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TEATROBSTACULO
ESTA EN MIAMI
por Ernesto Fundora
Hablar
de la obra de Victor Varela y de su Teatro Obstáculo
impone antes que todo una responsabilidad gnoseológica.
Por fin los años 80’s y 90’s
cubanos obtuvieron el privilegio de un dramaturgo
y director que planteara el hecho teatral como
un proceso de conocimiento, donde el actor y
el espectador debían acometer las travesías
de un iniciado, o en su defecto, permitirse
la posibilidad de ser expuestos a un acto de
iluminación, para no decir que a un alumbramiento,
un renacer. |
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Una poética teatral nacida
en Cuba bajo el signo de la precariedad y la angustia
desfachatada de la isla, no podía ser otra
cosa que una poética del obstáculo,
aquello que genera un posible imposible ,una negación
de si mismo, una respuesta que pregunta, otro salto
al vacío.
Su primera obra maestra, La cuarta
pared, cambió drásticamente el estatus
quo de la escena y del lunetario cubano. Porque Víctor
no solo es un director que impone transformaciones
en el escenario sino que apela a una reformación
del espectador y de sus coordenadas perceptivas, reacomodándolo
y refuncionalizándolo ante ese rito mágico
y paradójico que significa representar un texto
imposible. Esta obra no solo fue una trasgresión
porque el personaje protagonista se arriesgaba a romper
los limites entre su ficción y la realidad
o porque nos hacia consciente de la existencia de
una cuarta pared, un espacio sectario que provoca
un a no lugar, sino porque además derrumbó
los muros que la razón colectiva le imponía
a ciertos tópicos de la realidad cubana y global.
Por ejemplo sobresalía en la obra una preocupación
por los discursos y diálogos de poder, tema
que ha seguido siendo una obsesión en su teatro.
Fue, en mi caso, la primera vez que una obra me incitó
a pensar o a tratar de cuestionarme el espacio escénico
como un espacio-mente, esa entidad mediadora entre
el sujeto y la realidad (¿ irreal?) intuido
por Víctor como una interfase, un Matrix que
aglutina o almacena enésimas representaciones,
algo que recordaba el mundo de las ideas platónicas
pero mostrado esta vez desde una óptica mas
conflictuada y de ordenamiento caótico, dionisiaco,
un lugar otro en el que hacemos a la vez de amo y
de esclavo, de jefe y de súbdito. Aquella obra
surgida en un cuartucho de solar habanero en el barrio
del Vedado, puso en jaque a los defensores de una
tradición clásica que solo reconocían
dos posibles modelos dramáticos: la identidad
hipnótica del espectador (tradición
greco-francesa) o la sospechosa distancia creada por
el alemán Bertolt Brecht. Me atrevería
a opinar que La cuarta pared, es una obra que significa
un punto de giro, salto y ruptura en la historia de
la teatralidad de Hispanoamérica, consolidando
los intentos efímeros de crear un teatro de
pensamiento desde la extraverbalidad.
Víctor fue y es, a su manera
muy particular, un heredero de las vanguardias teatrales
más importantes del siglo XX. Las resonancias
de Artaud, Beckett,Tadeuz Kantor, Pina Baush, Grotovsky,
Bob Wilson, Richard Foreman, Müller, etc. maniobraron
un universo conceptualizador que define ,hace legitimo
y agiganta sus construcciones en el espacio escénico,
un espacio creado para un protagonista que hace de
actor aparentemente invisible: el obstáculo.
Pero como todo buen vanguardista Víctor también
reacciona, abriéndose camino hacia las arenas
movedizas de la post vanguardia, revisando constantemente
y a menudo negando sus modelos inspiradores. Atrevido
e iconoclasta ha creado un sistema o poética
flexible, de certidumbres difusas, donde una vez logradas
las confirmaciones, vuelve a nacer la duda, algo que
pone en crisis todo automatismo de gravedad pragmática
lo mismo en el actor que en el espectador, convocados
ambos a improvisar un pass de deux sobre la cuerda
floja. Sin embargo, esta posición de dialéctico
cuestionamiento de sus axiomas no excluye la existencia
y solidez de su método como sistema o brújula
en sus travesías. En primera instancia Teatrobstaculo
habla de una obra en suspensión. El verdadero
espectáculo no está ni en la puesta
en escena ni en el espectador, sino en “una
estrella común que espectador y actor iluminan
juntos” a decir de Víctor. Uno solo de
ellos seria incompetente para iluminarla; ambos deben
actuar. Ni se identifican absolutamente, ni se distancian
engendrando la extrañeza , o quizás
apelan y transitan ambas estrategias pero con un plus,
un algo más, una otredad nacida de la simbiosis
puesto que espectador y actor hacen de coautores del
espectáculo. De ahí la suspensión
como abandono del peso, como levitación o acceso
a otra esfera, a un espacio de comunión por
medio de lo sensible. Su teatro es un ejercicio genocida
contra las malas costumbres de la razón, las
posturas acomodaticias que muchas veces funcionan
como vasos comunicantes entre la emoción y
la Aesthesis( las sensaciones), esas otras herramientas
del saber que solo las artes sutiles y el gran teatro,
transmutan en reflexión y en acto de conocimiento.
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De su etapa en Cuba
recuerdo vivamente “La opera ciega”,
una obra polifónica con atisbos de hipertexto
donde Víctor maneja la imposibilidad de
captar y volver a presentar en escena (representar),
ese momento o estallido de las ideas en la mente
de un director previo al acto de escrituración
de la obra; momento de evolución perpetua
que nos hace pensar en “lo imposible”
por su inquietud y difícil aprehensibilidad.
A pesar de los años transcurridos desde
que vi esta obra, todavía retengo una frase
de uno de sus personajes donde exponía
la noción del pensamiento como una herida,
postura postmoderna de salida u oposición
a la razón clásica que también
subyace en la temática de casi todas sus
obras. |
Alguna vez Víctor me confesó
haber tomado como referente inspirador la obra de
Pirandello “Seis personajes en busca de un autor”,
de la cual había quedado deslumbrado con la
tesis del teatro dentro del teatro y de los personajes
anárquicos preocupados por hablar con el autor
con el propósito de que éste les concibiera
un texto. La idea de “La opera ciega”
de hacer un espejo escénico donde rebota la
inspiración- ese momento efímero del
autor-se me antoja como parábola del tema de
las utopías y los diálogos de poder
, asuntos que de alguna manera estaban en la mesa
de las discusiones sociales e ideológicas de
aquel momento cubano y global. Pero hasta para referir
lo contingente su teatro se vale de la sofisticación,
se sumerge como buzo en las tercas profundidades,
rehúsa los barnices. Cada uno de sus textos
y puestas en escena ha ido ganando una madurez sorprendente,
debatiéndose entre el delirio coral y la concisión
unipersonal. Por un lado somos testigos de exuberantes
ideas que lindan con lo barroco y por el otro, reconocemos
el compactado casi minimalista en la partitura secreta
y en la minuciosidad con que se ha construido la estructura,
tanto de la obra como la de los personajes.
Ya para finales del año 1990
regresando de una exitosa gira por Rusia, Teatrobstáculo
tenía guarida en el edificio de la otrora Logia
Masónica de Cuba en la Avenida Ayesterán.
Allí pude ver, además de “La opera
Ciega”, una nueva obra que se preocupaba por
reflexionar acerca de el vacío: “Segismundo
y el Marqués” .Era el inicio de un nuevo
camino .Llamaba la atención que alguien nacido
en los contornos del horror vacui y de la grandilocuencia
inclusiva sembrada en nuestra sensibilidad por el
barroquismo pre y poshispánico, sintiera simpatía
por la ausencia , el vacío. Víctor Varela
empezaba un proceso de acercamiento a la cultura asiática
, específicamente a la japonesa, de la cual
se sienten los efluvios y emanaciones en sus obra
mas recientes como es el caso de “Aplaude con
una mano”. Este titulo significa un Koam, es
decir, un sistema de enseñanza japones, una
pregunta que el maestro hace al discípulo y
que este debe responder correctamente. El maestro
ha sembrado un cerezo y debe ocuparse de cuidarlo
hasta que el alumno encuentre la respuesta. Como premio
a su hallazgo, el alumno recibirá las frutas
del cerezo.
Desde su primera obra Víctor
llamo la atención de la crítica y espectadores
quienes se sorprendían de esa capacidad que
tenía su teatro de despojarlos de la posibilidad
del aplauso. Resultaba curioso que siendo Cuba una
cultura de la extroversión donde no existían
antecedentes del no aplauso, ahora este mismo aplauso
celebrativo se convirtiera en una profanación
de la obra, o de la vida real , dado el caso de que
los personajes burlaban las distancias con el actor
y se representaban a si mismos. Tal era la conmoción
del publico que al final de la obra uno se quedaba
estupefacto sin poder decidir qué hacer. Esto
, lejos de ser un talón de Aquiles en su trabajo
, es uno de sus grandes hallazgos temáticos
y conceptuales. “Aplaude con una mano”
impone al espectador una postura irónica de
quiebre. La coacción por medio del silencio
anula la libertad histórica que desde siempre
ha tenido el espectador para expresar su aprobación
, elogio, gratificación y euforia en el momento
de percibir el acto estético del teatro, apelando
a “ese único gesto que lo hace presente:
el aplauso; una acción a la vez individual
y colectiva” con la que Víctor nos confronta
valiéndose de una atmósfera feudal a
la usanza japonesa, finísimo homenaje al teatro
Kabuki , decodificándolo sin panegíricos
tardíos ni visos antropológicos. En
esta obra se hace evidente la preocupación
de Teatrobstáculo por el cuerpo externo e interno
del actor y a veces del espectador, aspecto que lo
hermana con la cultura japonesa y con su tradición
filosófica. Recientemente esta obra participo
en el Primer Festival Internacional de Teatro Hispano
en la Ciudad de Los Ángeles atiborrando las
salas en todas sus funciones y ganando el elogio de
la critica y de los espectadores, quienes la reconocieron
como lo mas sobresaliente del evento.
Debo hacer un paréntesis y
desistir del rigor cronológico para hablar
de la ultima obra de Teatrobstaculo montada en Cuba:
El arca. Si fuera posible enmarcarla en una tipología
dramática diríamos que se trata de una
comedia delirante. Con la experiencia de “Segismundo
y el Marques”, Víctor había percibido
una inclinación o propensión al extremismo
elitario en el publico que lo coreaba. Decidido a
romper con esto se propuso una obra que atrapara la
atención y el interés de un publico
más amplio. Así nace El arca, de las
raíces propias de nuestra circuncisión
histórica, obra exquisitamente cubana escrita
a partir de un gusto suspicaz por lo nacional, cernida
de lo insulso cotidiano gracias a la ironía.
La fábula comienza con la caída del
Bloque Socialista. Noé decide construir un
arca para salvaguardar los valores del sistema. Los
elegidos son: una pionera que todo el tiempo pregunta
qué quiere ser cuando sea grande. Cocó
y Sebastián: dos personajes que se odian tanto
que quieren hacer una ceremonia nupcial celebrativa
para despedazarse; los dos encarnan “la crisis
política de la pareja como consecuencia de
la opresividad del sistema”. Sur, una extranjera
devenida arca –nauta quien ha emprendido la
búsqueda del joven Uzbel para ofrecerle la
luna de sus ojos como único sitio cósmico
seguro. En medio de una crisis de pertenencia con
respecto a su lugar de origen Uzbel sueña o
tiene la utopía de destruir el arca, un estado
de ánimo desesperado frente al mundo que lo
lleva a la desesperanza de renunciar a cualquier lugar
civil, recomenzando su vida como oso polar , no como
hombre, en Groenlandia, lugar inhóspito donde
poder refundar una nueva historia ajena a todo comportamiento
humano. Lo demás fue un entusiasmo, la euforia
que provoca la risa inteligente, esa carcajada silenciosa
y cómplice del espectador cuando se sabe aludido
y revisado.
| Antes de establecerse
en Miami Teatrobstáculo se había
exiliado en Argentina(1996-2002) Allí aparece
Biblis , una obra que se reapropia del espectáculo
contemporáneo, del mundo de la pasarela
y la multimedia, con un discurso homogéneo
de dudosa pluralidad, para cuestionar los arquetipos
del orden postmoderno. Por medio de la idea del
culto al cuerpo físico tan publicitado
en nuestra era a través de la cultura mass
media, el autor nos convida a desentrañar
la relación de interdependencia y sinonimia
que existe entre el contenido (el fondo) y la
forma (la exterioridad). Sospecho que se trata
de un proyecto en proceso de maduración
que obedece a la propia confrontación del
autor con esta temática, a la que se ha
visto expuesto en ciudades como Buenos Aires ,también
Miami, donde el individuo manifiesta una axiología
de la corporeidad que protagoniza por encima de
la solidez de sus andamios interiores o acervo
espiritual. |
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A la vez, esta obra-taller le permitió
a Víctor acometer su proyecto pedagógico
de entrenar y formar actores desarrollando el perfil
de una academia basada en su propio método
y experiencia.
Ahora esta en Miami, en el Design
Distritc ,intentando como siempre, aprovecharse de
los obstáculos para tejer su teatro. Lo acompaña
su gran actriz fundadora e inseparable amuleto Bárbara
Barrientos, quizás una de las tres mejores
con que cuenta el teatro contemporáneo mundial,
y la prueba más contundente que tiene Víctor
Varela de la eficacia de su método en la formación
y el desarrollo del actor. En estos momentos reponen
Monodrama cuarta pared, una puesta donde la actriz
se despoja, o intenta hacerlo, de sus propios límites
como entidad física y espiritual. Entabla una
lucha enconada consigo misma ,discute con sus memorias,
su emocionalidad, sus déficit , excesos, angustias,
frustraciones, su inocencia perdida y emancipada por
medio de un ejercicio donde construye un personaje
a partir de su propia personalidad vivencial. La actriz
se representa a si misma, se cita a si misma intertextualmente,
hace uso y abuso de su agudeza como ser y como obstáculo
de su propio ser. Como en el jazz hay una variación
sobre un tema, el de La cuarta pared, pero en este
la improvisación ha sido estrictamente pautada
, y el drama en lugar de ser compartido entre varios
actores ahora lo acomete uno solo. Víctor sabe
que la preocupación por el grupo , la familia
, lo social y lo gremial ha sido desplazada en nuestra
época por la interrogante del individuo, el
sujeto con autonomía de si mismo, aislado intencionalmente.
Se trata de un cuerpo a cuerpo consigo misma y con
el espacio, al que yo llamaría intransferible.
La actriz desafía los limites de la cuarta
pared, pared imaginaria que la convención de
la cultura ha cementado durante siglos de tradición,
pared en el umbral del proscenio. Pero una vez que
experimenta y hace contacto físico con el otro
lado, con el espectador, ya no podrá ser la
misma, su punto de vista cambia , ha crecido, y aunque
regrese a escena, aunque introduzca a un espectador
cómplice, vanidoso y asustadizo en el espacio
de su delirio, ya ha provocado trastornos muy esenciales
en ella y en él. Ha ocurrido una colonización,
se ha abierto un camino del que ya no hay regreso,
sobre una geografía que parcializa la conducta.
La actriz entonces no se desnuda catárticamente
como hacia en La cuarta pared, ahora lo que deja al
desnudo es el monodrama de su individualidad, su alma
se despoja, se exorciza.
La metáfora de la lucha sostenida entre el
sujeto y un espacio intransferible esta planteada
en la escena en que la actriz intenta que el hijo
regrese al útero, travesía imposible.
No hay retorno. La actriz se enfrenta a un nuevo koam,
otra pregunta pertinaz del maestro. Como cuando por
salimos por primera vez de la isla, como los personajes
circulares de Esperando a Godot, como los de El Ángel
exterminador de Buñuel, como los primeros astronautas
que pisaron la luna, como en un viaje místico-astral.
Es la entrada triunfal al laberinto que luego se traduce
en el “lento paso del mulo sobre el abismo”.
Son los diálogos difíciles del homo
sapiens recordando que fue un reptil y que se apropia
de nuevos territorios. Un conflicto medular que toca
la sensibilidad de nuestro tiempo, “el justo
tiempo humano”. Tiempo de quitar la mordaza
y de cambiar las máscaras por antifaces más
fértiles.
Porque ,a no dudarlo, todas las obras
de este joven director y dramaturgo cubano son una
provocación amable, una invitación al
ejercicio riguroso del pensamiento desde una extraña
amenidad y reformulamiento estético. A veces
opaco , otras intimista y hermético, cargado
de referencialidades culturales, filosóficas
y literarias, Víctor Varela, ese aves raris
del teatro cubano y mundial, acomete cada uno de sus
trabajos teatrales como la profanación de una
quietud gnoseológica, como el sorteo a un obstáculo
por medio del cual dejamos de ser el animal inocente
de ayer y el hombre perplejo de siempre, aquel que
aún se pregunta quién es, con la menor
sospecha de saberlo pero sin perder la esperanza de
una remota intuición.
Es una bendición para la cultura
de Miami y para la oxigenación de su inteligencia
contar con el Teatrobstaculo. Ahora toca a la gente
y a las Instituciones culturales y académicas
de la ciudad tenderle una mano, brindarle un apoyo
del cual todos saldremos enriquecidos y nadie decepcionado.
TeatroenMiami.com
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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