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Cienfuegos
es la ciudad
Osvaldo Cano
El monólogo, luego de un floreciente
momento que se extendió desde el ocaso de los
80 hasta finales de la década siguiente, puede
revivir. Entre quienes se empeñan en lograr
tal cosa están los cienfuegueros. En esa cautivadora
ciudad, en medio de un imprevisible y ardiente febrero,
se celebró el primer Festival Nacional del
Monólogo Cubano y Premio Tomás Terry,
evento al cual fueron convocados todos aquellos creadores
que cumplieran el requisito de poder interpretar un
monólogo escrito por un autor cubano.
El mencionado requisito es, aunque
pueda no parecerlo, un reto. Sucede que no abundan
los textos “frescos” de este género.
Ello fue bien palpable para los concurrentes al certamen,
ya que, salvo escasas excepciones, los espectáculos
concursantes tienen en común el hecho de haber
sido estrenados hace algún tiempo. Esta resulta
una de las razones para apostar por la continuidad
del festival: en la medida en que esta competencia
sirva para estimular la producción de nuevos
textos que hablen con inteligencia y franqueza de
nuestro presente, la apuesta será ganada.
Varios de nuestros clásicos
del género se presentaron en la Perla del Sur,
entre ellos, Emelina Cundiamor (Teatro Caribeño),
defendida ahora por Monse Duany. La actriz, quien
fue dirigida por el propio autor, Eugenio Hernández
Espinosa, se afincó en los costados humorísticos
del peculiar personaje y logró también
buenos momentos en las zonas dramáticas. El
director, a partir de la inclusión de ritmos
de moda, trató de contemporizar el texto. Sin
embargo, debido a las coyunturas históricas,
en algunas escenas de Emelina... es evidente el paso
del tiempo.
Uno de los buenos momentos del festival
lo protagonizaron, con El enano en la botella, Mario
Guerra, Raúl Martín y Abilio Estévez,
en roles de actor, director y dramaturgo, respectivamente.
Guerra deleitó a la platea por la frescura,
simpatía y limpieza de su ejecución.
Al enfrentar a un personaje sicológicamente
complejo y lleno de contradicciones se crece, pues
hace de los problemas que el excelente texto de Estévez
plantea, un punto de apoyo para mostrar sus dotes.
A ello contribuye la calidad de una obra que revela
aspectos claves de nuestra realidad con humor, ironía
y vuelo; así como la imaginativa puesta que
realiza Martín a partir de este material.
Otra gratificante propuesta fue Esperando
a Odiseo. La misma corrió a cargo de Francisco
(Pancho) García, Miriam Lezcano y Alberto Pedro,
todos de Teatro Mío. García transmitió
los conflictos de Kiko Paloma definiendo muy bien
sus alegrías y desgarramientos. Lezcano realizó
una puesta en escena donde, además de conducir
al actor, se hizo patente su preocupación por
el resto de los elementos del espectáculo.
Mientras que el actor juega no solo con la tradición
literaria y teatral (La Odisea, Esperando a Godot),
sino también con nuestra realidad insular para
analizar zonas álgidas del presente.
Montajes como Kyrie Eleison (Teatro
del Espacio Interior) y Monólogos de una sola
pieza (Los Colines), nos hacen reflexionar sobre la
naturaleza misma del género. Resulta que en
ambos casos la opacidad de la fábula y la endeblez
del conflicto enturbian el resultado final. Lo mejor
de Kyrie... es la demostración del dominio
corporal y la elaboración de cadenas de movimientos
complejos que realiza Wilfredo Michel López.
En tanto que en Monólogos... sobresalió
la caracterización de Nelson Águila.
Otra invitación que adoleció de nitidez
en la fábula y de presupuestos de dirección
comprensibles es Oscar y su fantasma, escrita y dirigida
por Adriana Quesada.
Roberto Gacio, también conducido
por Raúl Martín, interpretó El
álbum. Entre lo más destacable del trabajo
del actor está el modo sobrio, sosegado, con
que asume el rol femenino del monólogo de Piñera.
De nuevo Martín consigue muy buen resultado
asumiendo un texto de su autor favorito. Gacio destacó
además la soledad de una criatura que vive
de espaldas a la realidad, refugiada en un mundo de
intrascendentes recuerdos.
De París un caballero fue la
invitación de José Antonio Alonso e
Irene Borges (Buendía). Entre sus méritos
están la síntesis, la precisión
y el sencillo encanto del montaje. Ellos asumieron,
también a dúo, la dramaturgia, y nos
ofrecen un texto evocador que analiza desde varias
perspectivas la peculiar personalidad del Caballero
de París. Alonso, en rol de actor, demostró
que talento y entrenamiento son dos excelentes aliados.
Dicho de otro modo: su ejecución brilló
porque encontró en todo momento el registro
justo, el ademán preciso, el tono adecuado.
Logros y deficiencias aparte, este
columnista saluda la iniciativa del Consejo Provincial
del las Artes Escénicas de Cienfuegos. El flamante
festival sureño puede y debe resultar un acicate
para los creadores del país. La existencia
de un espacio como este contribuirá a que el
género, hoy en un impasse, vuelva a tomar impulso.
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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