres convertidos en dos patéticos y solitarios
“voyeurs”, la obra muestra una frescura
y vivacidad considerables. Tocada por una algarabía
juvenil, la representación es una fiesta. La
última Mostra de Teatre de Barcelona otorgó
al espectáculo de Mendax tres premios: el especial
del público, el del mejor espectáculo
y el del mejor actor, para Agustí Sanllheí.
En un papel de presuntuoso fantoche, Sanllheí
se luce, ciertamente, con la seguridad y desempacho
de un gran profesional. Con el resto de los actuantes
Mendax Teatre acredita méritos para integrarse
en el circuito profesional.
Fuente:
La Vanguardia
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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